¡Siiiiii chicos! ¡Volvió el análisis de canciones infantiles!


¿Extrañaban nuestros análisis de canciones infantiles, chicos? ¿Se cansaron de ir a la escuela y no entender qué puta cantaba la gangosa de la maestra que te tocó este año, mis niños? ¿Movían la boca haciendo como que cantaban la canción porque, total, la mayoría de la clase ya la sabía, menos vos porque la rata de tu maestra no fue capaz de hacer fotocopias para todos y vos tuviste que compartirla con la bigotuda de tu compañerita, mis chicuelos? ¡Volvimos! Acá estamos para analizar las canciones que te hacen cantar en la escuelita, ahora sí las vas a entender pedacito de un limitado.
Dale, soltá esa tiza y no intentes hacer lo mismo que el tío, sacate eso de la nariz. Ponete los lentes cuatrojos y vichate esta cancioncita que hoy te traigo para vos, mi chiquitito.
Para ustedes y nada más que para ustedes, el análisis de La Farolera:
La Farolera tropezó, y en la calle se cayó…
Empecemos con una aclaración, estamos hablando de la época Colonial. Yo sé que todavía no avanzamos mucho de esa época a hoy, pero como que eso de faroleros ya no corre. La muchacha, llamémosle Raquel, ejerce el oficio de farolera, es decir, “enciende” los farole’ en la calle. Veremos si es cierto, veremos si no hay una metáfora escondida. Por lo pronto vemos que se pegó un tropezón.
Parece un poco obvio, si tropezó y nos basamos en la estadística, el 49% de las personas caen al suelo. Si es farolera y como se hace hincapié en ello, entonces se encontraba en su hábitat de trabajo: la calle, porque perfectamente se podría haber dicho “Raquel pelaba zanahorias y tropezó, y en la cocina se derrumbó”; y no. No me gustan las cosas obvias, acá hay gato encerrado.
Y al pasar por un cuartel, se enamoró de un Coronel…
Si nos quedamos en la chiquita “pasar por un cuartel” es normal en su trabajo, tenía que prender los faroles de la cuadra y bueno, tuvo que pasar. Ahora, el Coronel es de los rangos más altos en un ejército, ¿qué hacía en la calle para que la farolera justo al pasar lo viera? Empiezo a descreer totalmente. Acá esto tiene un cartel escrito por todos lados: la farolera no era farolera, era prostituta. No pasaba en frente al cuartel prendiendo los farole’, fue detenida como cualquier meretriz que trabaja en la calle y por mes termina dos o tres veces entre rejas. Es obvio, tantas veces terminó detenida que conoció al Coronel, y como todos sabemos, tuvo que “pagar” el precio de su oficio y de su libertad, conociendo un poco más a dicho Coronel, llamémosle Eduardo.
Eduardo era muy bueno con ella, se compadecía de tener que verla sacrificándose por su familia en la calle, vendiendo su cuerpo, y él siempre tenía que hablar con ella. Al principio sí, se aprovechó de su oficio y a cambio de la libertad la hizo pasar momentos difíciles, a los que ella ya estaba acostumbrada. Luego, con el tiempo se fue apiadando de Raquel y no la obligaba a tener sexo con él, simplemente la escuchaba. Y así ella fue enamorándose de Eduardo. Coronel pero humano.
Alcen las barreras para que pase la Farolera…
Esta parte de la canción me sugiere apuro, me sugiere a “ahí viene, ahí viene, rapidito abran las barreras y haganlá entrar”, y todos los botones en la puerta acelerados, apurando el paso porque algo pasaba, todos lo sabían menos Raquel, “la farolera”.
De la puerta al sol, pongo la escalera y enciendo el farol.
Lo que pensábamos, una terrible y trágica metáfora: la cosa se complicó con la relación que Raquel y Eduardo comenzaron a tener. Ella muy seguido acusaba de abuso a sus clientes para terminar en el cuartel todos los días y poder ver a Eduardo. Eduardo era casado y el rumor en la ciudad ya había circulado. Todos los escoberos, plumereros y demás faroleros ya se habían enterado del romance, y la vida pública –que ya había sido cuestionada en varias oportunidades por el Jorge Rial de época- de Eduardo corría peligro. Entonces… Lo que se suponía, había que terminar con la vida de Raquel, que se había vuelto una amenaza. Además… En el fondo Eduardo sabía que terminar con ella era la mayor muestra de amor que podía darle, ayudándola a terminar con la vida que estaba llevando.
(Es la foto más parecida que encontré a una prostituta de la época Colonial). Ahora cuando vayas a la escuela o cuando te agarren de gil y te toque disfrazarte de escobero en algún acto, vas a entender mejor cómo era la vida de estas personas. Soltá ese libro, dale, no te va servir cuando tengas que salir a robar billeteras o entrevistar sindicalistas.

Un poco de reflexión nunca está mal


No sé qué me está pasando, estoy escribiendo todos los días. Espero que sea bueno, por un lado me expreso aprovechando que el país de las hamburguesas todavía no sacó esa ley que –como quién dice- prohibiría todo lo que sea… Hacer algo. Por otro lado es malo, no tengo la cantidad de lectores que el New York Times, incluso menos que Ovación. Pero bueno, en esto de los apocalípticos e integrados siempre me consideré un apocalíptico. No caben dudas, soy la extinción de la raza humana en potencia.
Hace un tiempo tuve un montón de ideas: concursos de chistes que acerquen fans a la página de facebook, sortear premios como stickers o remeras. Todas cosas que ya tengo diseñadas y bien archivadas en las carpetas perfectamente ordenadas de mi computadora.
A veces siento que todo el mundo me lee o que mucha gente que quiero me lee. A veces ni mi propia pareja me lee, pero bueno, ella está para eso de Tinelli y todos los programas que giran en torno a la fuerza gravitatoria que emite el Bailando. Tá, de última perdonenlá, es buena gente después de todo. Como todo el mundo la está peleando para conseguir laburo en una competencia desleal donde saber cambiar pañales es la “experiencia” necesaria para entrar a trabajar. “Así es la vida” dijo el millonario de acá a la vuelta que cría dos caniches con rabia.
No me quería desviar de la conversación (mentira, estaba todo planeado, como ella ni me lee yo digo estas cosas). Un paréntesis: creo que no me favorece hablar de que tengo pareja, todas ustedes, mis admiradoras se sentirán muy desoladas en este momento (esto ya lo dije). Las comprendo, pero bueno, “así es la vida” dijo el almacenero de la otra cuadra.
Al final me desvié otra vez de la conversación, pero sabrán entenderme, en este país todo el tiempo tenemos que desviarnos de nuestro camino, ya sea en la relación estudios-mercado laboral o en la chiquita, desviarnos de calle porque están arreglando una. Al propósito de esto: ¿todo el tiempo van a arreglar calles? Nunca están bien, siempre las están arreglando.
Hablaba de esa sensación térmica que tengo todo el tiempo con mis lectores, ya sea en facebook o acá, en Twitter soy muy nuevo. En facebook tengo momentos que recibo gran cariño, gran aceptación, y acá estoy casi en una constante: la nada. Dos personas básicamente son asiduos lectores y me lo manifiestan comentando acá abajo. Pero siempre tendré la duda de cuál es la relación de entradas a la página con personas que definitivamente se toman un tiempito a leer. Espero que sea mayor a la cantidad de comentarios… Soy un soñador.
En temas bien polémicos tuve insultos, críticas y tremendos elogios (hoy me dijeron que tengo condiciones para letrista de murga, gracias che). Hace un tiempo que no hay temas demasiado polémicos, o hay temas que “no toco pito”, o simplemente escribo columnas que no tienen asidero ninguno.
Estoy muy reflexivo y eso no es lo que ustedes quieren, como de Juan Ramón Carrasco uno no espera que hable de fútbol sino de sí mismo.
Me encantaría saber qué recepción puedo llegar a tener si armo un concurso de humor, donde ustedes tengan la posibilidad de escribir lo que quieran, contar un chiste, mostrarnos una foto graciosa, lo que ustedes consideren que puede hacernos reír. La idea que tenía era que se vote mediante facebook para ser más justos, facebook es la red que más llegada tiene en los uruguayos. Me encantaría que participe gente de afuera del país, pero sería bastante bravo mandarles un premio.
Los premios son stickers y remeras. Tengo varios diseños de remeras pensados, aquí abajo les voy a dejar uno para ir haciendo boca. Me gustaría saber qué opinan, qué ganas tienen de que esto se lleve a cabo. Yo sé que es acariciar mi ego, y no es que quiera volver a citar a Juan Ramón Carrasco, pero JR sin los periodistas es como yo sin ustedes; que con un “me gusta”, con un comentario, con un retwitteo o lo que sea, me demuestran que están, que me quieren o que me leyeron (para el caso de los insultos que recibo).
Sí, es personal con esta gente lo mío. Ojo, por dinero uno… Bueno, ya saben. 

Carnaval para no carnavaleros, por un no carnavalero


No les voy a mentir, tengo la misma sensación que cuando estás en la parada y pasan todos los ómnibus de corrido y vos recién estás mirando los cartelitos y buscando el que te sirve. Lo mismo con el carnaval, gran costumbre uruguaya si las hay, que aún no me llegó a seducir.
Porque me preocupo por ustedes, mis queridos y carnavaleros lectores, decidí sentarme frente a la televisión anoche, en “la noche de los fallos”.
Les juro que miré los fallos hasta que terminó el de parodistas (más no me pidan, arrancó ese pedacito de la actuación de los ganadores y no soporté más). Sí, no tengo cómo comprobarlo, pero sentado en mi cama miraba la televisión y sacaba apuntes con mi celular sobre todo lo que veía. Si me habré esforzado por ustedes que la tecla del 7 estaba empecinada en hacerme la vida imposible pero yo no me rendía.
Ahora, día después, me siento en frente a la computadora para transcribir todos los apuntes y… Borré uno de esos “borradores” sin querer. No se imaginan la decepción.
Pero bueno, voy a hacer el esfuerzo, apuntalando mi memoria con una calibre 22.
No quedan dudas, el carnaval es la máxima expresión de la uruguayez. Nos engloba a todos como uruguayos, todo lo que es nuestro país es el carnaval. Empezando por las vestimentas a la moda de esos carnavaleros una vez bajados del escenario, son gente común, gente vestida a la moda… De principios de los 90’.
Claro, uno se enfrenta al televisor y ve esa cantidad de gente común pero sabe que para otra persona –carnavalera- representan glorias, sus ídolos, las personas que los hacen emocionar. Uno entiende todo esto, pero los ve mandar saludos al tío, a la tía, al primo, a la prima, al abuelo, al que no está (nunca falla), a la sobrina y a la hija de la amante del almacenero que ahora sale con la verdulera que antes estuvo casada con el que se sienta en la vereda a las siete… Y nos damos cuenta que en realidad son gente común.
Algo más uruguayo aún que el hecho de mandar saludos es la aglomeración de gente. Gente, gente por todos lados, muchísima gente.  Como en los ómnibus todos apretados pero besuqueándose y felicitándose en lugar de corriéndose de a poco hacia el fondo. Y otra cosa, ¿tanta gente integra una murga, parodistas o humoristas? Cada vez que los enfocaban en su lugar de concentración parecían un poco muchos, no sé, no me los imagino arriba del escenario a todos juntos. Parecían su mismo público, más que ellos mismos.
Los cantitos de hinchada dedicando la victoria quién sabe a quién. Porque como buenas hinchadas uruguayas no se entiende lo que cantan.
La madrugada, la trasnochada, algo bien uruguayo. Nada le gusta más al yorugua que madrugar y mamarse festejando que casi empatamos un partido si no fuera porque (y ya sirve de reserva moral) la pelota picó mal. Algo bien televisivo también, qué raro viniendo de VTV, canal que ha dado muestras de su inteligencia televisando más de una vez a Cerrito en el Estadio Centenario repleto (de butacas vaciás).
Si hay algo que es uruguayo es vincular todo con el fútbol. No digan que no, hay gente que se empecina en compararlo con la política. Nuestros campeonatos uruguayos supieron tener un Torneo Clasificatorio, un Uruguayo Especial, reglamentos comprensibles básicamente para personas superdotadas intelectualmente… Nada lejos de nuestro carnaval, donde te sacan puntos por no inscribir a tiempo un tecladista, por presentar mal calculado el centímetro cuadrado del papel glasé de los trajes o un chiste en “orsai”. Igualito a cuando el rival te pide los puntos porque el kinesiólogo se sentó en el banco de suplentes –y fue fundamental para la victoria- cuando no estaba inscripto.
Capítulo aparte para ese Excel de los puntajes, ¡me emocionó! Ah, no, es conjuntivitis. Mañana saco hora para el oculista, me rompieron los ojos con esos colores tan carnavaleros, pero poco televisivos.
También hay que decir las cosas no uruguayas que vi: la bandera preparada festejando el “1er premio en X categoría”. En la Copa América salió bien eso de la remerita con el 15. Esperemos que no se vuelva a repetir es lo que deseamos todos los que de verdad amamos al carnaval y a este país del asiento del ómnibus como máxima aspiración a la que puede llegar una persona en su vida.
Volviendo al horario: no me extrañaría que tengamos vendido los derechos televisivos a Japón o Australia. Capaz que el año que viene se los vendemos a Espn y vamos en horario central.
Una última observación: la inteligencia de nuestro pueblo –al igual que los que le escriben al facebook de Evra esperando respuesta- escriben cosas como esta: “hola coco para mi tuvo q ganar la margarita un saludo para todo”. Al propósito, eso de los mensajes de texto debajo de la pantalla me suena a condiciones impuestas por Tele Chat a la hora de ceder su horario, “¿cómo hace la gente para conocerse si no? Imaginate, tienen que salir a bailar o caminar por la rambla”.
Hace un rato me enteré que ganó La Trasnochada, no sé, no entiendo nada, pero para mí la imitación a Fabián O’Neill es de lo mejor que he visto en mi vida después de imaginarme al Chengue entrando a patotear senegaleses en su propio vestuario. 

Si te ponés a pensar es más pura que la que sale de la canilla, no te quejes tanto


Los días de lluvia son como los conocemos, agua que cae del cielo en mayor o menor medida, pero que jode como mosquito en una noche de verano.
A todos nos jode, al que vive en la calle, al que sube al ómnibus, al que tiene que bajarse de la 4x4 para abrir la cochera porque todavía no terminó de pagar el LCD de 60 pulgadas y no puede pagar un ppa, o al que tenía agendado salir a matar afganos.
Claro, ahora ustedes pensarán en la gente que tiene campo y cultiva la tierra; les contesto con un rotundo “no”, esa gente no se conformará con el agua caída o mostrará su descontento en algún canal local –de esos que son sucursales de los 4, 10 y 12 y que jamás limpian el lente de la cámara- porque cayó demasiada agua.
Con más gracia que la de Suárez y Forlán para actuar en publicidades uno tiene que revolverse para sobrellevar estos días. Con mayor dificultad aún si uno tiene que salir a la calle a hacer cosas.
Suena la alarma del celular (¿para qué un despertador a esta altura?), y luego de un par de puteadas al aire, diarias, protestando por el por qué de que los estudiantes universitarios no podemos viajar gratis en los ómnibus, uno se dispone a escuchar lo que pasa afuera, o lisa y llanamente mirar por la ventana.
No tengo ventanas que den a la calle, sí, sino se los expliqué en otra oportunidad se los cuento ahora: vivo en una especie de búnker de guerra. Por ende escuché el sonido ambiente que la naturaleza me ofrecía: una tormenta que se rajaba la tierra.
Al rato después –de haber seguido durmiendo- me desperté por diferentes circunstancias, emprendí mi camino gracias a la tregua que el tiempo me había dado, y llegué a destino; literalmente, me tomé un ómnibus y terminé en Plaza Independencia. Si se quiere, tomar un ómnibus fue una acertada decisión ya que no había un sol que rajara la tierra ni mucho menos, afuera todavía la amenaza estaba latente.
Cumplido el objetivo, dicho sea de paso la búsqueda de apartamento para salir de este búnker de mierda, decidí volver caminando. “¿Para qué?” es lo que hoy me consulto cada cinco minutos. Algo es cierto, comprobé que con esto del cambio de hora oscurece más temprano, eran las once y media de la mañana y ya se venía la noche.
El centro estaba minado de gente que caminaba más rápido que lo normal. Eso es decir mucho, muchísimo, me vi dentro de una maratón con mi paso de paseo dominguero constante (no es que yo camine lento, es que disfruto el paisaje). Como era de esperarse, llegué último en la carrera y a diez cuadras de mi casa recurrí a lo que muchos seres humanos solemos hacer cuando nos tapa el agua, ¿tomarse un taxi? No, justo hoy andaba sin el maletín con los fajos de dólares que llevo a cualquier lugar por si tengo que tomar un taxi, entonces decidí acobijarme debajo de un techo.
No me fumé un cigarro, porque no fumo, pero era una linda ocasión para hacerlo, le hubiese dado mucho glamour  a mi presencia debajo de ese techo mirando la lluvia pasar, o parar, que era lo que esperaba en realidad. Tampoco entablé diálogo con nadie, como mucha gente suele hacer, es que en una sola oportunidad alguien fue mi compañero de techo, y apenas cruzamos una mirada de “¿qué tiempo de mierda, no?”, y se ve que malinterpretó mi  mirada y entendió algo así como “no me vengas a romper las pelotas hablándome, ¿no ves que estoy escuchando a Darwin? Rajá de acá que yo llegué primero”, y se fue.
Está el que corre escapando de la lluvia (flaco, corras o no te vas a mojar igual); el que se tapa con el diario, con su propia mano o con la tapita del celular; el que lleva elegantemente su paraguas; el que va con paraguas pero lejos de la elegancia lo vemos en plena lucha buscando el ángulo perfecto para que el viento no se lo desarme; el suicida que se descalza; o mi favorito: el que camina como si nada.
Como no tenía ganas de mojar la poca ropa que tengo me detuve a observar y a disfrutar: el hijo de puta que acelera cuando hay un charco existe, y va en un Chevrolet negro, matrícula… Perdón el desliz.
Me sorprendió ver jóvenes debajo del paraguas caminando a poca distancia de una dama desprotegida, y que estos jóvenes no ofrecieran un lugar para cubrirse de la lluvia y así aprovechar una instancia para entablar diálogo, y -por qué no- pedirle la mano a la botija luego de semejante señal de romanticismo. Bueno, nunca lo hice, pero razonándolo debajo de ese techo mágico que me hacía caer pensamientos de todo lo que observaba, llegué a la conclusión de que esta gente está desaprovechando esa gran oportunidad que les da la lluvia. Después no digan que no les avisé, cuando terminen en el borde del suicidio y recorriendo a la última salida posible para encontrar pareja: escribir a Tele Chat.
Perdidas las esperanzas tuve que emprender viaje, unas cinco cuadras bajo lluvia me esperaban. Las afronté con total naturalidad, respiré hondo, la miré seria y comencé a caminar, un poco más rápido sí, pero nada de fruncir el seño en gesto amariconado de “ay cómo llueve”. Así de valiente llegué a mi casa, o búnker: mojado.
Y así transcurrió mi día, aprovechando a salir en los momentos en que cesaba la llovizna, pero jamás escapando de ella, cada vez que me bajaba de un ómnibus me encontraba con ella. Ahí estaba ella, esperándome con cara de “ah, ¿te pensaste que te escapabas de mí?”, en cada parada en la que me tocaba bajar.
Y aquí estoy, debatiendo mi angustia por no tener dónde comprar tortas fritas (andá vos a freír algo en un búnker de guerra, valga la redundancia sin ventilación), y escribiendo para ustedes mis queridos y mojados lectores.

PD: Sé que no es una carta y no corresponde el posdata, pero se me ocurrió una nueva reflexión: qué momento me estoy perdiendo para opinar de carnaval. Es verdad, no me gusta esta costumbre tan uruguaya, pero sé que un día me va llegar, aunque conociéndome puedo decir que nunca me va volver un fanático. Pero bueno, sigan nomás en lo que estaban, eso de hablar sobre quién va ganar mañana en eso de los fallos, yo acá jugando al Mario Bros.
Jamás vi a nadie en una pose como esta. Se me hace que es puro teatro.

Hay cosas que no voy a entender


La humanidad siempre nos ha sido tan poco recíproca que no entendemos muchos de los sucesos que nos rodean. No, a muchas cosas no le vas a encontrar explicación ni siquiera prendiendo la televisión dos veces o dándola vuelta para ver si aclara un poco la cosa.
Por eso hemos recogido muchos de estos misterios de la humanidad, y aquí te los traemos. No, gracias a vos.
-¿Liverpool (Liverpúl) algún día va ser campeón?
-Las cintas rojas de los paquetes de galletitas absolutamente unidas a lo demás. No la busques, no hay punta de dónde abrirla, el 98% son joda.
-¿Alguna vez un periodista deportivo “colgó” el micrófono?
-El mito de Messi. Lo vi jugar dos veces –lo juro-, en la primera perdió en velocidad con el Lolo Estoyanoff, y en la segunda se lo comió en dos panes con panceta y huevo frito el Señor Andrés Scotti, con mate y termo abajo del brazo.
-Los hinchas de El Tanque Sisley.
-¿Quién fue primero: el Tola Antúnez, Carlos Manta o Caruso Lombardi? ¿Son la misma persona?
-Los cinturones de seguridad en algunos ómnibus interdepartamentales.
-Los criterios de Tenfield para televisar partidos cuando no juega Nacional o Peñarol.
-Las ideas en catarata y ningún papel a mano para anotarlas. Un desperdicio, antes de prender la computadora ya perdí varios misterios de la humanidad.
-El mundo Vtv.
-¿Carlitos Díaz está esperando pegar el pase o que le crezca el pelo?
-Juan Ramón Carrasco.
-¿Julio César Gard es de verdad?
-¿Ciber-barras o gente con tanto tiempo para actualizar una página web constantemente para ver con qué lo putean para responder con la correspondiente puteada?
-¿La camiseta de Nacional es una remera de ciclismo de la antigüedad?
-El final del recorrido del 370.
-El color de pelo natural de Diego Forlán.
-¿Las personas que no pagan impuestos van al Infierno? El Jesú cuando anduvo en esa de decir lo que se podía y lo que no, no lo aclaró. No sé, mandanos un mensaje de texto aunque sea.*
-La inmortalidad de Mirtha Legrand.
-¿Palito Pereira es así de bueno o es un personaje? Yo lo quiero, hace rato, en mi mesa de luz.
-¿Sergio Gorzy es, o se hace?
-Never Araujo.
Agradecemos que nos acerquen más misterios que ustedes consideren. No teman, tenés una duda, decímela ahí abajo donde dice comentar, por ahora es libre y no precisás hacerte una cuenta. Hasta que llegue el día que se me llene de comentarios ciber-barras, claro.
*Ahí me sonó el celular. Dice que no, que no es un pecado. Dichas personas gozarán de buena salud, y aunque acarrearán problemas familiares lograrán molestar lo suficiente a las demás personas para vivir de ellas; nada más.     
                               
Cuando no tenga pelo, espero parecerme a este simpático señor cuando piense. Ahora que lo pienso bien, es parecido a mi padre.

Terror en una policlínica


Reiterados son los hechos de violencia que azotan a Villa de la Floreada. Días atrás una anciana perdió sus lentes en la calle y ningún ciudadano fue capaz de sumergirse en un alcantarillado para recogerlos. O también recordemos la golpiza brutal que sufrió un ciudadano por no saludar a sus vecinos cuando iba camino al almacén.
En la pasada tarde, la policlínica local, COMEN, se vio alterada en su funcionamiento normal y cotidiano, por la presencia de un individuo “impacientemente violento”, según lo calificó una señora allí presente, que por razones de seguridad no dio a conocer su nombre.
Eran las 18 hs cuando el individuo GDCP esperaba de pie, afuera de la enfermería, para ser atendido por el doctor.
Pasadas las 19:30 GDCP comenzó a verse inquieto, molesto, algo perturbado. “Yo lo vi al botija sí, estaba merodeando la enfermería. Hay que entenderlo, seguramente se había enterado que quieren retirar de la camiseta de El Tanque la imagen de San Cono; a cualquiera de nosotros en el pueblo nos molestó”, concluyó nuevamente la señora anónima, con claras señas de querer hablar sobre otro tema que la inquietaba.
“Ah si si, lo vimos con mi señora. Bastante antipático el nene, no nos saludó cuando llegó, ni un ‘buenas tardes’. Pero vio cómo son ahora los botijas, te entran a la policlínica y lo único que quieren es que los atiendan primero a ellos. Seguramente lo de él era una bobada y en dos minutos estaba afuera, pero que espere, que se acostumbre lo que es la vida, si le toca tiene que esperar horita y media a mí ahí adentro mientras me recomponen”, comentó a Fijate si puso la puerca “Carlitos”, quiso que lo llamáramos de esa forma porque “así me conocen todos”.
El reloj corría y no notaba ningún movimiento, nadie entraba y nadie salía de la enfermería. “Lo vi muy inquieto sí, demasiado para mi gusto. Manoteaba los carteles como queriendo arrancarlos o ponerlos en su lugar. Golpeaba las paredes como despacito, medio cagón ahí también, porque si vas a golpear una pared dale con tantas ganas que la vieja que espera al cirujano se haga en los pañales geriátricos”, indicó una enfermera.
“También hay que quebrar una lanza por el pibe. Tuvo que fumarse que un doctor abriera la puerta de la enfermería y comentara ‘los agarré justo’ cuando encontró al doctor y la enfermera adentro”, comentó un enfermero, que prefirió ser conocido como “el flaco cara de culo”.
“Sí, me acuerdo haberlo visto, incluso crucé palabras, me dijo que la cosa estaba demorada. Pero la verdad que un maleducado, me senté al lado de él y no me avisó que una vieja se había meado antes en la silla. Andá vos después a disimular en la calle eso de andar con el culo mojado”, indicó un señor que tampoco quiso dar su nombre pero pidió que lo llamemos “el bigote”.
Hasta aquí las declaraciones previas a la “explosión” de GDCP. Como verán el individuo sufrió una larga espera, larguísima para ser más precisos. Pasadas las 23 hs, señalaron todos los testigos, se dio el momento de mayor violencia. Un testigo presencial nos dio su testimonio al respecto:
“La verdad que desde que se sentó al lado mío lo noté violento, porque ni una palabra me dijo. Y eso que yo le sacaba tema, le hablaba de mi pierna quebrada, que me tenían que curar, que no podía andar demasiado y tenía que hacer reposo, que era la primera vez que usaba bastón (…) de lo difícil que es la vida y esas cosas. El botija lo único que hacía era asentir con la cabeza, muy maleducado, se sonreía por compromiso o no sé si no se burlaba de mí.
Pero llegó el rato en que explotó el botija. Serían las 23 hs, no sé, y llamaron a mi señora que estaba esperando hacía doce horas y que probablemente la tuvieran adentro unas dos o tres horitas; eso se lo comenté, no me puede negar porque se lo comenté, que no me escuchara porque estaba nervioso esperando no quiere decir que no se lo comenté. Yo se lo comenté y el maleducado me sonreía nada más.
Pero así fue, qué te digo que el botija se para y como quién no quiere la cosa arranca el extintor de la pared. Ya venía medio coloradito de cara, no sé si se habría bajado un tinto antes de ir o estaba hirviendo de calentura por esperar tantas horas. En una agarra y se para, todos lo quedamos mirando, la verdad que nada salía de lo común, todo era charla de ‘a mí me duele esto, a vos te duele aquello y juntos nos duele lo otro’. Entonces el botija se paró y había algo nuevo pa’ ver, ¿vio cómo es, no? En el interior no pasa nada, y si un botija se para en una policlínica, cuando no lo llamaron, ya es centro de atención. Agarró el extintor y empezó a insultar, que ‘la mierda con esto, no puede ser que te tengan una vida esperando acá’. Luego se detuvo un instante, a mí me dijeron que estaba leyendo las instrucciones de cómo se maneja el extintor, pero yo, que mucho no veo, para mí estaba mirándonos a todos para medirnos y dárnosla. Bue, qué te digo que el botija da el extintor contra la puerta de la enfermería y entra insultando al médico, amenazando que lo atiendan mientras pegaba el tanque del bomberito contra el marco de la puerta. ‘Vos, puto, atendeme de una vez, si cada vez que entro me sacás en dos minutos y me decís que venga en una semana. ¿Me estás tomando el pelo? Largá ese viejo que no le queda nada de vida y atendeme a mí que soy el futuro del país. Otro pibe que esperaba acá afuera ya se las tomó porque no aguantó más la espera. Estos viejos están acá esperándote porque no tienen que hacer una mierda, yo no tengo ganas que se me vaya la vida acá adentro, hijo de puta’.
Bastante exaltado se había puesto el gurí. Yo no entiendo por qué, si estábamos tan bien esperando afuera con los señores que habían. Él porque no quería conversar nomás…”.
Aterrador. No se nos ocurre otra palabra para calificar el siniestro. Sí, ya todos sabemos que siniestro se utiliza para accidentes de tránsito, pero se ha puesto de moda. Fuentes policiales calificaron de “inédito” el hecho y ya se hicieron cargo del asunto. El jefe de policía a cargo del suceso informó que fue “frenado entre cuatro” el individuo GDCP, luego de retirarle el arma del delito, el extintor, con el que agredió físicamente a la enfermera, derribó una camilla al grito de “esta camilla de mierda mirá dónde la metiste para que me tropiece”, y bañar en polvo a una anciana que luego de eso tuvo que ser trasladada de urgencia, dos horas y media después, al sanatorio principal, por graves obstrucciones a las vías respiratorias a causa del polvo blanco del extintor.
El individuo está en manos de la Justicia, de la que se espera una pronta resolución y por ende la pena correspondiente. Hasta el momento solamente se recurrió a decirle “vení el jueves a las 12 que te atendemos”.
Imagen del “arma del delito”. Ya confiscada y trasladada de urgencia para hacer pericias que comprueben los hechos. El resultado de dichas pericias seguramente esté pronto dentro de dos meses y medio, antes serán estudiados los lentes de la anciana que cayeron en la alcantarilla y la camilla con la que tropezó GDCP.

La llamada 5


El mundo sigue lleno de comprobaciones y a veces las cosas no son como creíamos; Luisito Suárez al final terminó siendo más twittero que Diego Forlán, y ningún medio lo dice.
Hablando de Twitter, al final se ganó respeto y su lugar en el ambiente deportivo uruguayo. Y por ende en los mamaderas (donde me incluyo) que seguimos a muchos de ellos.
Ojo, hay mamaderas con códigos –soy de éstos- y mamaderas sin códigos, esos que siguen a todo tipo de persona que haya aparecido al menos 30 segundos en televisión. No me digan que no, si “el gordo de la Colombes” se hace un Twitter, conseguirá automáticamente 10 mil seguidores.
Pero en realidad quería hablarles del tema Gregorio Pérez y su vigésima novena destitución del Club Atlético Peñarol. No, no piensen en el chiste fácil, no lo destituyeron mediante un twit.
Pero sí, aparentemente, una periodista de nuestro medio se adjudica la primicia, que dio a conocer mediante esta red social. Ya saben de quién hablo, esa de los colores fluo. Esta periodista manifestó que fue –nuevamente- echado por teléfono.
En fin, todo este preámbulo fue para traerles, en exclusiva, el nuevo diálogo telefónico por el cual cesaron al DT carbonero. Además debo decirles que nosotros fuimos los primeros en saberlo, claro, la muchacha de permanente bronceado caribeño (sigue los pasos del maestro Julio) debe tener un blackberry o algún teléfono parecido donde no tenga que darle duro a la tecla del 7 para que funcione.
Pero nosotros tenemos el diálogo, en bruto, sin censuras, sin procesar, entre Juan Pedro Damiani y Gregorio Pérez. Necesitábamos tiempo para transcribirlo, y además nadie me paga para dar una noticia (si usted quiere contratar mis servicios y pagarme para que yo ejerza mi verdadera profesión de periodista, escriba a fijatesipusolapuerca_blog@hotmail.com, no lo dude dos veces).*
Sin más explicaciones, el diálogo:
¡Riiiiin, riiiiin, riiiiin! (Suena el teléfono de Gregorio)
Gregorio: Aló.
Juan Pedro: Hola Gregorio, ¿cómo le va, don?
Gregorio: Acá andamos Juan Pedro, en una reunión familiar…
Juan Pedro: Ah, pero qué lindo Gregor, ¡la familia unida! Así me gusta, vio que uno llega a una edad donde quiere a toda la familia. ¿Vio cómo es, no? cuando uno se vaya a mejor mundo alguien tiene que hacer la colecta para los sanguchitos aunque sea.
Gregorio: Bueno, no…
Juan Pedro: Mire Gregor, ¿sabe para qué lo llamaba?
Gregorio: No me diga que…
Juan Pedro: ¿No me diga que qué, Gregorio?
Gregorio: Que me van a ¿echar?
Juan Pedro: No, ¡no! pero ¡por favor! ¡Faltaba más! Le hablaba porque, mire, estábamos reunidos acá en el Palacio con los muchachos, tomando algo ¿vio? Mirando un poco el partido de Nacional y Defensor, nunca se sabe si Defensor no te suelta un juvenil y queda libre, vio cómo es… Y ta, se me dio por llamarlo, ¿en qué anda Gregor?
Gregorio: En este momento en una reunión familiar, el cumpleaños de…
Juan Pedro: ¡Ah, pero qué lindo! La familia reunida, me acuerdo cuando el viejo nos juntaba a todos y nos mojaba el chupete en whisky. Qué tiempos aquellos, el viejo se mamaba y le daba por esas cosas…
Gregorio: Sí, qué se le va hacer…
Juan Pedro: En fin Gregorio, ¿usted mañana qué tiene que hacer?
Gregorio: Temprano a Los Aromos, al entrenamiento, como siempre.
Juan Pedro: Ah, justamente le quería hablar de eso. No…
Gregorio: ¿No…?
Juan Pedro: Que no… Ehhh… Que no camina ese plan, don Gregorio. No va más lo suyo.
Gregorio: ¿Cómo me dice?
Juan Pedro: Sordo encima el viejo (murmura y carraspea la garganta).
Gregorio: ¿Cómo…?
Juan Pedro: No, perdón, me atraganté con un chizito acá con los muchachos. Estábamos mirando a Nacional, serio este Gallardo ¿no? Me gusta como entrenador.
Gregorio: Bueno…
Juan Pedro: Le decía Gregorio: ¿qué hace usted mañana?
Gregorio: Al entrenamie…
Juan Pedro: Ah, sí, me dijo. ¿No se da una vueltita por el Palacio mañana? O ahora, no sé, ¿en qué anda usted?
Gregorio: En el cumpleaños de…
Juan Pedro: Ah, cierto, me dijo. Si se anima péguese una vueltita por el Palacio mañana y vamos firmando esos papeles, formalidades ¿vio, don?
Gregorio: ¿Qué papeles?
Juan Pedro: Nada, una pavadita. Lo mismo de siempre, como siempre ¿no? ¿Eh? ¿Me entiende bien, no?
Gregorio: No, mucho la verdad que…
Juan Pedro: Pavaditas, formalidades. Si no después me salen diciendo “que siempre por teléfono, que esto, que lo otro”. Porque el chistecito del facebook y el Twitter me lo he tenido que bancar demasiado, pero ¿le soy sincero? No entiendo todavía esas cosas.
Gregorio: Y yo no lo entiendo a usted, Juan Pé…
Juan Pedro: Usted me entiende, don. ¿En qué andaba?
Gregorio: En un…
Juan Pedro: Cierto, me dijo. ¿Le molesta si le caemos en un rato con los muchachos? Digo, si le queda un cacho de pizza y eso, alcohol no tanto, ya se nos mamó el José Carlos hace rato.
Tu, tu, tu, tu, tu, tu…
*Che, en serio pueden escribir a esa dirección. A vos, Eva Ullman, no te creo nada, no me escribas en inglés que no entiendo nada además que gané un millón de dólares.
“Venga ese abrazo, don. ¿Sin rencores, tá? El pasado es pisado, hoy abrimos una nueva etapa en Peñarol y cortamos los cables del rencor... y los teléfonos. Y le volvemos a abrir la puerta grande para que vuelva la institución, mañana mismo mando a cerrar la otra banderola. Cosas de la vida ¿no? Hoy estás, mañana no. Hoy te llamo, mañana me llamás”, eran las palabras de Juan Pedro Damiani en la presentación de Gregorio Pérez como DT aurinegro.

Hay mucha gente


He vuelto, y no crean que las vacaciones de mi cerebro creativo se hayan extendido más de la cuenta, ni que el ocio me consumió tanto que ni para hacer humor me dio.
A mi cerebro no se le da por mirar culos en la playa ni fotografiarlos para después subirlos al facebook y decir “mirá que vivo que soy”. Tampoco se le dio por comprar un plasma, me bastó con un fin de semana de absoluta pereza entregado a los placeres de un Spica de 14 pulgadas. La razón de mi demora: los quehaceres estudiantiles, me enchufé una semanita y te terminé un informe de radio de 13 minutitos.
“Se agrandó Chacarita”, dirán. Nada más alejado, Chacarita todavía está en el Nacional B y sin pena ni gloria seguirá allí, hasta que un día a alguien le convenga sacarlo.
Además de esa semanita donde me enchufé, como les dije, mi cerebro creativo vacacionó en el Arroyo Pantanoso. Económicamente Fijate si puso la puerca da para eso, nada más. No, no es lo que se imaginan: no jugó al Survivor esas tres semanas, sino que paseó por Montevideo y por el país, miró informativos, se indignó y entró al facebook y al Twitter, como cualquiera de ustedes. Pero jamás presumió la vida que estaba llevando mediante fotos de “yo en X lado, con X personas abrazados con caritas de ‘oh qué loco que somos, nos estamos dando unas vacaciones a lo yanqui, el mes que viene vuelvo a la Universidad y los encajo a la hora del recreo con una calibre 22’”.
En esas recorridas traté de recabar datos, grabé in-fraganti a muchas personas, las filmé, saqué apuntes o simplemente las escuché y por deformación de la memoria construí relatos; básicamente lo que hace un antropólogo, digamos.
Recreación de la realidad, nada más. No me burlo de vos, burgués.
En todos estos relatos concluí algo: cuántos problemas tiene la gente, pucha. He aquí muchos de ellos:
-Hay gente que no tiene plata para el boleto, supongo que algún día me encontraré con personas que me digan “ey flaco, ¿no tenés una moneda para recargar la tarjeta de boleto’?”. Por ahora no.
-Hay gente que sufre interminables cuarenta minutos de depresión a falta de caviar para acompañar el vino añejado que la secretaria les regaló para Navidad.
-Hay gente que se te deprime hora y media porque compró mejillones vencidos y faltan nada más que tres horas para la novela, y no da el tiempo para ir a cambiarlos.
-Hay gente que no tiene plata para comer.
-Hay gente que se estresa a causa del final inesperado de la novela. “Muy pavo” dicen, y llaman a la Cigale para pedir dos quilos de helado de arándanos, para endulzar la amargura que les ocasionó.
-Hay gente que se amarga porque el repartidor de dicha heladería demoró quince minutos y cayó a la puerta de su mansión en Punta del Este con la luz amarilla del semáforo enganchada a la rueda trasera de la moto.
-Hay gente que se agarra flor de depresión porque ve gente durmiendo en la calle, dos minutos después ingresan a McDonald y piden una ensalada, pero sin tomate porque les cae mal a los riñones si comen tomate el mismo día que se indignan.
-Hay gente que no tiene plata para la entrada y va igual a los estadios.
-Hay gente que consigue la plata para la entrada y después necesita para el vino.
-Hay gente que se indigna por la Justicia de nuestro país porque no encuentran al culpable del rayón que le apareció al Mercedes la mañana siguiente al carnaval de La Pedrera.
-Hay gente que tiene que pasar el verano trabajando.
-Hay gente que se indigna por la realidad de este país: que haya one laptop per child pero no hay un Summer a la yanqui per people; el disgusto que se te agarra esa persona, se tiene que tomar dos tequilas seguidos para olvidar la triste realidad de nuestro injusto país.
-Hay gente se te agarra una tristeza bárbara justo en vacaciones porque no encuentran un shopping abierto un sábado a las tres de la tarde para comprarse una pulsera re hippie, para salir de noche.
-Hay gente que no para de llorar cuando le dicen por teléfono que el pollo a la provenzal demora media hora en llegar.
-Hay gente que se agarra flor de depre si ven a un patovica de Pogo pegándole a un plancha, tal depresión que prometen no cantar “Ai se eu te pego” la primera vez que la pasen.
-Hay gente que tiene que estudiar en verano.
-Hay gente que te dice “no tengo un peso, viste lo bravo que está hoy en día” y te enterás por un vecino que se fueron de vacaciones a Porto Alegre dos semanas. También te dicen “mi hija tiene problemitas” y vos quedás pensando “ah, pero qué voz parecida a la tuya tiene tu hija”. Luego te afirman “mi hija es esquizofrénica”, y quedás pensando “qué voz de hombre tiene la gurisa” cuando la escuchás gritar durante hora y media “¡te dije que no hay Gabriela, no-hay! ¡Cuando te digo que no es no! ¡Es no! ¡Es no! ¡Es no, y punto! ¡Es no! ¡¿Qué hacés vos si yo te dejo, qué haces?!
No, estas cosas no pasan. Lo habré soñado en la reposera cuando me refrescaba las patas en una palangana en el patio de casa, mirando pasar gente –que no pasaba porque eran las tres de la tarde un miércoles de la primera quincena de enero-, y esperando que se haga de tardecita para tomar mate en la plaza o mirar la FA Cup.

El Negro

Bueno, terminando las vacaciones de mi cerebro creativo, ése que por las noches ataca una hoja en blanco de Word para escribir cuanta cosa se le pase por las entrañas imaginarias del cerebro, vengo a traerles el último homenaje. 
Se trata de un texto muy especial, de un libro -que como casi todos- me regalaron. Y resultó ser un desafío, incursioné en la lectura de alguien que -cuando niño- conocí su voz una noche de verano, cuando dormía en otra habitación de mi casa y en el suelo, porque mi cuarto estaba recién pintado. Dicho sea de paso, la humedad volvió a avanzar hace años ya, y la pintura de esos días resultó ser inútil. Hoy continúo mirando el techo como lo hacía antes, imaginando figuras y reconociendo caras en esos negros diseños sobre la vieja pared blanca.
Pero esa noche fue especial y valió la pena. Prendí la "radio chiquita" y conocí su voz, conocí su sabiduría y disfruté su humor. Hablo de Alejandro Dolina, o como lo concen "el Negro".
El libro se llama "Crónicas del Ángel Gris" y narra historias de barrio, historias del barrio de Flores, su barrio, típicas porteñas y por qué no, muy uruguayas.
Terminando la licencia sin salario vacacional que mi cerebro creativo se tomó, les dejo el último homenaje, un texto que de verdad vale la pena tomarse un tiempo y disfrutarlo:

El ballet en el barrio de Flores
El bailarín más famoso que existió en el barrio de Flores era un mozo de café. Fue coreógrafo, director y maestro. Pero siempre debió ganarse la vida en La Perla de Flores.
Antiguos parroquianos aún lo recuerda atravesando el local en puntas de pie, cargando la bandeja como una ofrenda pagana, cayendo de rodillas para agradecer una propina y saltando sobre las mesas con los brazos en alto, cuando alguien lo llamaba. Si había poco trabajo, se entretenía en la barra, con un pie en el suelo y otro sobre el mostrador.
Se llamaba Aldo Manfredi. En sus modestos comienzos concurría a los asados o a las fiestas de cumpleaños y esperaba pacientemente. Nunca faltaba el comedido que lo invitara a mostrar su arte.
-Báilese algo, Manfredi.
Sin hacerse rogar mucho, el hombre se largaba con su número, ataviado con un calzoncillo largo y calzando unas viejas y embarradas zapatillas de baile. Muchas veces era provocado por los borrachos o los pendencieros que se complacen en hostilizar a los danzarines. Sin dejar de bailar, Manfredi pelaba un revólver que llevaba siempre en la chaqueta y con desplazamientos de gran plasticidad daba a entender su resolución de agujerear a quien tuviera ganas de seguir la broma.
Fuera por su talento o por su bufoso, lo cierto es que Manfredi era aclamado en todas partes.
Sin embargo, su verdadera fama la alcanzó siendo ya hombre maduro, al fundar el legendario Ballet de Flores, un cuerpo del que surgieron ideas formidables, no siempre cabalmente apreciadas por el público y la crítica oficial.
Organizaba espectáculos con el apoyo de los comerciantes de la zona. En ocasiones, los bailarines lucían inscripciones en su vestuario. Las orquestas eran poco numerosas. A veces se limitaban a tres guitarristas.
Manfredi tenía por costumbre ubicarse entre bambalinas para observar de cerca todas las figuras. Desde allí alentaba a los bailarines y con frecuencia les hacía oportunas indicaciones. Sus gritos se oían desde la platea.
-¡Más adelante, Pocho, más adelante…!
-¡Un poco más de gracia, Carlos, caramba…!
Si las cosas no marchaban bien, no vacilaba en irrumpir en el escenario para repdender a los más torpes.
Con las muchachas era amable y paternal. Pensaba que muchos bailarines aprovechaban los momentos de más estrecho contacto para propasarse.
-Saque la mano de ahí –gritaba indignado.

Tal vez por eso evitaba en sus coreografías los amontonamientos promiscuos y los brazos prolongados.
Pero el aporte más original de Aldo Manfredi fue –sin duda- su teoría del argumento, expuesta a través de un breve opúsculo que obligaba a leer a sus alumnos y que –tal vez- estaba escrito así:
“El baller es un género muy extraño. Un grupo de personas refiere una historia mediante pasos de baile.
La eficacia narrativa de este procedimiento es por lo menos dudosa. Así parecen comprenderlo los comentaristas, quienes suelen explicar minuciosamente el argumento antes del espectáculo.
Ocurre que un salto en el aire resulta muchas veces insuficiente para comunicar los sucesos tan complejos como un desengaño amoroso o la renuncia al trono de Polonia.
Para expresarlo redondamente: existe la sospecha general de que sin auxilios exteriores nadie sería capaz de comprender la naturaleza de los episodios que se representan”.
Y en verdad, Manfredi conocía estas sencillas verdades por propia experiencia. Varias veces había intentado convertir en ballet libros que leía. Y el público jamás captaba nada que fuera mucho más allá del título.
En colaboración con el músico Ives Castagnino, había preparado una versión de los Ensayos de Montaigne. Casi se vuelve loco tratando de lograr que los bailarines dieran a entender la fugacidad de las doctrinas científicas, la constancia del afecto de las bestias o el crecimiento de nuestro deseo ante las dificultades. Y eso, para no mencionar las abundantes citas de Marcial, Oviedo, Lucrecio, Plinio, Vegecio, Cicerón, Horacio o Tito Livio, que ni por casualidad eran captadas por los observadores. Por otra parte, el título Ensayos fue interpretado equivocadamente por muchas personas, con las consecuencias que el lector culto ya se irá imaginando. Para remediar estos inconvenientes, Alo Manfredi inventó su famoso Lenguaje del Ballet o Taquigrafía Bailable. Básicamente consistía en asignar a cada gesto, a cada paso y a cada figura un significado permanente. Abrir los brazos indicaba amor, caer en el suelo era la muerte, recorrer el escenario mirando hacia arriba denotaba la ingenuidad.
Con el tiempo, la colección de movimientos y conceptos se fue haciendo más amplia. Veamos:
Sentarse en el suelo: obcecación, testarudez.
Situarse a espaldas de otro bailarín: traición.
Saltar en un pie: renguera.
Golpearse el pecho: admisión de culpas, remordimiento.
Arrastrar la panza por el piso: intrigas de palacio.
Girar el dedo índice en la vecindad de la oreja: locura.
Tambalearse: ebriedad.
Dar vueltas carnero: adhesión al idealismo platónico.
Girar un bailarín alrededor de otro: adhesión a la doctrina heliocéntrica.
Andar en cuatro patas: instintos bestiales.
Formar un gran círculo con los dedos índice y pulgar de ambas manos: otro ha tenido más suerte.
De todos modos estas claves siempre eran insuficientes y así Manfredi llegó a concebir un paso diferente de cada palabra, incluyendo pronombres, preposiciones y conjunciones. El diccionario resultante abarcaba cuatro mil vocablos con sus correspondientes volteretas.
Conforme a este método, el Ballet de Flores llegó a estrenar El hombre mediocre de José Ingenieros con música de tangos del novecientos. La experiencia fue desastrosa. Los bailarines conocían el código de Manfredi, pero el público no. Además, ocurría algo no previsto. Una frase bella en el lenguaje escrito correspondía a gestos y evoluciones cuya combinación resultaba torpe y sin donosura. El coreógrafo quiso ver en esto una consecuencia de la caprichosa sintaxis de Ingenieros. De cualquier modo, ya nunca más volvió a insistir con la Taquigrafía Bailable.
Probó más tarde con la intercalación de Explicadores en la platea. Cada tres o cuatro asientos, un individuo perfectamente aleccionado comentaba los sucesos del escenario:
.-Miren, miren… ahí está el traidor.
-Ah, claro… es que está soñando…
-Ésa es la hechicera… Está preparando un filtro mágico para seducir a la princesa.
El sistema de los Explicadores se hizo insostenible por los altos costos y por el fastidio del público que reclamaba silencio; aun a riesgo de permanecer en la ignorancia.
Manfredi dio un paso más y así nació el Ballet Hablado. Los propios bailarines proporcionaban información indispensable.
-Soy el gigante del bosque…
-Gran siete… me muero…
-Al que consiga rescatar a mi hija de la torre del castillo, le daré mil piezas de oro, le daré…
Los espectáculos se deslucían a causa de los resoplidos. No es fácil bailar y dar saltos prodigiosos mientras se recitan parlamentos complicados. Sin embargo, La tragedia de Y, de Ellery Queen, salió bastante bien.
Manfredi no sólo buscó ideas nuevas para dar a entender los argumentos. También se preocupó por incorporar al baile elementos populares y atractivos para que las muchedumbres se acercaran al arte grande. Influido seguramente por ciertos artistas del café-concert, resolvió alentar a la participación activa del público en sus obras. Al principio lo hizo tímidamente; en ciertos pasajes musicales, el director de la orquesta gritaba:
-A ver esas palmas…
Después concibió números donde los artistas bajaban a la platea y allí bailaban. Finalmente, instruyó a los integrantes del ballet para que obligaran a algunas señoras a intervenir en la danza. Así, muchas damas respetables eran revoleadas por el aire por lujuriosos faunos, ante el regocijo de la tertulia y la indignación de los maridos.
Gracias a estas innovaciones, la concurrencia creció. Pero la presencia de Manuel Mandeb, el ruso Salzamán y otros atorrantes del barrio acabó por generar incidentes gravísimos. Contagiados por el clima participativo, los muchachos del Ángel Gris subían al escenario y molestaban a las bailarinas mientras sostenían –a los gritos- la necesidad de bajar al artista de su pedestal.
Adelantándose a su tiempo, Manfredi montó espectáculos de danza en la calle, que no siempre encontraron la buena voluntad de los vecinos ni de los conductores de camionetas. En cambio tuvieron muchísimo éxito sus Tangos con su correspondiente Letra para Bailar. Habitualmente un ballet de tango se limita a estilizar los pasos populares. La creación del mozo de La Perla fue una cosa enteramente distinta.
Se oía un tango cualquiera con su correspondiente letra. Los bailarines realizaban entonces pasos y figuras de un clasicismo irreprochable, representando el argumento del tango. En Mi noche triste un hombre abandonado recorre su pieza y verifica la desolación de sus pertenencias, contagiadas de tristeza. Acquaforte admite innumerables personakes: ancianas floristas, milongueras envejecidas, vendedores de diarios y libertinos miserables.
Fueron memorables las versiones de Portero suba y diga, Por seguidora y por fiel, Mano cruel y A la luz de un candil.
Aldo Manfredi era –tal vez sin saberlo- un artista romántico. Creía, como Keats, que la belleza y la verdad son una misma cosa. Se proponía antes que nada provocar en lso espectadores aquella suspensión de la incredulidad de la que hablaba Coleridge. Jamás pudo lograrlo del todo a pesar de sus esfuerzos conmovedores, o tal vez precisamente a causa de ellos.
Poco a poco se fue desalentando. Y un día resolvió que el ballet no le servía para alcanzar sus desmesurados propósitos.
En los últimos años de su carrera supo integrar un grupo de danzas folklóricas que ilustraba a golpes de malambo cualquier episodio de la historia argentina accediendo incluso a los pedidos del público presente.
Un día salió de gira y ya nadie volvió a verlo. En La Perla de Flores hay ahora otros mozos que nada saben de bailes clásicos.
Pobre Manfredi… Buscó milagros por los caminos más racionales. Derrochó su genio tratando de dar explicaciones. Y no comprendió jamás que el arte es misterioso y conduce a la emoción antes que al entendimiento.
Bienaventurados los que han aprendido a llorar sin hacer preguntas.

El 4

Como ya deben saber (y sino vayan a la anterior columna) en estas semanas me dedico a publicar cosas de otros. No piensen lo que creo que están pensando: no estoy aprovechando antes que salga la ley SOPA.
Hasta el momento solo he publicado textos de otras personas, hoy les traigo un video. En este caso se trata de un personaje humorístico: Eber Ludueña. Podría haber elegido otro video, pero elegí éste, porque sí.
En la red hay muchísimos, y muy graciosos todos (recomiendo "Radiografía de un ídolo", son seis capítulos de 10 minutos cada uno; sí, lo miré todo), pero hoy conformensé con este.
Les dejo la anécdota del día que Eber Ludueña almorzó con Mirtha Legrand.

















Vacaciones mentales


Es un poco fácil de nuestra parte copiar y pegar textos. En este caso sí, pero generalmente cazamos el libro y copiamos el texto. Como no nos tomamos vacaciones reales, como hacen muchos de ustedes queridos burgueses, decidimos decirle a nuestro cerebro “dale, tomate unos días tranquilo que sigo yo”. Y haremos como el año pasado, les traemos tres textos de tres escritores que hacen humor, que de alguna manera influyen en nuestra manera de escribir, nos motivan a seguir escribiendo, o simplemente nos pinta leerlos. Además intentamos hacerlo ahora antes de que esto se llame plagio y en vez de escribir me tenga que dedicar a tomar sopa.
Con ustedes “El Castigador”, columnista de humor del viejo sitio web –hoy newsletter- Quenonino.com. En este caso la columna está escrita después del último clásico del Apertura, donde Nacional venció de atrás y en la hora a Peñarol.

Textual:

El Castigador

Un Clásico cuento

Publicado por info@quenonino.com

El Castigador repasa lo mejor del partido de la fecha. Nadie sale vivo de su análisis de la gran fiesta del fútbol uruguayo.

Lo de Peñarol es vergonzoso. Hay que perder en los descuentos, con un jugador de más, de atrás, contra un equipo donde juegan Renato César (¿?), Darwin Torres (¿?), Alexis Rolín (¿?) y Gonzalo Bueno (¿?). Inadmisible que "Jason" Viera (¡es de terror!) te cope la parada, que un adolescente con aparatos fijos te gane el partido y que el jugador más frío de la historia (Recoba. Tejera ya se retiró, Nacho González también y Batista juega al básquet) haga el gol del triunfo. Bah, en realidad no es tan vergonzoso. Peñarol está acostumbrado a perder clásicos así. Lo vergonzoso es lo de los hinchas de Nacional en la Olímpica, que no cumplieron con su cultural costumbre y se levantaron de los asientos tras el emocionante 2-1. Muchos nunca habían visto un partido de pie…
El partido confirmó que Santiago Silva aún es de Danubio y que Gregorio es un entrenador inteligente: viendo que el empate no servía, se la jugó e hizo el cambio ofensivo que desequilibró el partido (para Nacional). Gunino fue la figura de la tarde y ya lo quieren de vuelta en Francia...los hinchas de Peñarol. También confirmó la importancia de Emiliano Albín: sin el capitán de la selección, Peñarol se resiente mucho. ¿Cómo? ¿No estaba lesionado? ¿Podía jugar? ¿Pero no era la figura del equipo un mes atrás?
En Nacional, pese al triunfo, no pueden creer la mala suerte con la salud de sus jugadores. Peralta se agarró fiebre...justito un caluroso sábado por la noche. Dicen que fue mientras miraba "Los puentes de Madison", tomando té con miel y galletas caseras, de pantuflas y con su almohada de pluma. Otra baja sensible fue la de Viudez, quien hizo todo lo humanamente posible...para no recuperarse. Un tipo de carácter. La sanidad del club está cuidando a ambos con la misma responsabilidad que a Medina.

Observaciones del clásico:

-Tuvo razón Damiani al describir como "una fiesta" las elecciones de Peñarol. Fueron todo un éxito: votaron 3.646 personas, 558 más que en 2008.
-Matías Sosa fue con distancia el jugador más importante del domingo: su sola presencia le bajó 16 grados a la insoportable tarde veraniega. Gracias, porteño.
-¡Volvió Carini! El Nº1 (de los errores tontos) dio uno de esos rebotes que lo hicieron grande en la selección. Te extrañábamos.
-Núñez será citado a declarar tras la denuncia de una organización protectora de animales. Motivo: ataque a un perro.
-El aire acondicionado del vestuario de Peñarol se rompió antes del partido. ¿Solución? Llamaron de urgencia a Zalayeta.
-Tras el partido, Valdez le pegó a una maceta. No por enojo: creyó que era Medina.
-Darío defraudó: perdió y fue incapaz siquiera de intentar armar una generala. Claro síntoma de que el retiro es inminente.
-Gallardo impuso el exquisito estilo argentino a nuestro fútbol: camisa apretada, collar, pelo mojado, pecho al descubierto. ¿Nena o varón?
-El Piojo Pérez encontró su puesto...en Twitter. Luego de fracasar en todos los equipos (Tacuarembó incluido), el enganche la rompe en la red social. Carrera en ascenso.