Mirá la Tota

Nuestro incesante equipo fotográfico que trabaja para Cerrame el obturador, años atrás obtuvo esta imagen en el Parque Central. Hablamos de un personaje que hoy en día ya no cuenta con los minutos-chimento con los que contaba en ese entonces.
Como siempre -incluso antes de que esta página comenzara a funcionar- nuestros fotógrafos estaban al pie del cañón (ni tan cañón, es una 6.1 megapíxeles).
Nos encontramos con la "posible" presencia de la Tota Santillán en el templo tricolor. ¿Por qué el entrecomillado? Porque si de verdad era la Tota, no lo sabemos, su camuflado con campera de nylon, gorro y lentes -bajo 45° a la sombra- no nos permitía descifrarlo con claridad.
PD: claramente denotamos el sufrimento del hincha que se encuentra detrás, haciendo todo tipo de esfuerzos por esquivar la humanidad que tenía delante y poder ver el partido.

Santa la criolla

Mirar televisión abierta en Uruguay en medio de semana santa debería estar establecido por la Biblia como el octavo pecado capital. Además de las toneladas de basura argentina que no por ser semana santa descansan (este gremio de recolectores de basura argentina no tiene problema ninguno, te trabaja hasta un viernes santo), hay que encontrarse a diario con constantes dejavúes de años tras años.
Y me refiero a lo que ustedes ya se imaginan, las notas de color en los informativos. Las criollas y todo, absolutamente todo, su entorno. Desde los paisanos haciéndose el asado, entrevistados como si un fenómeno ajeno a la naturaleza montevideana estuviera invadiendo el cemento capitalino; cuando todos sabemos que no se trata de otra cosa que un asado, un pedazo de carne cocinándose a las brazas. Pero año tras año los “gauchos” son interrogados con la profundidad que merece la fecha, con la seriedad de un entrevistador profesional, con todo el periodismo de investigación uruguayo resumido en una sola pregunta: “¿y? ¿cuesta avivar ese fuego, don?”.

Nunca faltan los porrazos que más de un cristiano se pega al montarse a un caballo para jinetearlo. Y he aquí un punto clave. Hablar de jineteadas en semana santa es hablar de un clásico. Es como el Real Madrid – Barcelona de las costumbres orientales, como el Nacional – Peñarol de los deportes criollos en nuestro país, como el River – Boca de la estupidez uruguaya. A ver, son un espectáculo las caídas en las jineteadas, porque obviamente hablamos de lo que la gente espera, ver a esos deportistas de la monta enterrados de cabeza. Porque seamos sinceros, seguramente este deporte tan respetado, tan difundido en esta semana, y tan salvajemente idiota, tiene sus Messis y sus Cristianos Ronaldos, pero la verdad es que nadie los conocemos; entonces ¿qué esperamos? que se revienten contra el suelo. Pero seámonos más sinceros aún, no precisamos mirar la televisión, esperar los sangrientos policiales, los 25 minutos diarios de Mujica, y las interminables tandas, para ver a un cristiano caerse de pico; basta con concurrir a una feria un sábado de mañana. Con esas naranjas rodando por la calle ríanse de un universitario yankee con calibre 22 en mano.

“Hasta los canarios de las criollas te levantan un estadio”, dijo un día un paisano que por ahí pasaba, mientras terminaba de ensillar su mate comentaba lo que veía. “Eso sí, ya no son como antes, vos ves que la gente no viene, siempre hay claros en las tribunas. Pero bueno, la butaca para la semana entera te sale cara, para eso te gastas esa plata comprando alguna chuchería en la feria. Yo creo también que tanta violencia con los caballos esos que te salen como locos; te aleja un poco la familia de las criollas”, agregaba.

Y para cerrar, otro clásico de un viernes santo: la nota en las pescaderías. Yo vendedor de pescado, pescador, traficante de merluza, adicto a los mejillones, magnate en la industria del cazón, o simple cazador de bagres*; me frotaría las manos, limpiaría un poco el local, cada mañana miraría al espejo imaginando que soy enfocado por una cámara para hablar de ese tema tan profundo para nuestra sociedad. Igual, pensándolo bien yo creo que el pescadero no es bobo. Pondría las manos en el fuego a que ven venir semana santa y comienzan las cargadas de “¿sabes cómo le dicen a los periodistas?”, “¿qué diferencia hay entre un periodista y un…”, o “había una vez un periodista, tan pero tan bobo que…”. Concluyendo su semana de regocijo con el momento clímax de la interacción pescadero – periodista, con la pregunta sorpresa de éste último: “¿se vende bien en esta fecha?”.
No queda acá, todo esto se ve acompañado de la constante preocupación de las caras visibles de los informativos sobre el estado del tiempo en esta semana, con tono de “no vaya a ser cosa que les llueva”. Como si les fuera de su incumbencia a estos señores atornillados a un sillón cómodamente acolchonado, bajo un aire acondicionado ajustado según les convenga.
Por eso a veces uno se pregunta a uno mismo: ¿esto no lo vi antes ya? Y la respuesta es sí, pero la verdad es que si nos están pasando imágenes y entrevistas de archivo; no nos enteramos, a menos que llame algún familiar para avisar que la persona que acaban de entrevistar falleció hace 15 años. Y esto también se vuelve difícil, como todos sabemos que un medio se retracte de algo es más difícil que comerte un choripan en el estadio y terminar limpio. Entonces año tras año nos hacemos la misma pregunta, porque año tras año nos parece ver lo mismo; si esto no es la cadena cíclica más grande e interminable de dejavuses, no sé qué es.
*No soy ninguna de las anteriores opciones citadas. Oficialmente abandoné una de ellas, tiempo atrás.

Las nuevas redes sociales y las tecnologías modernas han gestado a una nueva tribu social: el gaucho flogger. Como observamos en la imagen su principal característica es la de autofotografiarse siempre en alguna situación cotidiana de su condición de gaucho. Como sabemos, los tiempos cambian, también las camisas de los nuevos gauchos se adhieren a la corriente fluor, que cada vez gana más terreno en nuestra sociedad; seguramente tenga fin el día que masivamente nos quedemos todos ciegos con una encandilada generalizada en una chapa de dolmenit. También se los podrá ver fotografiados peinando un caballo, cortando el asado, o como todos, en el espejo del baño.

¡Manzanito!

Continuamos con la sección Cerrame el obturador. Muchos de ustedes seguramente han concurrido al Estadio Centenario para vivir algún partido de la Selección Uruguaya. Desde Fonseca hasta Suárez, pasando por el Canario García, el Pato Sosa, Darío rodríguez o el Chengue Morales, hemos tenido en ellos montones de personajes muy particulares; folklore de nuestro fútbol, digamos.
Pero también es común encontrarnos con personajes como el Pato Celeste (en sus dos ciclos), o el mismo Charonito (¿desde el Más Allá llegaron órdenes de exterminarlo?). Y ahora este, a quien con un amigo bautizamos como Manzanito; ya que desconocemos su nombre. ¿Publicidad? No, no hay marca alguna o si quiera un eslogan que lo advierta. ¿Un nuevo personaje “mascota” de la Selección? A menos que haga homenaje a la camiseta alternativa roja, podríamos decir que no. Por cierto, qué fea que ha sido la camiseta roja de Uruguay, años tras años.
No tenemos veredicto sobre la función de Manzanito parado en el Talud de la Ámsterdam. Si me preguntan, opino que tiene que ver con alguna campaña subliminal del gobierno, de esas bien chotas como la del cigarro, el alcohol o las drogas; pero esta vez dirigida hacia el “comer sano”. Ta, avísenle a los puestos de venta, porque yo creí que iba a encontrarme con todo tipo de ensaladas vegetales, o algún producto de soja (¿por qué todo lo sano se asocia a la soja?); pero terminé encontrándome con choripanes, hamburguesas y panchos. En fin, personaje risueño, simpático, alegre; pero pelotudo.

Editorial: bandera

Más allá del arsenal armamentístico que hoy mismo podemos ver introducido en el Estadio Centenario, es el tema del momento. Bien de nuestro país claro, donde el tema de momento perdura lo que necesariamente tenga que perdurar.
Recordemos el Mundial de Sudáfrica, donde mágicamente el nivel de criminalidad, los asaltos, las violaciones, los secuestros, la violencia doméstica, y las ancianas tropezando en la feria; bajaron al 0%.
Como dijimos ya, el tema de la bandera es el tema del momento. Y si eran pocos los condimentos para la hamburguesa bien uruguaya esta, agreguémosle el condimento “más grande del mundo”. Ideal que claramente a esta altura ya le robamos a los brasileros, especialistas en sacar chapa de mejores.
La torta frita, la bufanda, el guiso, el asado, el buñuelo, o la flatulencia más grande del mundo; son propiedad uruguaya. Y cada uno de estos temas siempre ha sido punto de atención por parte de toda la prensa local, bajo el título de “la noticia del momento”.
Por eso estamos ante la combinación más peligrosa que la mismísima bomba atómica, o un bombazo del Canario Olveira. “X más grande del mundo” en el fútbol, significa que si miramos un informativo, si esperamos un flash informativo, si miramos a la Canosa, si esperamos las nominaciones de Gran Hermano o si miramos a Cacho Bochinche, ¡vamos a ver a la bandera más grande del mundo!
Corrijo, la bandera más grande del mundo todavía no la vamos a ver. Pero sí tenemos que fumarnos insoportablemente la expectativa que se ha creado en torno a un pedazo de tela que será desplegado esta noche en el Centenario. Repito, un pedazo de tela, nada más.
Peligrosísima expectativa. Recordemos también que estamos ante una bandera diseñada por hinchas. Dije bien, hinchas. Y todos sabemos la capacidad de razonamiento que emergen de esas cabecitas, generalmente violentas, generalmente vacías, generalmente nulas de todo razonamiento que se aleje de un “vo gallina (más insulto correspondiente)”.
Ahora, la expectativa es peligrosa porque esto sale de hinchas y no sabemos a lo que podemos estar expuestos. Yo por mi parte, procederé a taparme los ojos, que alguien a mi lado me diga cuándo está totalmente desplegada, así retiraré mis manos y me dispondré a sorprenderme con la historia de Peñarol resumida en una bandera.
De la vereda de en frente no se hicieron esperar las cargadas. “Tenés bandera, estadio no”, “menos tela, más portland”, “vos escribís tu historia en una bandera, yo precisaría un domo que cubra el Estadio Centenario, incluida la torre de los homenajes”. Pero simplemente son respuestas de hinchas de un cuadro, a hinchas del otro; como somos un blog imparcial le damos voz a todos.
Antes de culminar queremos recordar que la “gran obra maestra” por la que esta hinchada se viene recordando a sí misma es por el diseño de una gallina inflable, sospechosamente ingresada al Estadio. Veremos si hoy se superan a sí mismos como persona adulta, y logran sorprendernos con un majestuoso diseño. O tanta presión, tantas miradas encima, tanta expectativa; termina haciendo que terminemos parándonos de mano para poder leer lo que la bandera dice.

Cancionero infantil, parte cuatro

Continuando con este profundo análisis de las canciones que mortificaron nuestro cerebro en esa hermosa etapa llamada “infancia”. De la que todo adulto siempre se encarga de sabotear, por la envidia que le genera. No me vengan con la ética ni la moral, acá todos sabemos que los adultos se empeñan de hacer imposible la infancia de uno, luego la adolescencia y así sucesivamente hasta su lecho de muerte.
En este caso volvimos a recurrir a fuentes cercanas para seleccionar la canción a analizar. Qué mejor que recurrir a una de esas personas que se encargan de destruir la infancia, como un Educador preescolar. En este caso la canción se intitula “A guardar”:
A guardar, a guardar
Esta frase me trae recuerdos espantosos. ¿Por qué? Se preguntarán todos, porque de niño hubiera soñado escuchar esa frase en una maestra, un profesor, o lo que fuere que se pare delante de la clase escribiendo en un pizarrón negro de tiza (¿se pensaron que nací en la época del pizarrón con marcador? no señor, esa época llegó después, sustituyendo los males al organismo que provocaba la tiza, por el estrés que comenzó a generar que ningún “draipen” funcione). Igual así, sacrificando su propia vida, nuestra existencia siempre era el objetivo a molestar, por eso quiero decirles que nunca nadie me dijo esa frase “a guardar, a guardar”. Lo que hubiera significado el fin de la clase y una especie de “váyanse nomá gurises, pueden volver a su casa. Ah, y no hay deberes para mañana, diviertansén”. Minga.
cada cosa en su lugar,
Es el "graffiti" que siempre soñé hacer en el liceo,
pero nunca tuve las agallas de hacer
Un poco miliquera la cosa. Y un poco utópico el que un día se sentó drogado bajo la higuera de su casa, a sentir la brisa contaminante de un otoño montevideano. ¿Dónde se ha visto que un niño sea ordenado? ¿Dónde se vio que cada niño vuelva a su lugar original las cosas, es más, sin que estas hayan sido despedazadas contra el piso? Soñaba el tipo, y además miliquero. “¡Orden! A ver infante Luciano, se presenta de inmediato a la salita de lectura; recoge sus víveres, sus libros de colorear y su cuaderno viajero, los coloca en su mochila e instantáneamente se le apersona a su progenitora en la entrada del local”.
sin tirar, sin romper
Y seguía drogado el letrista. Claramente vemos que el efecto de las sustancias alucinógenas produce la redundancia en la composición de canciones infantiles, lo sabe todo el mundo. En primera instancia advierte que no se caigan las cosas, lo que parece lógico, “pendejo guardá rapidito todo y no tires nada”. Y en segunda instancia, cayendo en la realidad de los hechos (justamente cayendo) advierte que, bueno, si vas a dejar caer algo al piso, que procure no romperlo. Parece un poco estúpido el razonamiento ya que si es un objeto rompible, la sola caída lo hará romper. Pero me pregunto: ¿qué lleva un niño a un jardín o escuela que se pueda romper? Los vasos expresamente se solicita que sean de plástico, los cuadernos tampoco ya que al caerse más que ensuciarse, porque la empleada no fue el día antes, no va a pasar. Ustedes me dirán instantáneamente: ¡los juguetes! Y acá con el orgullo que me asiste les argumento: los maestros/as roban los juguetes de los niños. Sí, y acá confieso el único recuerdo que tengo de mi edad preescolar: solía llevar algún juguete al jardín, sobre todo si era el chiche nuevo que mi tía o algún allegado me regalara. Es como el libro que uno lleva para leer en un viaje, uno en el jardín iba a tratar de pasar lo mejor posible. ¿Y qué pasaba? La maestra siempre se encargaba de asignarme un castigo con el objetivo de esconder mis juguetes fuera de mi alcance, o sea, arriba de los muebles; con la promesa de que a la salida serían devueltos. Jamás. Nunca me fueron devueltos, hasta hoy guardo ese recuerdo rencoroso de mi infancia. ¿Les dije o no les dije que los adultos tratan de destruir nuestra infancia?
que mañana,
Acá estamos ante el comienzo de la combinación de palabras más espeluznante que un niño pueda oír; ya que casi siempre estas dos palabras van acompañadas de “tienen deberes”, “no se olviden de hacer ‘x’ cosa que les mandé”. Ya que todos sabemos que si hay feriado jamás se nos avisa, es más, hacen todo lo posible para no decirlo y que como giles (no nosotros, nuestros padres) terminemos al otro día en la escuela y/o jardín.
hay que volver.
Bueno, por lo menos no mandaron deberes.
PD- El comité de periodistas al pedo que analizan hasta el más pequeño detalle de textos periodísticos (C.D.P.A.P.Q.A.H.E.M.P.D.D.T.P.) me indagó sobre la cantidad de preguntas planteadas dentro de un mismo texto. Por este motivo debo dar explicaciones y yendo directamente hacia las mismas les digo: mi infancia fue así; la recuerdo poco, y me dejó más dudas que certezas.
-Declaro no conocer al autor de la canción, ni su adicción al vascolet vencido.
-Los juguetes de cuando iba al jardín todavía no han vuelto a mi propiedad, agradezco cualquier información.

¡Pica!

Continuamos con la sección: Cerrame el obturador. Recordamos que estas fotografías son tomadas por el equipo de trabajo de Fijate si puso la puerca; por eso la marca de agua, nunca se sabe...
Yendo ahora sí a la imagen, podemos decir que quizás no se vean sorprendidos al ver un policía de nuestro país observando lo que sucede en la cancha, y no en la tribuna. Contrario a lo que dice el "Manual del milico", y que lo comprobamos en Europa, con cada uno de los oficiales de ferente a la tribuna, y por ende de espaldas a la cancha. Les presentamos un breve fragmento del "Manual del milico" del que hablábamos, en la sección donde aclara esto: "Oficial de turno. Señor comandante y señor sub comandante (segundón). Por la presente informamos que todo policía que oficie de "botón de Estadio" deberá darle la espalda todo el partido a la cancha. Sí, es afirmativo lo que todos piensan; en el fútbol uruguayo ver los partidos de espalda o de frente, resultan lo mismo. Pero bueno, el deber indica que todos y cada uno de los oficiales deberán observar lo que acontezca en las tribunas. Acabamos de decir "observar", nada de vigilar, prevenir o solucionar algún inconveniente. Y si lo fuera necesario, para eso está el instrumento que llevan en su mano; dénle la utilidad que saben. Suscribe, un servidor".
Un poco largo resultó el fragmento, pero todos alguna vez escuchamos hablar a un policía. Esos que una vez que se ven frente a un micrófono sienten la necesidad de utilizar todo tipo de palabras en desuso, palabras que suenan lindo, palabras que redundan en la idea, y vueltas como calesita de Parque Rodó un viernes a las cuatro de la tarde en Semana de Turismo. Y sobre el muchacho en cuestión (el boludo que escraché con la foto), es humano. ¿O me van a decir que ninguno de ustedes estando de espaldas a la televisión reaccionó instantáneamente dándose vuelta para ver qué pasa ante el alarido de un relator diciendo "estáaaaaaaaa"?
Conclusiones y verdades absolutas: el milico siempre te da vueltas para cerrar una idea; y es humano también.


Mujer se casa con un perro

La semana pasada aconteció un hecho sin precedentes en nuestro país, una mujer contrajo matrimonio con un perro. Enlace producido ante la presencia de familiares y allegados, humanos y caninos.
Ella, de 63 años, divorciada dos veces, dijo haber encontrado “el amor que siempre soñé tener, ensucia afuera de la casa, no rezonga, no exige y me sale más barato que un veterano que después se te mea en la cama, tenés que cambiarle los pañales y darle de comer haciéndole el avioncito porque encima se te empaca sino se lo hacés”; declaró a medios locales luego del casamiento.
Al can se lo vio visiblemente muy contento luego del enlace. Según fuentes cercanas dicho perro se habría casado por conveniencia, ya que “la calle era muy dura”, habría dicho el can.
“No era fácil vivir a la intemperie. Fijate que cualquier nabo siempre te tiraba algo pa comer pero más de una vez caí por gil. El vecino de la vuelta siempre me intentaba envenenar, no sé por qué, si yo en algún árbol tenía que levantar la pata pa rociarlo; es una cosa que sale en el momento, uno no lo maneja. Me acuerdo la vez que me dio veneno para ratas, esa vez lo corrí cuadra y media, hasta que me rogó que lo dejara; sino hasta ahora lo estaba corriendo al gil ese. No siempre nos llevábamos mal, una vez me acuerdo que le salvé la vida. Un chorro se le metía porque dejó la llave arafue y de una le mordí el tobillo. Ta, después me encajó un tiro en la pata el hijo de puta, mirá acá, me dieron 35 puntos”, confesaba el canino a un medio local, luego de sacarse las correspondientes fotos y ser bañados en arroz; esto último lo molestó mucho, a tal punto de morder a tres viejas. Lo tuvieron que calmar tirando unos cuetes que el sobrino de su reciente esposa había comprado, quién sabe para qué porque ya estaba grande el pendejo de 20 años; que según afirmaron allegados: todavía no tiene novia.
“Y la vieja es divina”, hablando sobre su reciente esposa. “¿A quién no le gusta dormir a los pies de la cama, calentito en invierno, comer croquetas calentitas, garronear alguna pata de pollo o algún huesito del asado? Toy de lujo. Imaginate que cuando va al supermercado me deja afuera, obviamente mientras uno recrea la vista con alguna chiguagua de vieja millonaria, sin tener que hacerme el boludo rascándome pa en la rambla poder vichar alguna ‘gata’, sin que la vieja se dé cuenta”.
“Nos conocimos como toda persona normal de hoy en día, por Facebook. Teníamos un par de amigos en común, él no tenía privacidad en sus fotos y ahí lo vi. Ahí estaba él oliéndose la cola en la foto de perfil; fue amor a primera vista. No puedo decir que fue fácil. Al principio un poco no nos llevábamos, a él le gusta el reggeatón y escribe como la juventud de ahora; casi que no le entendés. Pero yo sabía que tarde o temprano iba a pasar algo, yo sabía que tenía todo lo que a él le puede gustar: casa, comida, abrigo y un paseo a diario por la rambla, alguna plaza, o por el mismo centro”, fueron las declaraciones de la mujer recién casada.
Según un estudio realizado por un científico canadiense, conocido en el medio, Henry Pámelachu (quien sigue viviendo en Uruguay ya que además de que lo dejaron olvidado en nuestro país, perdió hasta los documentos apostando al roba-montón con los vecinos del barrio; entonces sigue dedicando su vida a investigaciones sobre la vida del uruguayo promedio, con el sueño de volver a su país y no pisar suelo oriental nunca más); el 35 % de las mujeres mayores de 55 años, viven con un can como único acompañante en su casa. Una cifra muy alta, teniendo en cuenta que el 40 % sufre el síndrome llamado “sueño con ser Susana Giménez y arranco comprándome un perro”. A esto Pámelachu aclara que “es un síndrome poco duradero: o lo cortan de raíz matándole el bicho haciéndole comer cemento debajo de las ruedas de algún camión; o ésta termina alejándose definitivamente de su familia para cumplir su tan ansiado sueño”, fue la opinión del científico, a quien se lo ve muy bien adaptado a la jerga local.
Fotografía del reciente matrimonio. Notoriamente felices, o bueno, en ese momento era ella la que estaba feliz. Ya que en ese instante se encuentra calmando al animal luego de envestir contra su sobrino homosexual de tardía maduración, quien luego de explotar unas cañitas voladoras, fue envestido ferozmente por el can; sacándole medio tobillo que se sumó a la colección, junto a la pollera de la vecina, los calzones de la misma, y la mano del tío luego que este le dijera “venga minino pechocho del tío”.

Cerrame el obturador

La foto es real. Con motivo de estudio me encontraba en ese bar de Montevideo tomando fotografías; hasta que vi a esta persona.
Quizás debí acercarme a preguntarle: "disculpe, ¿usted es Woody Allen?". Pero temí que su respuesta fuera: "no nene, dejame entrarle a los ravioles que tengo hambre".
Hasta hoy me quedaré con la interrogante, probablemente si era él; a las pocas horas estaba escribiendo su próxima película a cerca de su presencia en el tercer mundo y su encuentro cercano con un paparazzi.


Cancionero infantil, parte tres

En este caso analizaremos una canción, que en lo personal, desconocía. Hasta ahora el análisis del cancionero infantil estaba dedicado para aquellas canciones que aún recuerdo haber sufrido en mi niñez; claro que recordé solo dos canciones, gracias al minucioso y eficaz trabajo de mi inconsciente.
Por este motivo es el turno de indagar un poco y encontrar nuevas canciones; sobre todo porque queremos seguir robando con esta sección. En este caso la canción se intitula “A comer”. A continuación, el análisis:
Lavarse las manos,
sentarse en la mesa,
pedir la comida,
así es como se empieza.
De entrada nos encontramos ante una actitud pasiva de parte de los niños. Digo niños ya que generalmente estas canciones están destinadas a infantes, esos delincuentitos que caminan por la calle camuflados de túnica blanca. Pero que no se salvaron, no, que no se crean que camuflados de blanco les perderemos el rastro luego de cometer una fechoría; les encajamos la moña azul para dejarlos bien ridículos.
Bueno, volvemos a la canción. Buen detalle el de lavarse las manos, generalmente las manos de los niños dan asco y prefiero no citar las suciedades que allí podemos encontrar. Luego la canción continúa tirándome un centro al chiste fácil, que no haré, no voy a decir que nos encontramos ante un tipo de familia diferente donde en vez de sentarse en sillas se sientan encima de la mesa. “Pedir la comida”, ¿así que todo de arriba che? Es simple, el botija se sienta a la mesa y grita “mamá, hazme el favor de servir mi comida, estoy hambriento y con ansias de saborear tus deliciosos alimentos”; bueno, estaba pasado de rosca el gurí. “Así es como se empieza”, entonces la cosa no terminó, nuevas sorpresas depararán.
Lavarse las manos,
sentarse en la mesa,
pedir la comida,
así es como se empieza.
¿Apenas arranca la canción ya hay estribillo? Así no che…
A comerse la sopa,
a comerse el arroz,
a comerse la carne,
que mamita preparó.
Evidentemente estamos ante la presencia de una familia tradicional. De esas donde los domingos se toma refresco cola, donde los 12 apóstoles vichan todo el tiempo lo que pasa en la mesa, donde el padre se toma un vino y golpea a los infantes al grito de “¡comete la sopa o te reviento!”, y donde la sopa se come, y no se toma. Y un último detalle, “que mamita preparó”: ¿papá se rasca? o ¿papá no tiene derecho a cocinar? Claramente estamos hablando de maltrato familiar, estamos ante la presencia de una madre golpeadora, cortita lo tenía al padre, si pisaba la cocina pedía permiso antes, sacaba número, esperaba su turno, y sacaba el agua de la heladera porque la vieja se olvidó de llevarla y ya todos estaba atragantándose con la pechuga del pollo.
Sino comes no hay merienda,
ni paseos ni diversión,
sino comes no hay amigos,
ni verás televisión.
Y claro, ahí estaba lo que les decíamos. No quedó otra, al botija hubo que amenazarlo para que coma. A ver, está claro que esta canción tiene sus años. Hoy en día la “merienda” debería sustituirse por las porquerías de turno, ya sea papitas, la hamburguesa feliz, o el chicle con un vello púbico de Barney. Paseos, diversión y amigos actualmente se podría reducir a la internet, ahí pasean (por facebook, dándole click al botón de “Inicio” cada 30 segundos), ahí se divierten (cambiando el click en “Inicio” por el click en “Perfil”, para variar), y ahí están sus amigos, a los que le declara amor todo el tiempo, a los que desconoce casi absolutamente, y con los que comparte fotos semi desnuda (si es hija claro, si es hija vaya sabiendo que ese engendro que se encierra mucho tiempo en el baño es porque se está sacando fotos en bolas; y si encima usted la ve entrar al baño con la cámara de fotos en la mano, confírmelo, su hija es flogger, o plancha, o más bien flogger pero plancha, o plancha con ribetes de flogger, pero en esencia flogger y de espíritu plancha, o plancha por fuera flogger de corazón; bueno, usted madre debería saberlo).
Tiqui tiqui tiqui tiqui,
los dientitos tiqui van,
triturando la comida,
el niñito va a engordar.
¿Qué hace Juan Ramón Carrasco metido en una canción infantil? A caso es una amenaza para que coma, “Ernestito, comé toda la comida, dale, o sino vas a mirar hora y media de jugadas de JR. Y sino le entrás al postre te hago ver los recitados completos de Carrasco, desde que era técnico de Féni”. Y como lo dice la canción el pibe entró a triturar la comida con tal de no ver semejante película de horror. Es más, el temor es tan grande que el botija va a comer más de lo que debe, hasta engordar y no tener la mínima posibilidad de ser futbolista en su vida, no vaya a ser cosa que lo dirija Juan Ramón y termine sufriendo una poesía peor a la de esta canción.
Y esta amenaza no hace otra cosa que seguir comprobando el autoritarismo de esta madre dentro de la casa. “Disuelvan la cocina” se escuchó gritar un día, por parte de una empleada doméstica que se encargaba de limpiar los cuartos, extrañamente con el padre siempre adentro. Jamás se supo de ella.
Es la imagen del niño luego de aquella cena, o almuerzo. Del padre jamás se supo, tampoco de la vecina con la que se lo vio por última vez.

Ponele un “me gusta”

Un fin de semana sin fútbol. Sin ir a la cancha, sin mirar por televisión a los rivales con la ilusión de verlos perder, pasar vergüenza, ser humillados, goleados y con sus estrellas expulsadas, lesionadas o dejadas en ridículo (cito las actitudes homo sapiens de Darío Rodríguez o la mutación de Lembo a un poste de luz).
Por ende uno ya comienza a prepararse durante la semana sabiendo que vamos a estar en lugares donde generalmente un fin de semana no vamos a ver nunca. Algo parecido a una semana de fiestas, pero sin dichas fiestas.
Para muchos el paseo por el aire libre es un camino, para otros las drogas o para otros levantarse temprano a ver Cacho Bochinche (permítanme generalizar, en este momento desconozco si siguen en el aire). O para otros instalarse en frente de una computadora a simplemente ver pasar sus vidas frente a un monitor de 14 pulgadas.
U otros nos encontramos con el deber periodístico que no descansa ni un fin de semana sin fútbol, y con elecciones de las más democráticas que puedan existir en el mundo. Aclaro que este comentario refiere a Uruguay, un país al sur de América Latina donde las elecciones son tan democráticas que aún cuando existe un solo candidato se recurre a votación. (PD de este párrafo, sino soy la única persona del mundo que comenzó un párrafo con la letra “u” pelada, pego en el palo).
Estaba hablando de mi labor periodística, precisamente de investigación. Como acabo de decir muchas personas buscan diferentes formas de hacer pasar las horas del día en un fin de semana hasta que llegue la noche, donde la mayoría sale a alcoholizarse y drogarse para poder bailar la música que se emite; pero no fue el caso, ya que los boliches no habrían (salvo En tono de grises). Por este motivo las horas del día cobraron mayor importancia, las personas buscaron diferentes actividades para no verse a sí mismos sentados en un sillón mirando Punto Penal al mediodía.
Pero sabido es que Uruguay es una gran clase media, por ende la mayoría de los objetivos que las personas se plantean, jamás se logran; y si se logran, se endeudan de por vida. Y si esos objetivos referidos a qué hacer en un fin de semana sin fútbol, se plantean en el interior del país: mejor tener lejos del alcance todo objeto que pueda tener filo.
Entonces todo cristiano termina en frente de una computadora, por más que ese era un día en donde podía encontrarse con su novia, matear con amigos, o embriagarse con el ebrio del barrio (todo barrio tiene un ebrio típico, y sino éste puesto está ocupado por “el loquito” del barrio o como un día bien dijo el Cuarteto: “el putón del barrio”).
Usted lector se encuentra en un estado de desorientación similar al del arquero con el  escudo AUF en frente a una pelota. A lo que voy con todo esto es que navegando por las redes sociales uno encuentra de la más variada gama de comentarios, fotos y conversaciones carentes de privacidad alguna (si me permiten la redundancia, red social en el diccionario sino lo dice, debería definirse como carencia de privacidad de las personas ante el mundo virtual y/o real [tampoco es que esté definido si eso es un mundo virtual o si las personas en realidad son reales, valga la segunda redundancia]).
Y una de esas tantas cosas a las que uno puede enfrentarse en una red es a la conversación y/o discusión de una pareja. Se me dirá que esto no es investigación, ya que cualquier hijo de vecino puede chusmear el muro de otro y verlo como quien elige los tomates en la verdulería a la hora de elegir a quién indagarle el muro, descubierto de toda privacidad. Pero la investigación está en que a continuación les presentaremos dicha discusión entre una pareja de jóvenes internautas, pero antes la reproducción escrita de la discusión de una pareja hablando cara a cara, hace tres años.
Discusión I (la cara a cara)
Fulanito: Disculpame Menganita, sinceramente no era mi intención lastimarte.
Menganita: Pero Fulanito, me lastimaste igual, ¿en qué pensabas cuando me hiciste esto?
Fulanito: No pensaba, creeme. Si yo pensara obviamente que no lo hubiera hecho.
Menganita: Deberías haberlo hecho, porque hace seis meses que estamos juntos.
Fulanito: Lo sé, ¿cuándo es que cumplimos los siete? Disculpá, un poco se me entreveran las fechas.
Menganita: Es mañana Fulanito…
Fulanito: Perdoname, no me acordaba.
Menganita: Nunca te acordás de mí. No te acordabas de mí cuando dijiste que me pasabas a buscar para ir al cine, no te acordaste de mí cuando dijiste que ibas a conocer a mis padres, ni te acordaste de mí ahora cuando me engañaste…
Fulanito: Tampoco te pongas así, yo de verdad te quiero, y no quería lastimarte.
Menganita: Te repito, lo hiciste.
Fulanito: Estaba confundido. A veces la rutina me abruma. A veces creo que te quiero como nunca, y a veces creo que necesitamos separarnos un poco para no cansarnos.
Menganita: Eso le pasa a cualquier pareja. Mirá allá, van de la mano sonriendo felices; y están en la misma que nosotros, en un pueblo del interior sin poder hacer nada. Los dos nos queremos, no nos equivoquemos más e intentemos sacar adelante esto.*
Fulanito: Es verdad lo que decís. Perdoname, no sabía lo que hacía.
Menganita: Pero que sea la última vez, te lo pido. No quiero que me vuelvas a lastimar, y si hago esto de perdonarte es porque te quiero, de verdad te quiero…
Fulanito: Yo también te quiero Menganita, te quiero mucho…
*Obviamente se dieron cuenta que el diálogo fue inventado, nadie habla tan correctamente como para cambiar una “y” por una “e” en el caso de la siguiente palabra que comienza con “i”.
Discusión II (en una red social entre de una pareja de internautas)
El Fula Niitoh de laTeja: Ei xq puziste me guta a la pic d el Diee??? te amo
La Menganiita Carboné: eeee? te amo mas
El Fula Niitoh de laTeja: siiiiii, vs pusist “me gusta” a la foto dl Diee… en la q taba cn el carly y la maru… te amo mas yo
La Menganiita Carboné: iiiiiop? na tas viajando bb, te amo massssss!!!!!!
El Fula Niitoh de laTeja: tas jodiendo? esa amista era tu novio bluda… yo no soy bludo,dcime la vrda… yo te amo mas mas massssss!!
La Menganiita Carboné: ahhhh sisisisi ya se,el m dijo q le pusiera un me guta… xq asi podía subirla al fac d los popus… te amoooo mas yo!
El Fula Niitoh de laTeja: mmmmmmmmm no m parec… iwal m tas descansando vs m parece… te amo mass ya te dije pelotuda
La Menganiita Carboné: vs no descanses mijo… sos mi novio o n? cnectate mañana, dal? te amo mas la concha de tu madre
El Fula Niitoh de laTeja: sisi vs m dscansas… n m dscanses mas q t pasas dscansandome y soy tu novio, no me descanses… mañana m cnecto dale, bechito te amo mas hermozaaaa
La Menganiita Carboné: xD hermozzo vs, te amo y no me dscanses mas vs jaja… va pa i
No es necesario decir nada en este pie de foto
El Fula Niitoh de laTeja: va pa i hermozza… q no vuelva a pasar jajaja bsooo!te amo massss
La Menganiita Carboné: :) te amo
El Fula Niitoh de laTeja: ;) te amo mas jaja
La Menganiita Carboné: :P no yo te amo mas jaja
El Fula Niitoh de laTeja: :D bueno dale, iwales
Y así sucesivamente…
No solo que un “te amo” es tan común como una gorrita verde fosforescente, o que la ortografía del castellano se perdió, se pidió captura, se la raptaron, la secuestraron, pidieron rescate, la asesinaron, enterraron sus restos, se crearon hipótesis del asesinato, se descubrió la verdad, se capturaron sospechosos, luego los culpables, y finalmente se aclaró el crimen; sino que también la gente cambió, la sociedad cambió, y un fin de semana sin fútbol, también cambió, y mucho.

Piñas no se merecen, se hacen

Comúnmente no me encuentro en la situación personal de mirar boxeo por televisión; y mucho menos concurrir a un escenario deportivo a hacerlo (ya sé lo que piensan, quién no vio en la calle a dos boxearse gratis para todo el mundo, o en  el Obelisco de Buenos Aires a hinchas con la Policía Federal; todos pasamos por eso, pero me refiero al deporte boxeo en sí).
Lo que me llevó a ver una noche de boxeo “profesional” fue, como creo que a todos les pasa en este mundo (nadie en sus cabales puede sentarse a ver boxeo), el ocio. Un poco alcoholizado, sí, pero con una noche que lo único que prometía era un cara a cara con la almohada. Entonces por qué no mirar lo único que la televisión ofrecía, además de un programa de televisión que habla sobre la televisión, pero que sólo habla de Gran Hermano.
Tampoco es que miré toda la jornada boxística (opa, entré a hablar como periodista de boxeo; sí es que en realidad existen), sino que me dispuse a observar la pelea de fondo, esa a la que se supone que van todos a ver, entre Cris Namús y una gallega llamada Loli (buen nombre para actriz).
La sorpresa no sólo fue encontrarme con un hijo de Kesman absolutamente empapado en lo que refiere a conocimientos sobre boxeo (o tal vez me estaba cagando, de última no sé nada de boxeo), sino también seguir confirmando que al Palacio Peñarol le vino bien el incendio del Cilindro.
Algo particular de la velada (no dejo de asombrarme de mí mismo, no paro de meter palabras boxísticas, mirá, ahí te metí otra) fue una especie de alfombra roja que se desarrollaba previo a la pelea de Namús. Los encargados de la transmisión (el hijo de Kesman era uno, el otro no sé quién era; todo bien con él, se notó que sabía de boxeo, pero yo no) iban realizando una breve entrevista a varias de las celebridades de nuestro país. Al estilo alfombra roja de Hollywood iban siendo entrevistados para mostrarles al mundo que estaban presentes en la “gran noche”. Alejandro Balbi, Víctor Dellavalle, Jorge “el guapo” Larrañaga, el colorado de Omar Gutiérrez, el golero de Cacho, Cacho, las Chin Chin, Pelusita, Taraletti, la boba que canta con Taraletti, y hasta Laura Martínez; fueron las celebridades a las que seguramente se les hizo formar una filita e ir pasando a ser entrevistados por Kesman, el hijo.

Indudable que la botija tiene talento. Difícilmente un plancha de la modernidad (esos que tienen todos caras de “pesados” pero van al shopping con mamá a comprarse ropa de marca y toman cerveza con pajita en una lata) se vea atemorizado con esta postura ofensiva de Namús.

Yendo directamente a la pelea, ya que es mejor obviar la deplorable entrada al cuadrilátero (otra más, y van), donde una entraba haciéndose literalmente “la pesada” con música rapera estadounidense, detrás de su entrenador quien con un cigarro apagado en su boca ponía cara de “malo”, al mejor estilo película norteamericana (se ve que recién llegó Rocky I a España); y la otra, la uruguaya, la nuestra, la que defendía a tres millones, la boxeadora local, la modelito que te llena la cara de dedos, el “bombón asesino”: entró con una cumbia, aludiendo a su apodo de mierda.
Bueno, no iba a hablar de la entrada de las boxeadoras pero lo hice. La pelea en términos futbolísticos podría decirse que tuvo a una gallega de menos a más (sí sí, Kesman chico lo dijo, pero se le escapó, esa es de fútbol viejo). Y por el lado de Namús encontramos a una boxeadora tan mala, pero tan mala, que uno que no sabe absolutamente nada de boxeo (excepto el concepto de que dos personas se entren a cagar a piñas arriba de un ring) se da cuenta. Claro, de esto no se percataron los jurados, quienes terminaron decretando como ganadora a la uruguaya. ¿Localistas? Es poco. Tengo el recuerdo de haberme sentado alguna otra vez a ver boxeo, y escuchar que uno de los jurados se llamaba Hugo De León. Hasta el día de hoy no sé si es “el Hugo” o si es otro, pero la cuestión es que ayer también era jurado de la pelea. Esto me lleva a pensar que es una especie de jurado internacional y que lo mandan a todas las peleas del mundo, y que seguramente estaba en aquella donde Tyson le comió la oreja a su rival; o que estas peleas están más armadas de lo que uno piensa y este Hugo De León siempre está disponible para una changuita de estas.
Es increíble darse cuenta de que el boxeo no es un deporte no solamente por el hecho de que dos cristianos se surtan arriba de un cuadrilátero; si le vamos a llamar deporte a esto entonces también llamémosle deporte al lanzamiento de botellas al muñeco, al insulto al línea, a correr el 151, a la meada en el árbol o al intentar llegar al fondo en un 407 a las ocho de la mañana. En cualquier deporte bien llamado el referee debe ser neutral; ta, aquí el referee es el mismo pelado desde que boxeaba Dogomar Martínez, pero te la llevo, dentro del ring el papel de un referee es menor (así a simple vista por un ignorante del boxeo), pero por lo menos los jurados deberían ser neutrales. Digo, tenemos a Argentina acá nomás, péguenle un llamado a la Asociación que corresponda y traigan un par de jurados extranjeros.
Esto de que los jurados sean de la misma nacionalidad que la botija uruguaya es poco menos que sospechoso; sobre todo para aquellos que sostenemos que es parte de un entramado del gobierno para seguir promoviendo el “knockout a las drogas”. En donde de a ratos se nos haga comer la pastillita de que es un plan que rinde, que saca boxeadores todo el tiempo, que pegan el pase a Italia y que aseguran su vida. Por eso a Cris Namús le traen a cualquier vagabunda que ande en la vuelta a pelear, para que siga yéndole bien y que el público coma que es una gran boxeadora.
Seamos sinceros, la gallega que peleó el sábado estaba comiendo golosinas minutos antes de pelear, que alguien me avise dónde está la conducta deportiva; yo si voy a jugar un fútbol 5 ya un rato antes no como nada porque nadie en este mundo puede hacer deporte luego de ingerir alimentos.
A pesar de todo esto el “bombón asesino” como boxeadora es parecidísima a cualquier botija de liceo que se agarra de las mechas con la compañerita por el plancha bobo que tienen de novio. No alcanza que se le traigan flácidas boxeadoras, veteranas casi retiradas, porque igual la surten durante diez rounds. Pero para esto estaban los benditos jurados; él, con su gorrita azul, sus lentes, su barba de una semana y su camperón Fila de nylon, la votó a ella igual.

Revelación

En un pequeño pueblo del departamento de Durazno vivía y luchaba un viejo peón del campo (aunque no tanto, los gajes del oficio lo hacían aparentar más). Don José (Artigas no, aclaro) tenía una esposa y algún que otro hijo por ahí, ninguno reconocido. Él no los consideraba como suyos, los llamaba como “la borra de algún vino”. Pero ninguno de estos había sido tenido con su mujer, la doña Isabel, “Isa” para los conocidos.
A José poca cosa le gustaba menos que viajar a la ciudad; un par de horas los separaban a él y su doña del pueblo. Pero muchas veces se les hacía necesario ya que necesitaban hacerse de víveres que el campo no podía engendrar.
En la mayoría de estos viajes don José se encontraba solo, ya que su mujer pocas veces salía de la casa por cuidar a los perros; fieles amigos de la pareja. Pero este domingo era diferente, doña Isa cumplía años y quiso visitar la ciudad junto a José.
Aprovechando el viaje al supermercado darían un paseo por la zona céntrica y visitarían algunas de las plazas para estar un poco en contacto con la gente de la ciudad. Pero tal plan nunca pudo llevarse a cabo, ya que apenas salían del supermercado una intensa lluvia comenzó a invadir las calles de la ciudad. Inmediatamente pasó de un domingo con gente en las calles a una zona puramente habitada por las gotas que caían furiosas del cielo.
José: Vamos a la pulpería de ahí a la vuelta, yo invito Isa.
Isa: No seas antiguo José. Ya no se le dice más pulpería, es un restauran ahora.
Apurando el trote avanzaron por las veredas esquivando los charcos que en pocos segundos se habían comenzado a formar. Hasta llegar al restauran, del viejo Pedro, que siempre supo ser testigo fiel de algún que otro tinto que José se tomaba antes de volver a su casa, luego de hacer las compras en la ciudad.
Mientras Pedro terminaba de servir un whisky a uno de los tantos fieles al lugar (de esos que uno nunca sabe si concurren todos los días por voluntad propia o son extras a los que se les paga para que la gente crea que siempre hay alguien en el bar), cuando escuchó que alguien se limpiaba los pies en la entrada, acompañado del sonido inconfundible de los pasos de una mujer.
Pedro: Pero qué placer que haya venido con su mujer don José, al fin se la conocemos.
José: Bueno bueno, no te hagas ilusiones. A esta ya la marqué hace rato.
Pedro: Mucho gusto señora. ¿Qué se les ofrece?
José: A mí un tinto como siempre, y a la doña un café. Hágame el bien…
Isabel: ¿Un caf…?
José: Un café dije, no se habla más.
Mientras que varios parroquianos torcían todo el pescuezo para estar atentos a la reacción de Isabel, ante tan dictatorial orden de José; ella solamente asintió con su cabeza y contestó:
-Con poca azúcar por favor.
Largo rato pasaron en el bar. Entre tintos, risas con algún otro parroquiano, algunos aperitivos para acompañar, y las clásicas charlas de fútbol. Isabel ya acostumbrada a estas larguísimas y solemnes charlas futboleras de José, se dedicaba mientras tanto a relojear el horizonte, para entretenerse y hacer que corra el tiempo más rápido.
En medio de una discusión sobre la existencia o no de los laterales carrileros Isabel interrumpió a José abruptamente:
Isabel: José, mirá esos que entraron recién.
José: ¿Quiénes?
Isabel: ¡Sh! (Cuchichiando) más despacio José, que nos van a escuchar.
José: (Acompañando en el cuchicheo) No los veo, ¿dónde?
Isabel: Esos de la mesa del fondo.
José: ¿Y qué tienen de malo?
Isabel: Y, son raritos.
Se trataba de dos jóvenes de no más de 25 años que ingresaron al lugar repentinamente, escapando de la lluvia que no cesaba aún. Claramente rompían con el paisaje autóctono del lugar, desde los colores llamativos hasta los propios estados físicos de los muchachos hacía pensar a cualquiera de los presentes que no estaban ante la presencia de dos asiduos concurrentes. En el mundo de los bares, todos se conocen entre todos.
José: ¿Raritos? Son unos botijas nomás.
Isabel: Sí José, ya sé que son botijas. ¿Pero no te parecen raros?
José: Deben ser deportistas o algo así. Esos gurises se andan vistiendo raro ahora.
Isabel: No sé. A mí me parece que son pareja.
José: No digas pavadas Isa. Si son dos hombres…
Isabel: Ya sé, pero deben ser “homosesuales”.
José: No, qué va. Mirá si van a ser “gueis” esos botijas, no ves lo bien que están físicamente. Deben ser deportistas, ya te dije.
La tarde transcurría y las charlas de fútbol también. Los laterales carrileros pasaban al ataque y la discusión era si había que tirar centro atrás o centro a la olla; con enganche o sin enganche. Y los dos jóvenes, muy cercano el uno al otro en la mesa, tomaban té.
José: A ver botija (dirigió su mirada hacia uno de los jóvenes). ¿Vos de qué jugás?
Joven: No, yo no juego.
José: Y tu amigo, ¿de qué juega?
Joven: No, él tampoco juega (al mismo tiempo que miraba a su compañero y esbozaban una sonrisa juntos).
José: (Por lo bajo) Ay estos muchachos, están para la jodita nomás.
Mientras Isabel insistía en cortar las charlas futboleras indicándole tal o cual gesto de aquellos jóvenes, que a ella le hacía sospechar que se encontraba ante una pareja de hombres. Pero José descartaba toda posibilidad argumentando que eran dos “jóvenes malcriados que lo único que hacen es estar pa’ la pavada”.
Isabel: (Cuchichiando) Mirá mirá José. Mirá cómo le pasa la mano por atrás de la espalda al otro.
José: No jodas Isa, ¿no ves que viene “fos-por” noticias? Subíle ahí Pedro, que los muchachos quieren ver también.
Mientras la voz del colorado Liberman ambientaba la escena del bar, junto a algunos cantos de envido, flores y contra-flores; los jóvenes seguían su acercamiento en la mesa, cada vez más. Uno le sacaba una basurita del pelo al otro, e instantáneamente Isabel llamaba la atención de José golpeándole el hombro para contarle. Éste pocas veces respondía, ya que su tinto y las noticias deportivas lo tenían atrapado.
Un andar muy quebradizo de uno de los jóvenes hizo que Isabel disimulara al mínimo su reacción ante el otro joven que quedaba en la mesa. Tal fue el exabrupto que ésta terminó derramando el vino de José, al intentar llamarlo y observar al muchacho al mismo tiempo.
José: ¿Qué hiciste Isa? Justo ahora que estaba viendo los goles de la fecha.
Isabel: (Cuchichiando, como siempre desde que entraron los jóvenes) ¿No viste cómo caminaba?
José: Qué se yo Isa, se estaría cagando…
Poco rato después, probablemente intimidados por las miradas sobre ellos, los jóvenes decidieron retirarse; acosados inclusive desde la ventana por la desesperada Isabel, quien nunca paró de observarlos intentando comprobar lo que veía.
Seguidos esta vez también por la mirada de José, quien la desvió del televisor durante un instante, porque la pausa comercial lo dejaba: ambos jóvenes comenzaron a besarse románticamente a las afueras del bar. “Dos de oro” casualmente decía un parroquiano que jugaba un truco; y así era la mirada de Isabel ante ese beso, que no hacía otra cosa que comprobar lo que venía diciendo, pero que igual la seguía sorprendiendo.
Isabel: ¿Viste que te dije José?
José: (Con el gesto incambiado, como todavía esperando que Fox Sports volviera de la pausa para ver los goles de Alemania) Y sí, a mí ya me había parecido raro que no dijeron nada del golazo de Messi…

La mirada desconcertada de don José. Al otro día aún no podía entender cómo los muchachos ni si quiera daban vuelta la cabeza para vichar los diez mejores goles de la semana.
PD: Historia inspirada en hechos reales.
PD2: Los lugares no son reales, ni tampoco los nombres de los personajes.

Cancionero infantil, parte dos

Continuando con esta sección, que poca repercusión tuvo (como tantas de las otras columnas, pero peor aún) analizaremos (yo, hablando en tercera persona) en esta oportunidad un tema muy controversial: El payaso Plín Plín.
¿A qué nos referimos con “un tema muy controversial”? A que como tantos otros temas del cancionero infantil, éste también posee un ritmo similar a otro; es similar al casi emblema de las canciones, que supera toda franja etaria, que logró pegar el pase al exterior del cancionero infantil para ser cantado por personas de todas las edades: el Que los cumpla feliz.
Ya sé lo que están pensando, Que los cumpla feliz no es una canción infantil. Pónganse a pensar un poco sino es infantil estar parado, mirando una torta con velas encendidas, aplaudiendo y cantando con un ritmo y letra simple, apto para ser aprendido por todo niño. Básicamente todos nos sentimos literalmente unos “pelotudos” cantándole el Que los cumpla feliz a alguien; quien además de ser adulado por todos tiene el privilegio de poder reírse de todos los giles que se lo cantan.
Sin más preámbulos (¿cómo me gusta el preámbulo eh?) el análisis del Payaso Plín Plín:
El payaso Plín Plín…
Estamos ante la presencia de un payaso con un nombre extraño, el señor Plín, de apellido Plín. Poco inteligente de parte de sus padres llamarlo de igual forma que su apellido. Es como esa gente que se apellida Ricardo, Ramón, etcétera, pero que cuentan con la suerte de que sus padres no cobraron venganza de una vida de mierda nombrando a su hijo de la peor manera posible. Entonces nos encontramos ante dos padres despiadados, con poco corazón hacia su pobre hijo (digo pobre de antemano, porque ya conocemos que su oficio terminó siendo el de desempeñarse como payaso).
Se pinchó la nariz…
Bueno, vamos a decir la verdad. Plín es un pibe con poca suerte; no bastó que la vida lo castigara cruelmente una vez, sin que le hiciera daño a nadie recibiendo tan espantoso nombre. Ahora desempeñando su labor conocemos mediante la canción que se pinchó la nariz. Es poco común digamos, no es normal que uno ande por la vida pinchándose la nariz; sí por ejemplo es cotidiano pincharte un dedo, un pie o hasta la propia boca comiendo pescado con espinas (lo que ya parte de un error, mal él comer pescado con espinas). Es curioso, sigamos viendo.
Y a los cinco minutos hizo fuerte achís…
Mágicamente nos encontramos ante el final de la canción, andaba inspirado el anónimo que la creó para expandirla como chisme de pueblo en temporada (Marzo a Diciembre es la temporada de chismes), como quien tira la piedra y esconde la mano. Bueno, volviendo a la canción, esta nos dice literalmente que Plín estornuda debido al pinchazo. Quiero despojar toda interpretación literal del tema, acá hay metáforas escondidas maullando como loco.
Recopilemos todo lo analizado anteriormente. Estamos ante la presencia de una persona que tiene problemas con sus padres, seguramente maltratado, con un oficio sin futuro, sin presente y que apenas si le aporta un sueldo para sobrevivir (lo cual ya me permito dudar). Hablamos de la nariz, hablamos de que estornudó por un pinchazo, hablamos de pinchazo. No caben dudas, en esa nariz enorme y roja escondía cocaína, la que lo ayudaba a sobrevivir a su vida maltratada, y a su vez para motivarse y cumplir con su oficio lamentable. Y el pinchazo en la nariz nunca existió, no seamos inocentes y descubramos la metáfora, Plín también se la daba con heroína.
La vida de Plín no fue fácil. Falleció de sobredosis a los 36 años, mientras trabajaba en un cumpleaños animando la fiesta. Cayó desmayado, horrorizó a todos los niños allí presentes, que ya desconfiaban al verlo ir cada cinco minutos al baño y volver rascándose la nariz.