Esto en mi patria se llama insulto



Durante meses vengo pregonando el buen escribir, y por eso sigan mi ejemplo para no escribir como lo hago. Pero acabamos de rozar lo agresivo. Si bien se trata del nombre de una Avenida, como verán, se trata del prócer de la Patria; y no hablo esta vez de Forlán ni del miembro del “pelado” Cáceres.
Hablo de José Gervasio. Ni Ancina se hubiera atrevido a escribir mal el nombre de su amigo de la vida, de su hermano de batalla, de su compañero del mate de las seis de la tarde, de su compañero de shopping los domingos luego de darle con la unión de los pueblos libres un rato, de su… Bueno, ¿su esclavo? ¡No! Callad esas palabras de mi boca, quitad de mis labios tales pensamientos, sacad de mi lengua estos… Porque tanta cosa en la boca me voy a terminar ahogando con el mate. Ahora sí, callad esos improperios al buen nombre de nuestro gran General (Chávez no).
Y si le entraba a la prima ¿cuál hay? Nuestro prócer actual le entraba a un chango porteño que se prendió de la fama igual que su hermana a otra cosa; pero esta última bien aferrada a lo que quería.
Me jugaría la soberanía de mi cabeza a que más de uno que me está leyendo, no entiende nada, ni de qué hablo. Lo dejo a vuestro buen criterio señores lectores, yo me voy a seguir chamuyando al pueblo con esto de las asambleas constituyentes, y por las dudas me voy vichando en el Google a cuánto anda el alquiler en Asunción.

K.O. a su carrera (bueno, igual ya se veía venir que iba a perder por puntos esa carrera)


Hoy escribimos con profundo dolor por la noticia que conmovió a todo el país: Chris Namús abandonará la práctica del boxeo. Algunos se preguntarán cuándo la empezó y otros dirán que fue lo mejor que le podría haber pasado a este deporte después de ver a Tyson bailando con Tinelli.
Se trataba de una botija con futuro, de una pugilista con clase, de una cara bonita con suerte (y claro que tiene suerte, no es fea la Christian, pero con la de agujeros que tiene esa cara, ha tenido suerte de mantenerla).
Atrás quedaron los tiempos en que Loli Muñoz se enfrentaba con nuestra gran promesa. Atrás quedó el trabajo de varios honorables jurados de nuestro boxeo. Atrás quedaron los machucones al “deporte más hermoso del mundo” (supongo que la gente a la que le gusta el boxeo dirá eso). Atrás quedó el “Knockout a las drogas” después de que no caminara más eso de apoyar tanto a una boxeadora uruguaya, llegando al punto del “como sea”.
Porque está bien que se le enseñe a la gurisada que no está bien eso de endrogarse, de robarle a la abuela la pierna ortopédica para venderla y poder encajarse con La Gotita. Pero tampoco es la idea llegar hasta las últimas consecuencias, no te digo que no se los ayude a los pibes que arrancan a boxear: digo, le pedís a Bentancur que te traiga un par de hondureñas así las surtís un rato y te crees esa historia de Rocky por un rato. Total a las hondureñas después las enviás a casas de masajes y nadie se da cuenta, tu boxeadora promesa se luce, tirás un par de cuetes al aire y dos o tres notas en Punto Penal.
Por su parte, la rival de todas las horas de Namús, Loli Muñoz se comunicó con nosotros y expresó su  tristeza por la reciente noticia que por medio nuestro se estaba enterando. "La verdad siento una profunda tristeza en este momento, si efectivamente se confirmara esta decisión, también tendré que dejar el boxeo. Y no me apresuro a decirlo, es que ya no tengo rival, una vez que le gané a alguien y ni siquiera me reconocen la pelea... como que esto del boxeo no era para mí, digo ¿no?”, confesó la boxeadora española mientras revisaba el motor de un auto en su taller.
“De corazón le deseo lo mejor en esto… Supongo que será lo que mejor sabe hacer. Digo… Bueno, la verdad no sé para qué es buena, para el circo supongo”, comentó Loli después que le leyéramos la noticia, en especial el segmento en donde Namús confiesa que “hay propuestas de hacer televisión, pero eso lo está manejando Sebastián (su representante, o ex representante, porque en realidad el que dejó primero el boxeo fue él y ella después; un poco raro esto, representantes sobran m’hija, y vos te quedás sin el tuyo y ya colgás los guantes, un poco raro, a Bentancur seguramente le hubiera interesado)".
Hay históricos del boxeo que hoy agradecen y casi-aplauden su retiro.  

El mundo del boxeo hoy se conmueve por la noticia y varios personajes de este ámbito han twitteado expresando sus opiniones, su dolor o su alegría:
Hugo de León: quiero aclarar que no tengo nada que ver con el jurado corrupto que le dio ganadas las peleas a Namús. Igual ta buena la botija.
Alejandro Balbi: lo que más voy a lamentar son las entrevistas antes de cada pelea, me hacía sentir un actor de hoolywood entrando a los Oscar.
Juan Pedro Damiani: el estadio de Peñarol es una realidad, lástima que sin equipo de básquetbol ni Namús peleando lo tengamos al pedo. Bueno, ya tenemos el proyecto para el de fútbol, faltan detalles.
Sergio Gorzy: ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá!
Mike Tyson: mi profundo dolor por la pérdida de una gran promesa. Hoy le arrancaron una oreja al boxeo y la pérdida es irreparable. Suerte Chris y nos vemos en el bailando!
Tyson Núñez: nunca tuve nada que ver con Mike Tyson, a lo sumo me boxié con algún flaco a la salida de Mariachi.
No hay dudas que el boxeo se conmovió y que se sacudió el ambiente con la noticia. Por nuestra parte también sentimos una pérdida irreparable. Acabamos de perder una fuente de inspiración que a lo largo de esta página significó una motivación especial para escribir. No hay dudas que ‘Fijate si puso la puerca’ hoy siente que perdió una hermana, una amiga. Quedate tranquila Chris, que nos cayó la ficha y los que hoy lloramos somos nosotros.

Nostalgia obliga les dejamos las dos anteriores columnas sobre Chris Namús, luego de las dos polémicas peleas con Loli Muñoz. Piñas no se merecen, se hacen, y Me taparon la boca. Digo, le taparon la boca, el ojo, la nariz

Para cerrar, una postal de nuestra boxeadora, indudable e innato el talento. No hay quien no tiemble ante esta postura agresiva de nuestro ex “bombón asesino”.

Esto de escribir y que no te lean está bueno porque los insultás y no se terminan dando cuenta, porque nadie te lee hasta el final


No es fácil hacer humor. Les confieso que jamás me preparé en ninguna academia, ni siquiera tuve algún maestro que fuera medio chistoso en la escuela. Al contrario, ir a la escuela está preparado para que uno sufra; ni te digo el liceo. Son batallas de supervivencia sin extremos algunos, o vas a salvar o vas a fracasar y empezar a condenarte el futuro adentro de esas cuatro húmedas paredes y sin calefacción en invierno. Al propósito de mi liceo: era discriminatorio. Un poco por una bendita reforma que hizo ampliarlo, y otro poco porque se les antojó; y claro que se les antojó, si unos alumnos tenían que sentarse en esos bancos en los que el propio cacique de la tribu Charrúa intentó cortar para leña, pero estaba tan dura la madera que simplemente los dejó machucados y medios entrecortados; y sobre ellos terminábamos haciendo los escritos, quién no rompió una hoja con tan solo apoyar el lápiz. Claro, tampoco podías apoyar la hoja en una cuadernola porque ya estabas copiando. Eso para mí es falta de profesionalismo, si no querés que copie de la cuadernola, ¡vigilame! Para eso te pagan, éramos 20, no te quejes y ganate el peso. Claro, pero no expliqué porqué era discriminatorio, unos escribíamos sobre madera chamuscada y otros estaban sentados en cómodos asientos recién llegados de la capital o vaya a saber qué planeta donde las personas son todas derechas y pesan y miden lo mismo.
Me fui un poco por las ramas. Jamás tuve una escuela para hacer humor, de hecho mi escuela era lo suficientemente triste como para engendrar toda una generación de abogados, médicos o periodistas deportivos. De paso les aviso que si puede alguien avisarles que ya pasó la fecha de los 125 años, pueden ir sacando esa pancarta.
Insisto, mi escuela supo engendrarme fracasado y ahí creo que se crió el bichito de mi humorada. Después les cuento más sobre eso, háganme acordar; porque les quería decir algo antes, sobre mi fracaso: desde quinto año me hicieron sentir la amargura de la victoria que pudo ser. Hablo sobre la elección de abanderados, no me vengan con que nadie soñó ser uno de los giles que cargan la bandera todo el acto; yo era uno más. No gozaba de popularidad, es cierto, pero contaba con algún que otro amigo como para recibir algún voto (sí, en mi escuela los abanderados se elegían por votación popular de los compañeritos; en la tuya no sé, no soy José Pedro Varela pa’ saber todo). Para llegar a que te voten tenías que ingresar en aquella “lista de honor”, es decir, aquellos alumnos con mejores calificaciones o hijos de maestras en cuestión. El problema aquí fue la inclusión de un “compañero” que se sabía que al año siguiente dejaba la escuela, ¿cuál era el problema? que yo no estaba en la lista, pero era el que ingresaba inmediatamente si alguien faltaba, era el primero de los desgraciados que quedaban afuera, el que por un puntito (u otra cosa) quedó por fuera de la “lista de honor”. Y eso señores fue trampa hacia mi persona, quedé sin la posibilidad de ingresar en aquella lista y por lo menos poder ser votado por una sola persona, pero no terminar siendo el segundo escolta de la tercera bandera (la de los Treinta y Tres); lo que finalmente me tocó ser. Visto con el diario del lunes creo que fue lo mejor que me podría haber pasado (aunque insisto con que fui robado vilmente), porque de permanecer en ese puesto “primero en los desgraciados” me correspondería tener nada más ni nada menos que el honor de llevar delante de los crá de los abanderados, la pancarta con el número de la escuela (ni nombre tenía).
Tuve entonces la fortuna de ser escolta, el último, ese que salía por detrás de todos cuando se retiraban los abanderados y al que todos los padres mirarían como diciendo “mirá, ahí está el gil que salió último en la votación, es el típico bocho pero que los compañeritos no lo quieren”; y nada más errado, lo de bocho digo.
Usted en este momento se estará preguntando qué tiene que ver todo esto en la formación de mi “yo humorista”: en todo, les responderé. Si yo no me río de mí mismo y desde el punto de vista del fracasado, quién más. El día que tengas todas las perdidas que yo tuve, venime a hablar. Muy fácil ser el crá de la escuela, el facha del liceo, el que las sabe todas en la facultad, y el que levanta de a carretillas en los boliches; pero sino tenés perdidas flaco, lo único que podés hacer es contar un chiste que otro haya hecho; otro frustrado como yo.

(Atención: los conceptos anteriormente vertidos son propiedad de quien lo escribió. Por más obviedad que sea estamos en la necesidad de aclararlo: no soy humorista, repito, no soy humorista, lo intento y creo fracasar menos que en todo lo demás; ¿o también? Ta, usted dirá que soy más un irónico que un humorista, bueno; andá a explicarle a las escuelas de standaperos que eso que hacen no se llama humor).

PD: un día fui abanderado, no recuerdo qué pasó pero algo así como una gripe porcina los dejó a casi todos sin ir a dicho acto; claro que de la bendita bandera de los Treinta y Tres. Bueno, no estuvo tan mal, lástima que en mi casa nunca me pudieron comprar esos “guantes de abanderados” blancos, y a mí un poco se me resbalaba el mástil con mis guantes de lana blancos. Otro infortunio fue que no existía la masividad de las cámaras fotográficas que hoy hay; por ende no hay registro alguno de ese día, ni mi viejo me vio, solo mi madre, la que todavía no maneja un celular, menos en esa época una cámara fotográfica.

Una especie de esta porquería podría haber terminado siendo. La suerte estuvo de mi lado, al menos una vez.

Parece mentira las cosas que veo


Luego me dicen que no (los duendes que viven en mi ropero). Cada día que pasa mi sensación térmica, sobre lo mal que se escribe, está creciendo a pasos agigantados; y de paso si ando con la cámara lo registro. Pensar que crecimos en un país donde en todas las escuelas nos machacaban lo bien que andábamos en esto de la educación; algo así como la Suiza de África o que en cada esquina había una un flaco pidiendo un peso para comprarse un libro.
Pensándolo bien debe ser alguna campaña publicitaria de estas nuevas que te cuentan chistes para venderte un producto. Debe venir por ahí, como aquella de "Pecsi" o cualquiera de las 1882 de Fernet (al principio estaban buenas, ahora ya ni las entiendo).
Y no me vengan los fundamentalistas estos que cinchan para meter cambios en el diccionario de la lengua española. Esos mismos que hablan de los cambios en la lengua, que la lengua se moderniza, que la lengua ahora te usa ipod y se toma el 121 con tarjeta electrónica y pide de dos horas. Esos mismos tienen nombre y apellido, mejor dicho nombre: planchas, no hay otro ser en este mundo que invente más palabras o le dé otro significado a las palabras; empezando por el nombre mismo de esta raza humana. Que las naves esto, que descansame lo otro, que curtís esto, que wachiturro lo otro; así no che. 
Claro, ahora me vas a salir con que los planchas no están pa' esa, y que son otros esos fundamentalistas de la modernización de la lengua. Pero che, todo te tengo que aclarar: claro que no son los planchas, pero son peor, son la misma especie de persona que si está de moda hacerse plancha, igual tenga 27 años, se van a vestir y hablar como tal. Y ahora no me digan que esas personas no existen porque te invito a dejarme tu dirección en los comentarios para ir a cagarte a trompadas.
Ojo, me parece una especie muy noble la raza plancha, de última son personas y tienen sus sentimientos, claramente han demostrado que son personas interesadas en la comunidad, preocupados por la seguridad en las calles y evitar los accidentes de tránsito; por eso la ropa fosforescente. Son personas con un gran sentimiento de solidaridad, con la letra "k" por ejemplo; la letra menos usada de la lengua española (el único idioma que la ha sabido explotar es el turco, y ahora el planchaje) es la letra más usada por esta raza. Y así con otras letras más, como la z, w, q, y la y.
En fin, siempre hay que ser desconfiados en esta vida pero no creo que se trate de una raza especial de chorizos, ni mucho menos. Lo bueno de todo creo que es el precio, en el estadio un choripan actualmente cuesta $60.

Algo así como un monólogo de la escritura


Escribir sobre escribir es una redundancia u otro nombre que en este momento no recuerdo porque seguramente lo aprendí en alguna clase de idioma español. Qué irónico esto de una materia que se llame idioma español, en todo caso, para mí, debería llamarse “aprender un correcto idioma español”, “pa’ escribir bien el idioma con el que naciste, gil” o “cómo escribir bien en español bajo la presión de dar parciales y exámenes, y así no escribir como un barra brava-graffitero”.
La verdad es que me dispuse a escribir sobre lo que significa escribir, porque directamente me tiene caliente ver que cualquiera escribe, por ejemplo yo. No me vengan con la libertad ni me salgan con que apoyo la censura; hablo de escribir, y bien. No significa que yo escriba bien, no, ni mucho menos, de hecho tengo graves problemas con la puntuación. Aquellos que me conocen (dos o tres) conocen mi evolución: pasé de no meter un puto punto y seguido ni punto y aparte, a meter puntos por todos lados. Tomá, punto.
Y mirá que nací en un país donde las escuelas varelianas estaban prediseñadas para que uno vea a su paisito como uno de los que menor índice de analfabetismo tenía. Hoy, sin pruebas algunas me animaría a decir que debemos ser de los países más analfabetos del mundo, conocido, porque en cuanto descubramos algo más allá de nosotros peleamos el descenso seguro. O por lo menos jugamos la promoción contra algún país de Venus (los venusianos te vienen muy cachondos y como que no le ponen muchas ganas al tema de hablar y escribir, van directo al grano sin chamuyo previo; capaz que ahí tenemos chances de salvarnos).
A usted lector, si ya no dejó el texto hace dos párrafos, le aburriría mucho si me pongo a hablar de los chats, el facebook y el uso de las nuevas tecnologías, que deshacen al idioma español como la lagarta a las canchas de nuestro país hace unos años (¿es el chat la nueva lagarta?). Pero es la realidad, se ve que solamente yo tengo la suerte de escribir con la extensión de caracteres que quiera, sin que me cobren un peso de más (no hablo de los celulares, ahí te abrevio como todo cristiano con tal de que no me salga más de un peso), se ve que a la mayoría de las personas les cobran si escriben demasiado.
Y nunca falta el que me viene a decir ahora “¡ay! No entendés nada nene, Twitter te permite nada más que 140 caracteres, y Facebook nada más que 500”; a vos te digo entonces: hacelo en dos twitts, gil.
En fin, yo quería hablar sobre la inspiración, sobre el por qué de uno mismo ante la computadora para ponerse a escribir. ¿Por qué no lo hago ahora entonces? Me preguntarás, no sé, no tengo más ganas, me calenté.

Recurrí nuevamente al recurso “colocar la primera foto luego de googlear la palabra en cuestión”. En este caso: escribir. Es lo que salió, pero ya que está me hace pensar que estamos ante dos especies en extinción: la escritura sobre un papel, con lápiz o birome; y la letra cursiva o como algunos maestros tan oportunos le llamaban: manuscrita. Tiempo después descubrí que ni una cosa se asemejaba a la otra, todas eran manuscritas porque las escribíamos con la mano, y una letra como la que estoy escribiendo también puede ser cursiva si hago esto por ejemplo, o sea que no sé cómo llamarle a ese tipo de letra; bueno, ya podría quitar la cursiva. Y por otra parte usted se está preguntando por qué la escritura en papel es una especie en extinción, yo le contesto a usted: no sé, a mí no me regalaron una One laptop per child o sea que no sé cómo funciona la cosa ahora, pero utilizo mi sentido común y supongo que hoy los pendejos ya no escriben en el cuaderno de Deberes ni en el de Clase, sino que tendrán en Mis Documentos una carpeta que diga Deberes y otra que diga Clase, al lado de Fotos Pornos.

Segunda parte de la entrevista conmigo mismo

Debido al rotundo éxito de la primera parte les entregamos una segunda, con preguntas punzantes, yendo al fondo del asunto y descubriendo en detalle a este personaje excéntrico y poco feliz que tiene por vicio escribir en este blog; o sea: yo.
¿La vida te sonríe?
Yo creo que no. Viste cómo es la gente hoy en la calle, nadie te sonríe y justamente cuando lo hacen vos tenés lo auriculares puestos y no sabes qué dijeron antes de que se rieran; ¿por qué el 99,9% de las personas que te hacen una pregunta cuando vas por la calle, no se dan cuenta que tenés los auriculares puestos? Y digo 99,9 porque seguramente alguien se dio cuenta alguna vez, no es mi caso claro.
Pero bueno, me preguntabas si la vida me sonríe. Te vuelvo a decir que no, para mí a lo sumo me hace una risita por compromiso. Esas risas a las que estoy acostumbrado a recibir durante toda mi vida, ya que no soy gracioso, pero capaz que esa persona era muy amiga entonces se ríe un poquito, aunque vos te des cuenta que no le hizo gracia.
Pensándolo bien no entiendo tu pregunta, es muy pelotuda. Digamos que podrías haber preguntado algo más simple como “¿sos feliz?”, pero no, siempre rebuscándotela para hacer una pregunta complicada, ¿no que eras periodista o algo de eso estabas estudiando? Claro, estudiamos lo mismo, es cierto; pero ya ven, ni yo mismo me acuerdo lo que yo mismo estudio (ese yo mismo que me está preguntando ahora). Ahora entiendo esa gente a la que por primera vez le contesté “estudio comunicación”, y luego le respondí “es periodismo, publicidad, esas cosas…”; a la segunda vez que me lo preguntaron se los respondí, a la tercera si esa persona me caía bien o era una mina que me quería levantar también, pero sino ya me agarran de boludo. Vuelvo a preguntar ¿por qué mierda nadie se acuerda lo que estudio? Eso para mí presupone que a esa persona le importa un pito lo que yo estudio, pero entonces no me queda claro, ¿por qué vuelve a preguntármelo? Bueno, no sé, hasta el día que me reciba voy a estar dando explicaciones sobre qué carajo soy.
Bueno, se te fue la mano con la respuesta flaco, achicá. Hablemos de tu adolescencia, ¿qué cosas te dejó esa etapa de tu vida?
Y la verdad me dejó un par de fotocopias de mala calidad que acreditan mi bachillerato terminado. ¿Mujeres? Ninguna. ¿Dinero? Nada, perdí mucho en fotocopias que no leí y rifas que nunca gané. ¿Y amigos? Muy poquitos, es más, durante mucho tiempo en el liceo no sabía si convivía con adolescentes de mi edad o con científicos que se encargaban de estudiar el fenómeno metafísico que se daba en el momento que yo reía. Básicamente lo que pasaba era que cuando me reía no emitía sonido. Y mirá que me mandaba las tales carcajadas, pero no, ni un “ja ja ja” me salía, nada. Cuando eso me llevaron a estudio, primero con médicos locales, que luego de escucharme la respiración con ese aparato que con forma de auriculares se conectan en las orejas, y mientras me van palpando el pecho y la espalda simultáneamente a un “a ver, respirá hondo, soltá el aire”; me recetaron un Perifar.
Después me llevaron a centro fuera del país donde me pusieron a prueba. Me expusieron a una hora de chistes de Corona; me reí sin emitir sonido en los dos primeros chistes y después me dormí luego de bostezar 16 veces. Después me sentaron en un sillón comodísimo a mirar dos horas y media de Video Match, y terminé llorando. No hubo caso, no me encontraron la vuelta, hasta que un día me levanté y “ja ja ja”; largué tremenda carcajada en casa; después de eso me internaron por esquizofrenia.
Qué duro… Bueno, hablemos más de tu infancia. ¿Qué más te marcó en tu etapa escolar?
En realidad en mi etapa escolar no hubo mucho que me marcara, me acuerdo que me calentaba que mis padres no me dejaran llevar trincheta. No era que iba a matar a cuanto compañerito se me cruzara (bueno, ganas no faltaban pero uno con la corta edad que tenía ya era consciente del futuro que me avecinaba si llegaba a cortarle el cuello al hijo de una gran puta que se sentaba atrás), yo creo que mis padres tenían miedo de que empezara a cobrar venganza de todo lo que me pasó en el jardín.
¿Qué más te pasó en el jardín? Que nos puedas contar.
Básicamente lo que te decía antes, no había día que llegara al jardín y alguien no me agarrara de punto. El muchacho éste que me hizo tragar arena, que prefiero no dar nombre, por eso llamémosle Diego Pérez, me atormentaba todos los días. No había día que yo no cobrara con él. Que arena de acá, que meté la cabeza en el wáter, que bajale la pollera a aquella, que insultá la maestra o comés arena de nuevo; así no se podía. Encima la maestra, como quien dice, a ver, cómo decirlo educadamente sin faltar el respeto de nadie, ni herir sensibilidades: se rascaba a dos manos.
Es más, la hija de puta no solo se hacía la distraída si a mí me estaban sumergiendo en el arenero, sino que en alguna de las oportunidades en que yo llevaba un juguete propio (para conversar con un autito aunque sea y que el resto de mis compañeritos se molestaran entre ellos) me lo escondía porque supuestamente estaba ostentando ante mis compañeros, mostraba algo que capaz mis compañeros no podían tener; etcétera etcétera, algo así como lo que dijo Bonomi hace poco.
Claro, cualquiera de ustedes en este momento estará pensando que la maestra hizo bien, y capaz que yo también te puedo dar la razón en ese punto de vista; pero para todo hay un pero, y ese pero es que la… Quiero ser lo más educado posible porque nunca se sabe sino está en frente al monitor en este momento dicha maestra, y quizás me recuerde, y quizás recuerde lo que hacía conmigo, por eso intentaré ser lo más respetuoso posible. Dígamoslo: espero que me estés leyendo, vos maestra de jardín, devolveme los autitos de juguete que me sacabas y nunca devolviste. ¿Los disfrutaron tus hijos? Bueno, ahora ya deben ser grandes, podés devolvérmelos.

A menor escala claro, pero doy fe que es idéntico a uno de los que me robó la maestra. No sé, pero en el Código de la Niñez y la Adolescencia debería decir claramente “no hay niño que pueda progresar como tal si no tiene sus autitos de juguete”. Por su parte el Código Penal para mí debería penar de 10 a 15 años con prisión al hurto de autitos de juguete. Engaño, robo, traición; díganle como quieran, pero yo todavía espero que me los devuelva.

Meeee... ¿eh?


En tiempos del ipod, ipad, iped y de Alejandro Apud; encontrarse con este paisaje en el siglo XXI es poco menos que una experiencia religiosa. No como mandarse una ostia y mangarle un traguito de vino al sacerdote pa bajar el cacho de galleta (que me lo desmientan, pero la ostia tiene gusto a la tapa de las galletitas, no el relleno, sino lo que viene a ser galletita -que para mí son y serán siempre "bafles"-). Un atentado lo último que acabo de hacer.
Capaz que estamos ante la presencia de una nueva moda de nuestra sociedad. Hoy son los perros, para algunos son los caniches, y para otros la imitación a mano del perro homosexual de Susana Giménez; pero no quita que mañana no te salga a la rambla un cristiano vestido de bombacha gauchesca -pero de marca-, camisa a cuadros, boina delicada y cuidadosamente colocada de costado, botas (nunca con bosta en su suela) y matera con la cara del Guapo Larrañaga grabada a fuego; acompañado por una correa y su respectiva oveja.
Claro, seguido a esto vendrá la masificación de la moda y por ende toda clase social contará con su simpática oveja; y así entonces comenzará la competencia por quién tiene la oveja de aspecto más afeminado. 
Las clases bajas las tendrán como pueden, la clase media tendrá su oveja, más cuidada que sus hijos, pero no tanto como su lcd; y las clases altas las peinarán a la moda, vestirán con la camiseta de la Selección, las llevarán a restaurantes lujosos, a academias de aprendizaje, y apenas logren su mayoría de edad tendrán su propio gaucho.

Pintó hacerme una entrevista

Lo sé, estoy robando. No estaba duchándome, paseando el perro (que no tengo), papando moscas en la facultad, u orinando en la vía pública (gran momento reflexivo si los hay) y me cayó la idea; no.
La idea es robada, es cierto y ya lo dije, pero en sí estoy creando algo nuevo, porque nunca me entrevisté a mí mismo, y ninguna de las autoentrevistas que andan en la vuelta fueron a mí. De hecho no podrían haberme entrevistado a mí si se autoentrevistan, a menos que posean una doble personalidad en la cual una sea la mía y la otra una especie de Jorge Traverso que me siente en un sillón para preguntarme sobre mi vida y si estoy feliz.
La entrevista la tenemos pactada desde hace más de dos meses, pero sinceramente no había tenido tiempo de sentarme a preguntarme (ahora usted se preguntará por qué publiqué cosas a lo largo de estos dos meses y no me senté a autoentrevistarme, es simple: nunca me agarré con tiempo).
Noche fría en el hogar, tarde ya con los silencios de la casa que hacen retumbar pequeños sonidos, como el fuego de una vieja estufa a gas que no deja de latir. Esperemos que no explote. Viste campera de lana negra, abrigada, pantuflas de pana, pantalón deportivo (tengo la teoría que este pibe los tiene adheridos a la piel, nunca se lo ve de jean, es un fundamentalista del deportivo), por encima del pantalón son visibles las medias verdes a rayitas marrones, bien masculinas.
Antes que nada buenas noches Bochita, ¿comenzamos la entrevista, te parece?
Como no, estoy a tus órdenes como siempre.
¿Recordas aquella vez que tragaste arena en el jardín?
La verdad que sí Bochita, aunque realmente no quisiera recordarlo. Tampoco entiendo por qué lo recuerdo, porque nunca falta alguien que te diga “¿te acordas cuando vos eras chico y “x” cosa bla bla bla?”, no, nunca me acuerdo; sin embargo de aquel día que tragué arena no me lo olvido más. Todavía recuerdo la cara del delincuente, cada vez que lo veo en la calle me pongo a llorar como aquella vez. En realidad la cosa era así: yo llegaba todos los días al jardín y siempre uno me agarraba de gil; pero ese día se fueron al carajo, de pico contra el arenero terminé. Por eso cada vez que veo la arena lloro, o no sé si es por eso o porque me da vergüenza mostrar mi tórax en la playa, habiendo tanta escultura humana uno se siente un desgraciado ahí.
Qué tema el de la playa che… La última vez que fui a una tenía seis o siete años y me acuerdo clarito que me achicharré como un huevo frito, una yaga viviente era; un disparate. Otro gran tema el de los protectores solares, ahora te vienen de todo tipo, color tamaño, factor esto, factor lo otro; “dame uno que sirva pa’ mí” siempre le digo al de la farmacia que siempre me mira asustado por el blanco servilleta que luzco.
¿Me fui al carajo no? Vos cortame…
No no, siempre es un placer escucharte.
Bueno, tampoco tan así.
Sí, es cierto, no es tan así. Tampoco tenés una voz celestial ni algo que se le parezca. Seguimos con la entrevista, ¿qué te ha dejado tantos años como estudiante?
Te aclaro que todavía lo soy. Y bueno, minas seguro que no, plata menos, amigos algunos, y drogas tampoco. Digamos que el ambiente del estudio no da para mucho más que para ir a clase, escuchar y obedecer como milico. Bueno, tampoco quiero entrar en temas de la dictadura ni huesos ni nada que se le parezca, no quiero marcar postura sobre un tema tan delicado.
Creo que lo que me ha dejado tantos años de estudio es una certeza enorme sobre una cosa: termino la carrera y nunca más en mi vida sigo estudiando. Bueno, también podría agregarte algo: jamás sería docente. Digo, la vida del docente no me va, y ojo que está todo bien con los docentes que mal o bien hacen su trabajo, te harán esperar un mes, mes y medio o dos meses por una nota pero no creo que lo hagan de mala fe. Yo por ejemplo soy apurado pa’ docente, estoy seguro que en la primera clase les pongo un escrito porque me encanta eso de corregir y poner notas, ver la cara de frustración que ponen y además pa’ medirse uno con las minas a ver si uno tiene levante con las pendejas. En realidad es un misterio que jamás develaré porque eso de la docencia, como te decía, no me va, básicamente porque quiero ganar plata.
Tu relación con el fútbol.
Ta, pero ¿la pregunta?
Bueno, si vos sabes lo que te voy a preguntar ¿para qué cuestionás?
Es cierto, tenés razón como siempre. Me imagino que vas por el lado de qué es el fúlbo para mí. Yo creo que es todo, yo creo que actualmente son esas ganas que reventaron luego de que en mi infancia y adolescencia (donde no tuve cable) se creara un monstruo futbolero con un deseo sin satisfacer. Entonces apenas tuve cable es como que reventé, todo el día fóbal, que fútbol inglés, que fútbol uruguayo, argentino, francés, marroquí, sub 17, sub 20, mayores, Juegos Olímpicos, Mundiales, Libertadores, Sudamericana, Champions, Europa League y alguna otra que seguramente me estoy olvidando, pero le mando un saludo grande.
¿Es cierto que solo una vez  ganaste en un boliche?
Sí, francamente te soy sincero, para qué mentirte a vos ¿no? Soy un perdedor nato, es la verdad. En los boliches perdí siempre, ¡si habré rebotado! Capaz que el peor error que tenía era sacar a bailar a alguna, cuando yo no sé bailar ni el vals. Pero si estamos para contar las ganadas contémoslas ¿no? La primera vez fue hace unos años en la Ciudad Vieja, la verdad es que es una anécdota siempre linda de contar para todo el mundo. Estábamos con un amigo mano a mano tomando algo y vemos dos chiquilinas, una de ellas muy provocativa al bailar; “mirá esta puta bailando”, dije. Rato después, no sin antes haberme cruzado con una flaca de lentes (no recuerdo el nombre, solo sé que tenía 17 años en un boliche para mayores de 18, qué raro ¿no?) y me hizo un pequeño cuestionario sobre mis gustos y mi personalidad, así como estás haciendo vos ahora pero con un leve nivel de cachondeo, creo que la noche la debe haber puesto así y seguramente alguna amiga le dijo “agarrá lo primero que encuentres”. Entonces después de eso estábamos con ese amigo y pasan delante nuestro las muchachas a las que poco tiempo atrás llamamos “changos”. Mi amigo, tan bueno él, tomó literalmente a la más fea (no la que bailaba como puta, la otra) y dijo “te presento al amor de mi vida”, dejando libre el camino para que yo intercambiara opiniones con la bailarina sensualoide. Entonces ahí estábamos en un momento crucial, cara a cara, mirándonos a los ojos, diciéndonos cosas con la mirada; yo la miraba como diciendo “si bailás así acá, me imagino lo que debes bailar en otro lugar más cómodo”. Se ve que no me entendía, porque me quedaba mirando, no entendí bien qué quería decirme con la mirada pero supuse algo así como “decime algo flaco porque agarro a mi amiga, que una vez en su vida ligó algo, y nos vamos”. Cuando ya prácticamente me insultaba con la mirada, media hora o 45 minutos después, un amigo de mi amigo (de esos que nunca conoces, que ni el nombre sabes, y que hoy años después ni la cara recuerdo, de hecho al otro día tampoco recordaba su cara), decidió presentarnos –no sin antes preguntarnos a cada uno e insultarme a mí por ser tan gil- y entonces así dar comienzo al diálogo. Poco diálogo pasó, pocos pases de baile que ensayamos, bastaron para que poquísimo tiempo después nos encontráramos en un chuponeo por todo el boliche. Lo gracioso de todo esto es que mi amigo perdió feo con la amiga de la que yo gané, ya que ésta se fue con un pibe que hasta ahora recuerdo la esencia de su cara tan extraña. Tiempo después perdí yo con esa porquería del Pacífico.
Me emocionaste Bochita, contame alguna perdida.
¿Tenés tiempo?
Resumí, si podés.
Ta difícil, voy a ver qué sale. Perdidas tengo miles, como te decía. Recuerdo alguna perdida en la que me fui con la cabeza en alto, como aquella vez que estaba con dos amigos y nos encontrábamos en frente a tres minas, entonces accedimos a invitarlas a bailar. Claro, yo lo hice por descarte y con una que me tocó justamente por descarte. Entonces le metí pocas ganas, recuerdo que tenía tan pocas ganas que fue un logro histórico, no llegué a cruzar palabras con la muchacha. En su momento hasta me pareció divertido, pero no quiero imaginarme la mala impresión que le dejé; por suerte me pasa como con la mayoría de la gente que te he relatado, no recuerdo ni la cara.
Después no solo con mujeres perdí en los boliches (qué momento para el lector, usted estará pensando que el autor está a punto de confesarse homosexual y mañana esto será tapa de todos los diarios), porque también me pasó, y me pasa, que ni siquiera puedo entrar a uno. Como te habrás dado cuenta no me pongo un jean ni de casualidad, y viste como es, sino te ponés jean no entrás a ningún lado; así es la gente ahora. No quiero volver a tocar el tema de la dictadura, pero yo creo que estamos en la dictadura del jean, en la dictadura de la “buena presencia”, en la dictadura de las ideas que un jean promulga. Se me dirá que los jean no promulgan nada, yo te digo que para mí sí, para mí una persona que usa jeans piensa diferente a la que anda de deportivo. No vas a comparar al que anda con los huevos apretados con el que está libre y cómodo; para mí los grandes pensadores de la humanidad usaban pantalón deportivo. ¿Vos te pensás que un Newton cuando te inventó la teoría de la gravedad estaba de jean? Imposible viejo, de jean no te podés sentar debajo de un árbol, aparte, si te sentás y después te pican las hormigas te la regalo el laburo que tenés pa’ sacártelas de encima.
O pensá en los grandes pintores de la humanidad, los Picasso, los Miguelángel; ¿se van a poner un jean con lo caro que son para andar pintando? No muchacho, se ponen un deportivo viejo por si se manchaban. O fijate un Van Gogh, no tenía ni dónde caerse muerto ¿y se iba a comprar un jean? Vos calculale.
Hasta aquí la entrevista que me realicé a mí mismo. Nada más narciso, nada más al pedo, nada menos creativo, nada más original. Les prometemos que seguiremos trayéndoles más secciones de esta entrevista que dio que hablar, a los vecinos del barrio que no entendían lo que veían por la ventana: un individuo preguntándose y hablándose a sí mismo a las dos de la mañana.
Imagen del entrevistado y entrevistador, preservadas para mantener la seguridad e integridad del mismo. No porque se haya dicho nada polémico, sino para evitar todo tipo de golpizas callejeras al grito de “tomá idiota, entrevistate ahora”, o simplemente una orden médica que exija una internación de inmediato en algún centro de salud mental, más conocido en la jerga como “loquero”.

Se viene

Nos separa muy poco tiempo para el comienzo del campeonato uruguayo, del campeonato local del campeón de América, ni más ni menos.
Como las columnas trascienden fronteras nos debemos al público y entonces debemos explicar algunas cosas sobre nuestro fútbol. Cualquiera diría que se trata de un fútbol exquisito, cargado de buen fútbol, o lisa y llanamente que todos los cuadros meten, los jugadores muerden hasta hacerse echar, y de vez en cuando encuentran algún gol de pedo. No tan así, tenemos de todo, pero lo seguro es que no tenemos otro Luis Suárez.
Los equipos se van preparando para el comienzo de la temporada (sí, acá jugamos a la europea porque quisimos evitar que nuestros jugadores se vayan y entonces así adaptar los calendarios; no logramos ni una cosa ni otra, todavía no le encontramos la vuelta a esto de ajustar las fechas de los cierres en los períodos de pases).
El campeón, Nacional, prepara su nuevo equipo –el Nacional del Muñeco- con amistosos varios; yendo de aquí para allá. Algunos dirán que tanto viaje está pensado para después ponerlo sobre la mesa como excusa, en el caso de que las cosas no salgan. Y otros aseguran que Gallardo tiene un serio problema: no sabe decir que no. No parece descabellado; su intención era descansar seis meses junto a su familia, pero sin pensarlo demasiado Nacional le ofreció agarrar de dt y no supo decir que no. Le ofrecen a cualquier argentino y como el Muñe es tan bueno, tan noble con sus compatriotas, incluso si le ofrecen un argentino que lo único que hace es provocar faltas; no puede decirles que no. Lo invitan a jugar un amistoso en Colonia y no sabe decir que no. Lo invitan a Rosario y allá van. Lo invitan a jugar contra el descendido River y tampoco sabe decir que no; ni si quiera puede decirles “¿no podría ser una semana antes? Digo, así no tenemos que andar a lo loco yendo, y viniendo”.
Y así se apronta el tricolor, haciendo un tour por ciudades de nuestro país y de la vecina orilla, encontrando el funcionamiento, y algún gol. Y goles faltan, y rumores sobran. A esta altura ya se rumorearon todos los centrodelanteros que alguna vez fueron goleadores del campeonato argentino, en la década de los 90’. Pero claro, estamos en el país campeón de América, en un club donde nunca falta el orgullo de haber preparado para vestir la gloriosa Celeste a infinita cantidad de jugadores; además de prepararlos para los clubes más importantes del segundo orden europeo, alcanzándoselos al precio de un volante mixto brasilero o argentino, de 27 años.
En la vereda de enfrente (no literalmente, de chico siempre pensé que donde entrenaban, la sedes, o sus estadios, se separaban por una calle; pero no, solo se trataba de una mentira más del periodismo, o en realidad de otra frase repetida de un periodismo incansable de metáforas, no nuevas, las mismas) ocurre algo similar pero en otra parte (lo confieso, me perdí y no sabía para adónde agarrar después del paréntesis; no sabía ni qué decir pero si borraba tenía que borrar el paréntesis, y en mis mandamientos de vida está segundo “nunca borrar un paréntesis”, después de “autoanalizar lo que digo, adentro de lo que digo”; ta, metele un punto viejo).
En fin, hablaba de Peñarol, el subcampeón de América, el sub campeón del continente Celeste (una contradicción del razonamiento gorzyniano) prepara su temporada realizando una gira por Europa, jugando contra equipos que pelean el descenso en sus países, pero para no sentirse menos alguna vez en su vida juegan contra el Campeón del Universo. Déjenos descreer. Hay algo raro en esta gira casi secreta de Peñarol, se dice que jugaron contra el Porto (el campeón de la Europa League, sí, ése mismo) el mismo día en que la Selección uruguaya jugaba la final de la Copa América; el hincha de Peñarol no se enteró, lo vino a saber luego de que Ovación titulara “Peñarol empezó el año con goleada”. Detengámonos un segundo en esta situación: hincha de Peñarol, pero además uruguayo, recientemente campeón de América con una felicidad inmensa; decide ingresar a la web y ver fotos y todo tipo de cholulada que le toquetee aún más su ego. Encuentra entonces dicho título y le trae instantáneamente dos pensamientos a la cabeza: primero; “ah, cierto que jugábamos con Porto hoy” (en el mejor de los casos), y segundo; “¡le ganamo al porto nomá! ¡Peñarol Peñarol! ¡Gallina te querés matar!” etcétera, etcétera. Una felicidad inmensa, un momento increíble para el hincha carbonero que está a punto de ponerse su camiseta nuevita, comprada este año, para salir a la calle a festejar por duplicado. Se dice que más de un hincha de Peñarol se vio por las calles al grito de “¡Peñarol pa’ todo el mundo! ¡Lo goleamo al Porto, al Porto!”, pero no tenemos la confirmación, solo fue un rumor más de Ovación. Usted lector desprevenido estará pensando “¿el uruguayo se alegra tanto por ganar un amistoso?”, no se equivoca. Siguiente paso: el hincha ingresa a la noticia, y se encuentra con que su equipo fue goleado por el Porto, “¡hijos de puta!”. Y último paso: hincha carbonero con furia copando las calles, desmanes en 18, desmanes en el propio Estadio Centenario, destrozos. No exageramos, Ovación fue el culpable de lo que hoy es un Estadio Centenario destrozado.
Estábamos hablando de la preparación secreta de Peñarol, antes de desarrollar mi septuagésima octava teoría conspirativa. Nadie sabe si la gira es cierta o se encuentran bajo tierra realizando trabajos de concentración, rejuvenecimiento de un año más a Darío Rodríguez, en base a un tratamiento con aloe, soja y arándanos. O probablemente se muevan por un alcantarillado secreto (del estilo tortugas ninjas) que nadie sabe si existe pero dos por tres vemos las cloacas y a nadie se le ocurrió entrar para saber qué hay, así que probablemente exista dicho alcantarillado. Y en estos momentos Aguirre, su culo, Osvaldo Giménez y Welker, se encuentran raptando juveniles de otros equipos. He aquí la razón de que Púa esté al borde de ser cesado, fuentes cercanas a Aguirre asegurarían que Púa no está físicamente en condiciones de correr por el alcantarillado luego de raptar un juvenil. “Varias veces se nos quedó el gordo, tuvimos que parar y darle con el tanque de oxígeno porque se nos iba. Gracias a él perdimos a más de un botija, lo tuvimos al Coates este ¿me podrás creer? Pero justo al gordo se le dio por parar para pedir una pizza, y nos descubrieron”, aseguró una fuente secreta.
Seamos justos, tampoco vamos a decir que el partido contra Aris Salónica fue simulado en los Aromos, con la gente de Peñarol de fondo (era igualita la hinchada ¿vieron? No hablo solo de los colores, gil), con las banderas de la gente de Peñarol; tampoco somos tan conspirativos.

Y así marcha la preparación de los grandes, a la par de un país que se siente campeón de América y se lo hace saber al Mundo, en el que somos cuartos; pero de esto el Mundo seguramente ya se olvidó. Claro que también existen equipos chicos (por favor no más a la denominación “equipos en desarrollo”, es más insultante). Bella Vista es uno, se apronta para su debut copero y con su carrera meteórica seguramente podemos decir que es el nuevo campeón de la Sudamericana (ganó la B, ascendió, clasificó a la Copa). Claro que todavía está por saber en dónde juega su primer partido de Copa contra su correligionario (Bella Vista –el cuadro del Papa, los papales- contra la U. Católica), no hay apuro muchachos, el partido es mañana; que Dios los Bendiga.

Por las dudas que existan desprevenidos que no conozcan nada del fútbol uruguayo más allá de los ojos inyectados en sangre de Lugano. Un saludo al Guille.

En imagen el hincha referente de la institución. Como podemos verlo con su brazo extendido seguramente entonando alguna de las canciones de hinchada, y algún canto en contra de su clásico rival. “Oh Wander anti cris, anti cris, anti cris, Wander anti cristo”, “Oh sos igual a Judas, Wander puto, parece’ Buda”; algunos de los cantos, que no tienen mucho sentido pero bueno, ¿qué canto de hinchada tiene sentido?

Así se sentía esto de ser campeón

Está todo bien con Mario Bardanca, lo aclaro, pero me acalambró el oído con la palabra “proceso” en cada oración que emite. Por eso no he intentado ni leerle los labios en todo el día. Y eso que hoy vale todo, hoy vale escuchar a Niembra, hoy vale escuchar a Scelza y emocionarme, hoy vale reírme de los mismos chistes de Romano.
Yo voy a estar alcanzando las 1000 visitas en la columna y el ómnibus que lleva al plantel no ha llegado al Estadio. Y hablando del plantel, yo creo que empezaron a demostrarse problemas en la interna del grupo para con dirigentes. ¿O ustedes se creen que fue en chiste el pedido de comida de Forlán? No viejo, eso fue un claro reclamo de mejor organización a los dirigentes.
Está bien que estos muchachos hoy en día son próceres, pero estos próceres no están en retratos pintados ni en bustos a la entrada de la Intendencia; son humanos y necesitan morfar. Eso de “vengan pa’cá”, “vengan pa’llá”, “que ganame a Argentina esto”, “que ganame la final lo otro”, “haceme una conferencia de prensa”, “atendeme al pelado Pastorino así no jode más”, “súbanse al avión”, etcétera.
A pesar de tener un kamikaze (literalmente) en la mitad de la cancha logramos ser campeones. En Argentina, país que en este momento se volvió ese boliche al que vamos todos los sábados, ese salón de fiestas que alquilamos todos los años para el cumpleaños del botija, ese ómnibus que siempre tomamos aunque otro nos sirva, pero le tenemos cariño y nos subimos igual; en fin, algo tenemos con la tierra vecina y/o madre patria.
Se siente bien ser campeón. Aunque digamos que uno por la labor periodística, atendiendo todo lo que pasa, para luego escribirles; aguantando las increíbles ganas de mamarme y salir a la calle al grito de “Zaira pú, ésta es para vos. ¿Cuál? Ésta… Copa”.
Volvimos a las raíces que en el tiempo nos hicieron grandes, volvimos a las mismísimas épocas de antes; literalmente, en el Estadio Centenario en este preciso momento (1:22 am) están prendiendo una fogata. Por el frío claro, y de paso “andá a comprarme unos chori”, se habría escuchado según fuentes cercanas.
Ya que hablaba de la labor periodística, les soy sincero, muchas veces me tenté con poner Fox Sports y deleitarme con las críticas a la Selección Argentina, con las frases que hace no más de tres años se escuchaban aquí. Que nuevo técnico esto, que Batista es un analfabeto lo otro, que se necesita un proceso, que hay que jugar con los de acá, que falta identidad, que no tenemos identidad, que hay que cantar el himno y que es un equipo sin identidad; me encanta, pero también tengo que cambiar de canal porque tanto halago hacia nosotros me empalaga.
Tengo serias sospechas que ahora mismo comenzaron a sembrarse dentro de mi cabeza retorcida y cargada de teorías conspirativas. Sebastián Bauzá no existe. Contundente lo mío, pero tengo razones; este tipo no puede estar todo el tiempo en más de un país y al mismo tiempo. Estaba en México con la sub 17, estaba en Argentina en todos los partidos de la Copa, estaba en la fiesta de 15 de la sobrina del primo de la madre, le comió la oreja a Ortigoza para distraerlo (no le encuentro otra explicación al muchacho éste, no puede errar tantos pases y perder tantas pelotas tontas), se lo vio en Los Comediantes de Maxi de la Cruz dando una mano con los reidores, tuvo que darle una mano al vendedor de gorros y banderas de 18 y Acevedo, al grito de “haaaaaay banderas gorros”, repartió los carteles de Pilsen (esos que seguramente te venían con un marcador de regalo y algún slogan que dijera “Pilsen fomentando la libertad de expresión), y después de eso le sopló las bolsitas al de las garrapiñadas, mientras te daba una declaración.
Otra incertidumbre es la batería del celular de Forlán, pero bueno, es el prócer de la patria, dénle de comer y no discutan más che.
Sin más los dejo, con la satisfacción del deber cumplido, aunque no haya podido lograr una acreditación que me acerque al lugar de los hechos para traérselos a ustedes. La Selección aún no ha llegado al Estadio, es cierto, pero prefiero prevenir que la espera me haga romperle la cara a alguno, para sacarme el frío nomá.
PD: Reafirmo el concepto de que volvimos a los tiempos de antes, el universo Vtv en este momento filma con un celular. Bueno, es cierto que antes no se filmaba con celulares, pero con esto del HD y esas manos…
Les dejo un regalito para los muchachos de la albirroja. Digo, en esta foto por lo menos van a verlo quieto y en una de esas se imaginan que logran ganarle un mano a mano.

Ahí viene, ahí viene



Vivimos en tiempos donde el fútbol es más importante que el trancado precio del dólar o las discusiones eternas sobre las mineras.
Y si en Uruguay hoy hablamos de fútbol, hablamos de la Selección Uruguaya. Y si hablamos de la Selección Uruguaya hablamos de "la celeste". Y si hablamos de "la celeste" hablamos de su gente. Y si hablamos de su gente hablamos de la ola.
Recordemos, la ola no es un invento uruguayo como las tortas fritas, el mate, el fútbol de botones, la fecha libre, el "al fondo que hay lugar", o los semáforos part-time*. La ola, señores, es mexicana. Sí, mexicana como los tacos, el tequila, el Chavo del Ocho, y las novelas con finales en casamiento.
Según los expertos en olas, se inventó en 1986; año en que México organizara el Mundial. Hasta el día de hoy los espectadores divierten (?) el espectáculo con este paisaje de masas que se organiza.
Claro que no fluye así nomás. Siempre comienza en un sector, con un grupo de 20 a 50 personas que son los precursores de la misma, y que con insistencia le darán comienzo con el objetivo de que todo el estadio se una al ritual.
Parte del rito también es la sensación de "se acerca". Parecidísimo a lo que se siente cuando en el ómnibus uno sigue con la mirada a la bella dama que busca asiento, y efectivamente se sienta al lado de uno. Podríamos decir que pasa lo mismo con la ola; esa excitación, ese fervor colectivo que ingresa todo junto en uno esperando para pararse y levantar los brazos, en un gesto técnicamente denominado como "de pelotudo". Para comprobar finalmente lo mismo que con la dama en el ómnibus, pasó, ya se sentó; y terminó. Y termina la ola, y se baja del ómnibus la dama luego de 15 minutos en los que uno no se decidía con qué comenzar la charla. Pero ahí  viene la ola de nuevo, y la excitación vuelve; ahí se sube otra dama, bueno, ésta no está tan buena, veremos qué pasa.
*Les cuento a ustedes, queridos lectores, que en el interior del país existen semáforos a los que les denomino "part-time", ya que funcionan normalmente durante el día, pero en la noche se mantienen en luz amarilla intermitente. Claramente un invento uruguayo.

¿Cementerio-de-los-elefantazo?

Un nuevo 16 de julio, una nueva hazaña, un nuevo local que marcha en manos nuestras, un nuevo estadio enmudecido, un nuevo animal que nos deja con 10 todo el partido.
Hace un tiempo vengo teniendo la sensación que al fútbol argentino le está pasando algo que me suena familiar. Jugadores que militan en Europa, a gran nivel, pero en la selección nacional pasan sin pena ni gloria. Equipos en el medio local que si llegan a la semifinal de una copa internacional se ponen contentos, y el periodismo habla de “campeones morales”. Sobrevaloran el hecho de obtener un campeonato local. Grandes sumidos en la intrascendencia. Y el Chino Recoba de turno, a otra escala (porque son más que tres millones pelados), para Argentina es Messi.
A veces el fútbol parece increíble, generalmente lo es. Ahora, no es serio que Uruguay elimine siempre, pero siempre, absolutamente SIEMPRE al organizador del evento.
A ver, en términos cotidianos llevémoslo a un ejemplo. Un cuarentón, otrora gordito de la clase, hoy gordo oficializado, organiza un asado para reencontrarse con sus compañeritos del liceo; esos que durante años lo gastaron. Pero siendo fiel al dicho popular (era un gordo bueno), jamás les tuvo bronca. Compró la carne, cargó los casilleros de cerveza, las fundas de refrescos, armó la picada, compró la leña, prendió el fuego, y se perdió las mejores charlas en la picada porque el gordo boludo estaba haciendo el asado afuera con 10° bajo cero. No solo que el gordo se sacrificó por sus compañeros, con la ilusión que cuando coman el asado pudiera compartir hermosas charlas de recuerdos y anécdotas; sino que mientras trabajaba una costilla se le ocurrió preguntar “¿y el Tito? Hoy lo vi, ¿dónde se metió?”. Nadie contestó. Pero la costilla estaba tan brava que el gordo hasta se olvidó. “Aguantame que les alcanzo unos escarbadiente’”, dijo el gordo mientras se dirigía al dormitorio para luego encontrarse con una sorpresa. El Tito estaba en pleno acto sexual con su mujer, “¡gordo! ¿tan listos los chori ya?”, decía el Tito mientras se subía los calzones.
Alguna de las cargadas que ya empiezan a circular en internet.

No hay caso. Hoy no hubo pelota abajo del brazo, lo más parecido fue el colero del pelo de Cáceres, que justo se le desprendió el moño y tuvo que jugar un rato con el pelo suelto; toda una hazaña. No hubo copa de por medio, de copas se fueron varios para ahogar las penas de la derrota en el alcohol y las mujeres de fácil acceso a la zona mixta. Tampoco se jugaba en un estadio para 200 mil personas, y además algún que otro uruguayo había. En el 50’ no habían Sergio’s Gorzy’s, ni tampoco teníamos 398 periodistas acreditados en Maracaná. Nuestro capitán era Obdulio, todo un símbolo; hoy a nuestro capitán le dicen “la Tota”, se mira al espejo y le pregunta al de al lado mientras se revuelve un poco el pelo “¿cómo estoy, Mota? ¿Doy malo, qué decís?”.
Capítulo aparte para el señor Álvaro “Palito” Pereira. Desconocemos el origen del apodo, y no pretendemos investigarlo, por las dudas. Pero estamos hablando de un hombre, con todas las letras, incluso te hace sonar la “h” si quiere. El famoso “ida y vuelta” por la banda izquierda le queda chiquito, se aburre y hasta te hace un gol. Con ese rostro de hombre sufrido, fijate que te corrió más de 100 minutos y viene de tener un hijo; con todo lo que esto último conlleva. No me vengan con que el hijo no es un problema para descansar bien porque Palito está concentrado con el plantel, ¡mentira! ¿A caso se piensan que la mujer no lo llama cada 15 minutos? Así son las mujeres viejo, el pobre muchacho estaba yendo al piso para barrer y/o reventar a Messi mientras te calculaba cuántos paquetes de pañales tenía que comprar en la farmacia que le quedara en el camino.
Y si creímos que el Ruso Pérez había sido capaz de todo en el Mundial, estaban más o menos acertados. Desde el primer minuto debimos quedarnos con 10, claro, no hay referee que todavía haya echado a un jugador al minuto de juego (no me vengan con estadísticas de Finlandia, donde el Larrionda finlandés echó un jugador a los 45 segundos). Claro que el Ruso es inteligente y sabía que sino lo echaron al minuto, tarde o temprano lo harían, por eso decidió acomodar todo lo que se le cruzara por el camino. Eso sí, con la mano en el corazón felicitamos al Ruso por el gol que tanto merecía, hace un año.
Y por acá los voy dejando, queridos lectores, me esperan horas y horas de televisión argentina. Recordando los viejos tiempos del periodismo deportivo uruguayo, donde todo estaba mal, donde ningún jugador venía por la camiseta, donde los centros había que tirarlos al punto penal y no por detrás del arco, donde los repatriados venían a pasear, ir de putas y jugar (en ese orden). Gracias querido Uruguay por darme esta alegría que ningún uruguayo en el 50’ pudo tener. Sí, es cierto que fuimos campeones del Mundo en aquel entonces, pero ellos no tuvieron jamás la oportunidad de ver horas y horas de Colorados Liberman’s, de Fernando Niembro’s, de Quique Wolff’es, etcétera, etcétera. Además, los brasileros no son tan graciosos cuando pierden. “Al gran pueblo argentino, salud”, estará diciendo Gorzy en algún bar en estos momentos, mientras paga la vuelta para todos los argentinos allí presentes; dando origen a una nueva leyenda que seguramente alguien lo lleve a libro, mañana o pasado.
Algo que nunca entendí son los arqueros o sea quien sea, que no miran los penales. Flaco, a vos te hablo: ¿sabes lo que daría yo por estar ahí adentro? Si tuviera la plata o la acreditación pertinente estaría ahí mismo mirando todito sin mariconear diciendo “¡ay no quiero ver, no quiero ver!”. Me calenté, mirá.
PD: Mencioné un par de veces el tema de las acreditaciones. No sé, capaz que alguien con “influencia” me lee y me considera de importancia sustancial en el humor del pueblo uruguayo, y en una de esas me tira una acreditación para la semifinal. Bienvenida sea.

Anécdotas de boliche (¿primera y última parte?)

La historia a continuación narrada está basada en hechos reales. La similitud o coincidencia con los nombres se debe justamente a lo que les acabo de decir. Se pide disculpas de ante mano por todo comentario ensañado o con mala intención. De hecho, todo está escrito con mala intención. Aunque en realidad no queremos tener problemas, por eso cambiamos los nombres reales, perdón, esto ya lo dije.
Como siempre estamos pendientes de ofrecerles a ustedes, señores lectores, nuevas ideas y mayor desparpajo; acunamos una nueva idea para poner en práctica. El proyecto se trataba de una especie de “anécdotas de boliche”. Aprovechando nuestras vacaciones (sí, tengo vacaciones cuando otros no tienen) concurriríamos a varios boliches para ofrecerles a ustedes una crónica detallada de lo que acontece en la noche uruguaya.
La noche en el interior del país ya se palpitaba. Los motores típicos de la noche de sábado en Villa de la Floreada se escuchaban rugir cada vez que se enfrentaban a una vereda, en donde había gente dispuesta a maravillarse con tan reconfortante sonido. Las ofertas de siempre, los únicos tres boliches. Comenzaba la recorrida…
Comenzamos por el más nuevo en la ciudad. Suponiendo quedarnos en él ya que sería donde más gente había (por lo nuevo, a la gente le llama la atención lo nuevo, igualito a un niño razonando); además de que no teníamos plata para entrar a otro. (Aclaración: hablo en tercera persona por el complejo de futbolista que llevo adentro, ya lo había dicho pero el público se renueva; eso sí nunca lo dijo nadie).
Dicho boliche novedoso lleva por nombre “Soy Blanco y superior a vos campesino de mierda”. Llegamos temprano, el público (15 personas) se impacientaba afuera, ya que los porteros decidían hacer avanzar a la gente de a poco, para que dicha multitud no se amontone y entonces evitar problemas, discusiones, insultos, gritos, cánticos de guerra, disparos o el típico boludo que grita algo gracioso cuando la masa está esperando ansiosa, algo como “apurate que me estoy cagando”. Mientras, el público restante contemplaba el sonido ambiente de los motociclistas que exhibían sus motores ruidosos, su apuro por llegar a destino (algo los debe apurar a estos engendros, no puede ser que anden al palo en la moto todo el tiempo, además tengo la sensación que cuando pasan por una calle donde no hay gente que los mire bajan su velocidad, pero obviamente no lo puedo comprobar, a menos que mire detrás de la ventana, pero tan al pedo no estoy) y sus caños de escape averiados; un placer musical.
Pispiando a través de los porteros pude ver un cartel manuscrito que intentaba representar las reglas del derecho de admisión; bendito seas. Dicho manuscrito claramente legible por cualquier telescopio decía algo así: “NO SE PERMITEN GORROS NI CAPUCHAS”; nos quedamos tranquilos, el boliche ya no se llueve. Acotación: en su pasado dicho lugar –con otro nombre: “Lo del peludo en inglés”- solía ofrecernos paisajes turísticos increíbles. Días de lluvia se volvían un atractivo lugar para los amantes de las cascadas, pero al oscuro.
Miré mi atuendo y dije “opa, tengo capucha, mientras no me la ponga no tendré problema, supongo. ¿Qué hago? ¿Me la cortaré? (a la capucha mal pensado de mierda). Probemos, de última arranco para los otros boliches, mal yo en ponerme una capucha para un lugar con el ISO 666 ‘libre de capuchas y gorros’; para la próxima ya sé”, la gente me miraba razonar en voz alta, y comenzaban a tenerme miedo.
Decidimos entrar. Ingresando con el miedo de que mi capucha sea detenida a la voz de “alto señor, usted pasa, su capucha no”. Todo transcurrió con normalidad hasta llegar a la puerta (esa normalidad duró un metro), donde me vi obligado a levantar la cabeza, que escondía una mirada temerosa por el futuro de mi capucha, cuando escuché “alto señor, de pantalón deportivo no se puede entrar, reglas de la casa”.
En ese instante sufrí lo que científicos franceses llaman “deja vu”, ya que meses atrás recibí la misma orden de detenerme al intentar ingresar a un boliche de la ciudad Sarandí Chico, llamado “Ceniza Volcánica”.
Puerta del boliche. Detrás estaba el cartel manuscrito.

Como siempre pensamos en nuestros lectores (¿haremos bien?) decidimos no llevar dicha discusión hacia las armas de fuego, por eso emprendimos el viaje hacia un segundo lugar, al que más hemos concurrido en nuestra vida (se me fue la mano con la tercera persona y no puedo parar): “Europeo Colonizador y la puta que te parió”.
Al llegar, luego de toda la caminata necesaria para trasladarnos de un lugar a otro (cuadra y media), nos percatamos de que dicho boliche consta de dos entradas. Las malas lenguas dicen que por una puerta uno entra a un boliche con un nombre, y si sale por la otra, sale por la puerta de otro boliche, con otro nombre. Creemos que consiste en un misterio como la desaparición de las bermudas floreadas o Ricardo Fort.
Ta-te-ti de por medio decidimos entrar por la puerta de “Europeo Colonizador y la puta que te parió”, ignorando la puerta de “Desenfoque Bar” (Dios Bendiga al Traductor de Google).
Poca gente se divisaba afuera, parecía lógico ya que hacía frío; y en el interior hace frío de verdad. Bueno, la idea no es volvernos un uruguayo más y quejarnos de nuestro tibio invierno comparado al europeo o a cualquier otro; digamos que tenemos un invierno bastante flojito como invierno. Mucho frío sí, pero nunca una nieve, nunca un niño haciendo angelitos en el suelo. Un día intenté hacerlo pero el excremento de perro no era lo mismo que la nieve. Es todo un mercachifle que nos viene por televisión, nos muestran esos suéteres gruesos, mejillas rojizas, muñecos de nieve en la puerta de la casa, malvaviscos y estufas a leña en todas las casas, con sus medias navideñas esperando el regalo. Mientras que acá nos tenemos que fumar frío, lluvia, estufas a gas, paro del gas, muñecos de mierda en la puerta de mi casa, mutualistas saturadas, y gente en televisión que aconseja que nos vacunemos; esa no me la creo, en esa vacuna estoy segurísimo que nos quieren enchoclar la Navidad europea o alguna bacteria del consumismo. Por eso nunca me vacuno.
Me fui a la mierda. Estábamos en que me habían disparado en una pierna y un policía estaba herido. Perdón, estábamos a punto de ingresar al boliche. Como no hubo que hacer cola ingresamos directamente al hall que hace de boletería antes de ingresar al lugar. Apenas mi pie izquierdo pisa el lugar cruzo miradas con el vendedor, quien realiza el mismo movimiento con la mirada que el portero del anterior boliche; dirigiéndose hacia mis piernas. Antes que pueda decirle “¿qué me miras? ¿el bulto?” se anticipó diciéndome “no se puede entrar de pantalón deportivo. Ya lo venimos avisando por todas las vías habidas y por haber, de comunicación (facebook). Son reglas de la casa, disculpame en serio. De verdad disculpame, me siento una mierda haciendo esto pero es mi trabajo y cumplo órdenes. Es más, voy a largar mi trabajo ahora mismo y decirle la verdad a todo el mundo. ¡Sí! ¡Lo admito! ¡Soy demasiado sensible para portero de un boliche de mierda que tiene menos seguridad que un Cerrito - Rentistas en el (Parque) Maracaná, y la puerta de emergencia está dibujada con lapicera al lado de la puerta del baño de hombres, atrás de los casilleros de cerveza! ¡Renuncio! Me voy a vender productos de Nuvó.
Se exaltó el portero. A pesar de su renuncia igual no pudimos ingresar, las reglas de la casa seguían siendo las reglas de la casa. Inmediatamente me dirigí a la otra puerta, la de “Desenfoque Bar” (¡oh! Alabado seas Traductor de Google), en donde no necesité poner un pie cuando el portero me miró como diciendo “no flaco, ya escuchaste al mariposón del portero anterior que va corriendo allá por la esquina gritando y llorando”. Sin mediar palabras me sentí como ellos querían que me sienta, ignorado, excluido y con ganas de hacer correr sangre inocente con una molotov reventando el hall de entrada para que se propague enseguida a la barra de entrada y que el alcohol en abundancia haga destruir por completo el piso de abajo, haciendo que también se destruya el de arriba ya que caería inmediatamente.
Luego de ese segundo cargado de nobles pensamientos hacia el prójimo agaché mi cabeza y tomé la misma dirección que el maricón del portero que acababa de renunciar, ante la mirada atónita de los excluidos en la vereda de enfrente, y la quiosquera que asomaba la cabeza entre medio de los caramelos masticables y las pastillas mentoladas.
Mi rumbo era mi hogar, mi cama y acostarme a dormir indignado. Ya las crónicas de boliche estaban echadas a perder, mi tristeza por ustedes, los lectores, me había ganado. A una cuadra se encontraba el tercer y último boliche, “En tono de grises”, al que nunca había ingresado. Y tampoco iba a ser ésta la excepción, simplemente me acerqué a la puerta con la intención de consultar si mi apariencia era bienvenida. La respuesta fue la misma, y ya entré a pensar que esta gente tiene un casette adentro, “reglas de la casa”.
Volviendo a mi casa, mientras me limpiaba alguna ceniza que quedaba en mi ropa iba reflexionando. Y jamás llegué a una conclusión.
¿El portero que renunció? Oí por ahí que llama todas las mañanas a la radio. Protesta indignado sobre el tema del momento (la justa medida de plata a entregarle al recolector de basura a fin de año que hace sonar un silbato y todos tenemos que suponer que quiere plata y por ende salir a dársela; pasear el perro con correa de cuero o con cadena forrada de plata; o centro con luces azules es de maraca o de ciudad del interior en desarrollo), y aprovecha para ofrecerse como laburante en “cualquier tarea”.
Un poco extraño el nombre del boliche. Bueno, para qué discutir, son reglas de la casa. Esas permisivas que dejan entrar a cualquier persona a pesar de que la capacidad del lugar haya sido superada en un 300 %, y terminar matando. ya no por la última gota de alcohol, sino por algo de aire para respirar. Claro, ahora entendí, para que no se llene no dejan entrar a los que van de pantalón deportivo. Aunque el portero le explique a uno que científicamente está comprobado que las personas que visten pantalón deportivo o usan gorra generan violencia y técnicamente “termina en quilombo”. “Lo dicen las estadísticas, lo dicen las estadísticas”, repetía el portero que explicaba por qué no debía entrar uno al lugar, luego que el anterior portero corriera gritando y llorando.