La columna de Chanchito


Hola, mi nombre es Chanchito y hoy tengo ganas de hablar de Rodrigo Romano. Yo sé que el pueblo lo admira, que la gente repite sus apodos, repite sus chistes, repite, repite, repite… Igual que RR, como quién dice.
Sí, ya se habló de este individuo en el blog, pero hace tiempo, la gente se olvida, y al nabo que escribe ya nadie le cree nada, por eso ahora vengo yo a hablar del relator del fútbol uruguayo.
En primer lugar, estoy asustado. Los periodistas deportivos en este país tienden al infinito, y hay pruebas que mejor no mencionaré porque no quiero ser acusado de morboso o directamente de hijo de puta. Entonces tenemos Rodrigo Romano para rato.
En esta era donde todos quieren hacer humor (y nadie lo logra), ni los relatores de fútbol se salvan de esto. Ahora, hace más de diez años que este muchacho hace chistes, el problema es que no pasa como con los espectáculos de stand up, que año a año renuevan los chistes. Se me dirá que se mantienen un año entero haciendo los mismos chistes, sí, lo hacen, pero este muchacho (Romano) lo viene haciendo durante años, y años.
Usted en este momento estará detestándome a ultranza, y yo sé que no es la mejor manera de arrancar esta serie de columnas que comienzo a escribir. Lo sé porque está de moda, como tantas otras cosas, admirar a Rodrigo Romano; y eso también se viene repitiendo desde que inventó el “¡fierriiiito!”.
A las sistemáticas repeticiones de repeticiones quiero sumarle una: le aburre el partido. Es cierto que nuestro fútbol carece de vistosidad, excepto alguna moña de Macchi o un caño de Carlitos Díaz, pero usted (Romano), labura de esto, ¡no se me aburra che!
Es una constante en cada partido (y no miro muchos) que se cuelguen a hablar de temas X. ¡Pero muy X eh! Y por ende ¿qué pasa? Se comen goles. Y ahora no me vengan con criticar al director de cámaras, exijo respeto por la oportunidad que se le dio a un discapacitado mental para trabajar en una empresa de primer nivel.
Dejemos de lado esa capacidad de repetir el mismo plano en diferentes cámaras lentas durante cinco minutos y medio, y concentrémonos en el momento abrupto donde pasamos del slow motion a la pelota dentro del arco.
Qué sensación fea, qué impotencia, qué ganas de pegarle al muchacho. Bueno, no me lo critiquen más, pobre discapacitado, eso se llama discriminación. Quiero concentrarme en el relator, y también en su comentarista: ese muchacho que habla rápido, para adentro y en voz baja, casi como un paraguayo. ¿Estos tipos se encuentran de espaldas a la cancha? Porque si el director de cámaras se come el 70% de los goles que se televisan, vaya y pase, pero al mismo tiempo el relator grita “viene el remate ¡gooooooo…!”, en el mismo momento que el futbolista ya está empezando a festejar el gol. Y palito para el comentarista, que también está de espaldas mirando el monitor y no fue capaz de “bueno, vos ves un rato la novela, yo miro la cancha y te pego un piñazo pa avisarte cualquier cosa”, no, no es capaz.
Para cerrar y terminar de ganarme el odio de las masas (ni tanto, son tres millones, el día que alguien de afuera me valore, me voy a la mierda y todos ustedes se pueden ir a… Mirar la previa de Tenfield), quiero comentar otra cosa: el cliché que inventó para la racha goleadora del Canguro Porta. Por si alguien no la tiene junada, el relator, en cada festejo de gol del Canguro, grita: “in-so-Porta-ble”. Bueno, acabo de decidir censurarme, no voy a comentar nada, el entrecomillado habla por sí mismo.
Hasta la próxima, amigos.
La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse.

Chanchito en plena acción. Tuvimos que borrar la marca de la computadora, no queremos tener más problemas legales, además de los que vendrán por las columnas de nuestro personaje estrella. ¿Por qué lo de “estrella”? Porque engalana nuestros textos con su presencia, y porque puso como única condición que se le proporcione un vaso de agua mientras escribe, ese vaso que ven en imagen.

Crónica de otro partido que no terminé


Nuevamente el verde césped (sintético) se engalanó con mi presencia. Con la presencia de un jugador muy discutido, un jugador que a veces no corre (porque no puede), un jugador de lagunas importantes dentro de los partidos (del tamaño de tres lagunas Merín y medio), pero con destellos (destellos nomás) que demuestran una clase que jamás se explotó en mi persona.
Una lesión en el calentamiento me había marginado durante mucho tiempo. Una lesión atípica por el tropezón con unas baldosas al oscuro, que me provocaron una caída de pico al piso donde me rompí todo el muslo derecho. Parte del muslo aún está adormecida.
El partido transcurría parejo, como de costumbre perdí la marca en algunas oportunidades. Pero bueno, estaba falto de fútbol, de “taiming” y de estado físico. Ojo, llegué al encuentro con una preparación intensa en lo físico: en un mes salí una vez a correr, corrí tres kilómetros y quedé al borde de la hospitalización. Les decía, un partido parejo donde tomamos un par de goles por llegadas tardes para marcar, pero con la pelota zafaba.
No es poco este último concepto, generalmente juego poco, digamos que tengo una frecuencia bimensual. Pero extrañamente me encontraba seguro con la pelota, algún pase fallido pero sin mayores consecuencias, distribuí bien el balón, por momentos (dos veces) manejé los hilos del ataque, y hasta me animé a rematar de afuera, poco y no la apreté demasiado, no vaya ser cosa que me sienta del aductor. Pero también fui generoso, llegué en posición de ataque por izquierda y cuando tenía remate (un poco difícil por el achique del arquero) decidí tocar hacia el medio donde venía un compañero mejor ubicado. Tá, sorprendido por mi generosidad estando en frente a un arquero, el muchacho supo definir.
El momento de tirar un caño no se había dado. Les cuento: yo disfruto mucho más tirando un caño, que haciendo un gol. Sí, son decisiones personales, pero bueno, a alguno le gusta la carne en barra y a otro el jamoncito crudo.
Hasta que llegó el momento donde tenía que demostrar toda la habilidad nata (y un poco de aprendida, no en vano miro tanto fútbol), una pelota entreverada (por incapacidad propia de tener un balón entre las dos piernas, ni una ni otra, entre las dos, aclaro: soy zurdo) que dejé en el mismísimo lugar donde la tenía, pero con movimientos extraños, bailoteos, amagues, fintas, comencé a desarmar mi cadera. Mi cuerpo estaba poseído, sentía un espíritu ajeno en mi cuerpo, por pocos segundos sentía que el alma de Neymar se había adueñado de mi ser, decidí tocar con zurda hacia afuera para escapar, luego de acomodarla un poquito con una rabona con derecha, hasta que… Siento un volcán, un camión con acoplado, una aplanadora con silenciador, algo que mi vista no registró: un patadón de atrás.
Las pulsaciones estaban a mil revoluciones por segundo, el corazón latía más de lo normal porque lo peor era un fantasma que sobrevolaba entre mis pensamientos. Apenas siento el golpe de esa hacha en mi tobillo derecho, solo atino a saludar atenta y cariñosamente a su madre. Pero yo ya estaba en el piso, ahí tirado, con claros gestos de dolor, señalando al árbitro que llamara a la sanidad porque en ese mismo momento ya sentía cómo me apretaba el calzado por la hinchazón que tenía. Se me fue la mano, no jugábamos con árbitro. Ni la solidaridad de un rival (ex compañero, y claro, es un fútbol 5) me calmó, yo solo buscaba una cosa: boxear al que me bajó. Solo lo suponía (de quién fue hablo, fue de atrás, ¿no entendiste?), porque no alcancé a ver su matrícula. Claro, habían cuatro posibilidades, porque a quién intentaba eludir no puedo contarlo como posibilidad, y dos eran los probables. Alguien sumaba todas las fichitas, alguien que ya me había esguinzado un tobillo por una fuerte entrada de atrás, y otro con el que sistemáticamente tengo problemas. ¿Personales? No, de maneras de ver el fútbol, el problema es que lo resolvemos siempre a su manera. Algún día resolveré a mi manera, tirándole un caño.
Ojo, personas que me conocieron en mi adolescencia estarán desconfiando de lo que escribo, es cierto, yo era uno de esos raspadores que la ausencia de tarjeta roja en un fútbol 5 hacía que mi libertinaje fuera mi método de juego. Hoy soy otro, hoy acepto al diferente, hoy disfruto de la pelota con todas mis limitaciones a cuestas. Solo sueño con tirarte un caño, nada más pido ese regalo a la vida, pero temo que ese día… Ese bendito y ansiado día, no podré contarlo nunca.

Tengo el agrado de presentarles a: Chanchito


Un uruguayo más: le gusta el mate, se le lava fácil pero con los amigos se hace el crack y dice que a él no se le lava. Le gusta pasear por la rambla, y una vez al mes decide salir a correr por la misma para ponerse en forma; termina agotado y no vuelve a correr hasta mucho tiempo después. Le gusta las tortas fritas, causa por la que intenta salir a correr. Te mira el informativo y se indigna, critica a Jorge Traverso e idolatra a Homero Rodriguez Tabeira. En fin, un uruguayo tipo, de esos que va a ver a su cuadro cuando éste va ganando.
Ya pudimos verlo en la foto de portada del Facebook, y sabemos que lee nuestras columnas. Por ser uno de los pocos lectores que tenemos decidimos darle participación en nuestro intento de hacer humor. Intento, como ese que le da la patada a la moto una y otra vez pero nunca la hace prender; de igual manera le damos patadas al humor pero nunca lo logramos hacer andar, a lo sumo nos tiramos por la bajadita de los chistes.
Aquí está la foto de la que hablamos:
Chanchito soñó con ser periodista deportivo pero la puerta estaba cerrada. Terminó el liceo sin problema alguno, ya que no le funcionaba eso tener amigos y entonces tenía tiempo de estudiar. Por su pequeño sobre peso fue “tomado de punto” todo el tiempo por sus compañeritos, quienes hoy respiran tierra y se alimentan de lombrices; sobre todo aquél de labios gruesos que le gustaba repetir el mismo chistecito todo el tiempo, y a medida que pasaba el tiempo más gracia le hacía a él mismo, sonrisa que apenas podía verse detrás de esos labios poco comunes en un ser humano y sí en una vedette argentina.
La adolescencia la pasó sin pena ni gloria, en realidad ningún adolescente normal pasa esa etapa de su vida de gloria: si sumamos el tiempo derrochado discutiendo con los padres, otro porcentaje –largo- sentado en un banco del liceo, más disgustos por su cuadro de fútbol o amorosos, estamos ante la presencia de una vida de mierda que tendrá algún momento de alegría cuando le gana al jenga a su abuela.
Como dijimos: Chanchito es un uruguayo más. Próximamente tendremos más novedades sobre este pintoresco personaje que nos deleitará con su humor, con su opinión, y por qué no, con críticas a obras de teatro, programas de televisión o películas.
Aclaración: su rostro será mostrado de a poco, por eso en ninguna foto aparece de frente. En el futuro cercano su rostro será la imagen del Fijate si puso la puerca, si bien de guacho era gordito, hoy es un pibe fachero.



El reloj me atrasa solo


Un título poco sugerente, pero apuesto a que muchos de ustedes han pronunciado esta frase alguna vez. Sobre todo hace diez años atrás, o ahora, que se volvió a poner de moda usar reloj. Confío en que entenderán de lo que hablo, ahora, ahí nomás en el siguiente párrafo.
No es casualidad ya. Este país tiene un pequeño atraso en… Todo. A ver, la beatlemanía llegó un cacho tarde, digamos que unos 50 años tarde. Ahora todos quieren que vuelva Paul, así lo vamos a ver (sí, hablo en primera persona, no fui a verlo y quiero hacerlo antes de morir).
Mi disparador arrancó en el popular (creo) programa televisivo, ese que recorre los puteros, entrevista en una noche de gira a los cantantes de cumbia, o entrevista a indigentes (valga la redundancia). Hablo de Cámara Testigo, acabo de notar una palabrita que me hizo reaccionar: “verano”.
Agreguemos el programa de todas las tardes en nuestra querida La Tele: Verano Perfecto. Se nos escapó la tortuga, está bien que el verano es la estación del año que más nos favorece como país. Estación en la que pasamos preocupados de si los turistas están pasando bien, si les falta alguna mantita para dormir de noche, si la comida les resulta cara o les es nocivo la arena entre las patas. Todo esto teniendo en cuenta la agenda de los queridos informativos, que siempre están pendientes de lo que le preocupa a la gente. ¿Decís que no? ¿Decís que a la gente tampoco le preocupa la ola de asaltos y de robo de pañuelos de tela? Es fuerte lo que estás diciendo (disculpen, me pregunté y me contesté a mí mismo, creo que es culpa de estos programas que en otoño te siguen metiendo “verano” pa’ que no labures y sigas con ganas de echarte al sol un rato).
Me fui un poco por las ramas, por esas ramas que están quedando vacías como suele suceder en el otoño, pero si la tele me dice que estoy en verano, lo de estos árboles debe ser mentira. Siempre sospeché que estaban en contra de nosotros con eso de caerse arriba de los autos y que las raíces de algunos te tiren abajo una casa. En fin, están en contra de los bienes materiales estos árboles al final che.
Bueno, no solo me fui por las ramas sino que el sonido de cuando piso las hojas amarillentas me está distrayendo. No, no voy con la notebook escribiendo mientras camino por las calles, la última vez que lo intenté tuve que tirar a la basura mi calzado porque estos animalitos que la gente saca a pasear no distinguen entre las raíces de un árbol y una mampostería fina.
Volviendo al tema de Paul McCartney, que vino a nuestro país porque, bueno, anda en esa onda de “a ver cómo será este país” mientras gira un globo terráqueo de esos que cuando niño nos aburríamos de verlo y lo usábamos de pelota playera*, y va eligiendo al azar mientras pone el dedo en lugares equis, luego de dos o tres intentos fallidos con el dedo en medio del océano.
No lo culpo al Sir, de última todos, de alguna manera u otra, nos dimos cuenta que Uruguay no es tan malo. Tarde. Claro, para eso tuvimos que conocer dos o tres lugares en el extranjero. No tengo nada en contra del pueblo guaraní, que les mando un saludo grande, en particular al vendedor de milanesas en un shopping, al que no le entendí demasiado, por las dudas no me contestes porque temo no entenderte tampoco en tu escritura. Repito, no tengo nada en contra del pueblo paraguayo, pero me animaría a decir que Paul, no solo porque dicen –dicen- que le gustó nuestro país, sino que bueno… Nos va preferir.
A ver, no tengo nada en particular con la gente paraguaya, pero no puedo mentirles, tienen un país… Feo. Ojo, la gente paraguaya es divina, no se hace entender demasiado, son medios tímidos o se chupan las palabras para adentro, pero de alguna manera u otra los entiendo, hay que convivir todo el tiempo en ese lugar chato, sin efervescencia (en todos los sentidos que se te ocurra) y con tres o cuatro ceros en los billetes. Además, si todavía permanecen costumbres coloniales, como ponerse un canasto en la cabeza y salir a vender, no sé si llegaron los restaurantes vegetarianos. Te lo digo en una bien, Sir.
Esquivando el tema de la columna, quiero brindarles una reflexión sobre Paul McCartney y la posibilidad remota de su vuelta. Creyendo en la teoría de que Paul no es Paul, sino un reemplazante de su reemplazante luego de que ambos murieran (sí, esa loca teoría que anda circulando hace años pero los informativos locales recién la descubrieron): entonces tendremos Paul, por qué no, para unos… Cuarenta o cincuenta años más. Matemáticamente tenemos chances, amigos.
*Si no usaste esos globos terráqueos de pelota, no tuviste infancia y además crees en los enfermeros de este país, pedacito de un pescador que me ilusionó con que los ovnis también nos visitan.
Otra aclaración: cuando hablo del país hablo de Montevideo, el interior es igual de chato y feo que Paraguay.
Vieron qué lindo reloj me compré. Bueno, ustedes no se logran dar cuenta, pero está atrasado.

La verdad detrás del té con scones


A la redacción de Fijate si puso la puerca nos llegó una información confidencial, la que a continuación revelaremos. Según datos que nos fueron acercados gentilmente en una sobria y desgastada carpeta, estamos en condiciones de afirmar una verdad que ya era secreto a voces: las maestras nacieron viejas.
Varias estadísticas comprobarían estos datos. Durante estos últimos diez años se realizó una encuesta a casi todo el país (no, no se pudo terminar, es como el censo), por parte del Politólogo Luis Gerardo González, más conocido como el “Ciego” González.
El por qué del apodo viene de la mano con la motivación que el Ciego tuvo para realizar dicha encuesta. Según nos confirmó personalmente, quedó ciego en un incidente provocado por la vieja y querida quebrada de tiza en el pizarrón; cual si fuese una bala teledirigida cayó directamente sobre su ojo izquierdo, dejándolo instantáneamente ciego.
“Era mi primer día de clase, recuerdo. Estaba en primero y como novato que era me senté adelante, ¡¿para qué?! El único recuerdo que tenía de ese día era ‘qué vieja la maestra che, ya estaría pa’ jubilarse, ¿no?’. Cuando se dispone a escribir su nombre en el pizarrón, como toda tiza nueva quebró y de golpe me saltó un trozo en el ojo. ¿Por qué me quedé ciego totalmente si se me clavó en un solo ojo? No sé, me hablaron de ‘mala praxis’ un tiempo después”, comentó el Ciego en una nota mano a mano con nuestro reportero estrella, ese que se creyó periodista deportivo y ahora terminó entrevistando Politólogos desempleados que buscan un minuto de fama con una entrevista más chota que Bottinelli y el hijo juntos.
Para entender perfectamente la motivación de la encuesta –nosotros hasta el momento no la entendíamos- lo consultamos al respecto, y nos contestó lo siguiente: “en primer lugar, como te decía, porque me pareció muy vieja la única maestra que llegué a ver. Y después porque todas las que tuve que escuchar tenían voces de viejas ya. Y bueno, la motivación exclusiva surgió de un asado con los gurises, como todo, ¿vio?”.
La encuesta arrojó datos sorprendentes: el 99,9% de las personas contestaron que sus maestras rondaban entre los 55 y 100 años (pensamos que “100 años” fue una respuesta exagerada de un exagerado, pero en realidad entendimos lo que quiso decir).
Según pudo saber la encuestadora NÚMEROS (Norteamericanos Última Mamíferos Expertos en Robar Objetos Sabrosos) las personas contestaban con la seriedad que ameritaba la encuesta y sorprendió una única respuesta sobre una maestra inferior a los 30 años. NÚMEROS pudo saber que se trataba de una maestra a punto de ingresar a trabajar en una escuela y por eso su respuesta afirmativa ante la pregunta “¿conocés una maestra inferior a los 70 años?”.
“Un poco tendenciosa son las preguntas” afirma la competencia (FACTURAS), “la verdad nunca es tendenciosa” contesta NÚMEROS.
La encuesta arrojó ese 0,01% que en realidad es falso, dicha maestra se encontraba a punto de agarrar horas en una escuela rural, pero no fue contratada por “falta de experiencia y de antecedentes (penales) en el trato con niños (a golpes) en su vida cotidiana (fastidio de los demás, práctica de la brujería, aparente simpatía hacia el resto, golpizas correctivas para con sus hijo/as, y tintazo asesino en la cabeza)”. Aparentemente, y como nos hizo saber NÚMEROS, son reglas básicas y fundamentales que están en la tapa del libro para contratar una maestra. “Pero claro, nadie lee la tapa del libro” contestó el Ciego González, a lo que preferimos no repreguntar, por educación.
Fijate si puso la puerca, comprometido con la causa decidió investigar por sus propios medios. Contratamos un infante (por una módica suma de dos alfajores, una Coca 600, unas papas chips de las chicas, y cien mil dólares), que infiltramos de túnica, lo hicimos preguntarle a sus compañeritos qué ómnibus le servía y cuánto sale dicho boleto, le desarreglamos un poco la moña, lo surtimos con todo tipo de provisiones necesarias para sobrevivir en el recreo (trincheta, pelota, chinelas para marcar el arco, celular con cámara y un rifle); y lo dejamos prontito para investigar.
Al final se raboneó porque la maestra faltó y gastó todo lo que le dimos apostando en el casino más cercano. Por ende acudimos al boca a boca y golpeamos un par de niños para que confiesen si su maestra supera los 50 años. Muchos contestaron que no sabían pero creían que sí, otros suplicaron -entre llantos- clemencia y que aflojáramos con las trompadas porque usan brackets, y otros tantos afirmaron que la vieron cobrar jubilación y negaron rotundamente que estuviesen investigándola para robarla a la salida del BPS.
Creemos haber aportado suficientes datos para comprobar una verdad: nunca nadie tuvo una maestra joven, las maestras nacen viejas y se reproducen entre sí, engendrando más maestras viejas que son las mismas que todos tuvimos.
Y una sola aclaración: el que no vio reventar una tiza en un pizarrón es porque es de este mismo siglo (el siglo de los pizarrones con marcadores*) o porque fuiste a un colegio privado y cuando caminabas por la calle mirabas a la gente con cara de “qué lindo que soy, la gente me deja pasar”, hasta que descubriste que tu viejo cascaba a tu madre y pasaste a ser un chico/a rebelde que soñaba con ser un Erreway y tener tu bandita de rock & roll, que en realidad era puro pop, pero no lo sabías.
*Ojo, el pizarrón con marcadores se presta para la joda del marcador permanente, Ah, ¿nunca la hiciste? Bueno, dejá de mirarle las tetas a tu compañerita de segundo año de escuela (no me extrañaría) y comenzá a ser funcional con tu rol de escolar.

Más comprobaciones: googleamos “maestra  de escuela loca” (para dar color) y la primera imagen es de una maestra vieja.


Paul McCartney vs Nacional, en vivo por el mundo VTV


Es el tema del momento. ¿Viene Paul McCartney o nos están cagando a cuento?
El ex Beatle habría decidido tocar en Uruguay y no en Córdoba, pero aparentemente surgió una traba importante, Nacional jugará en la semana previa por la Copa Libertadores ante Vasco da Gama, y si se jugara la clasificación fijarían el Estadio Centenario.
Una vez más el Uruguay está envuelto en un tema tan importante, un mega recital de primerísimo nivel (el primero en la historia de este país, y el último también) podría verse cancelado porque un equipo de fútbol tiene que jugar un partido. No, aclaro: no se trata de Peñarol.
Con ustedes una primicia, el diálogo telefónico que habría mantenido Paul McCartney con el Presidente tricolor, Ricardo Alarcón:
Paul: Hello! Who is speaking?
Alarcón: ¿Qué tal, Paul? ¿Cómo estás? Te habla acá Ricardo Alarcón, Presidente del Club Nacional de Football.
Paul: Football? Oh yes, yes, i love the football!
Alarcón: Por casualidad che, ¿hablás español, Paul?
Paul: Algo, hablo algo en español. Aprendí hace very much tiempo, pero understand sí, understand Ricardo.
Alarcón: Muy bien Paul. Un gusto hablar con usted, una figura, una estrella como usted.
Paul: No no, el gusto es mío, ¿Ricardo? ¿En qué puedo help you?
Alarcón: Mirá, Paul. Te llamaba porque viste que vas a tocar el 15 acá en Uruguay.
Paul: ¿Uruguay? Oh yes! Yes, Uruguay. Beautiful país. Una alegría very grande visitar vuestro país.
Alarcón: No, Paul. El placer es nuestro, creeme. Te hablaba por eso del toque que vas a tener acá el 15 de abril.
Paul: Yes, yes. En el Stadium Centenario. ¡Great lugar!
Alarcón: Bueno, todavía no conociste el Gran Parque Central, pero ese es otro tema… Che, Paul, ¿tocás sí o sí el 15, entonces?
Paul: ¿Parque… Central? Oh sí, el 15 es la fecha que me queda libre, el 17 tengo juicio por la retención de uno de mis botijas y no llego sino.
Alarcón: Ah, qué cagada che. Porque no sé si te enteraste que depende de nosotros. Si nosotros no queremos, vos no tocás.
Paul: Pero… Why?
Alarcón: ¿Junás la Copa Libertadores, Vasco da Gama…?
Paul: Oh, yes! Que se comieron la comida con Alianza el otro día.
Alarcón: Bueno, no me tomes el pelo tampoco, Paul.
Paul: Para nada, y eso que tienes mucho.
Alarcón: Bue… ¿Quién te crees que só? ¿El vocalista de la banda de rock más popular de todos los tiempos? Emmm… Tá, no dije nada.
Paul: Una broma, Ricardo. No te me angry.
Alarcón: Bueno, en fin. ¿No podés correr ese toque entonces? Me parece que no vas a poder tocar entonces, nosotros jugamos con Vasco y se nos antojó llevar el partido al Estadio.
Paul: But… ¿Y la Cultura Nacional y el “tengo barrio, tengo cancha”? ¿Cómo es la thing, Ricardo?
Alarcón: ¿Me vas a decir que nunca te interesó la recaudación?
Paul: Bueno…
Alarcón: Es con Vasco, ¿y si nos jugamos la clasificación?
Paul: ¿Cómo con América? Remember, remember. Remember el gil que gritó un gol que no fue. Ni radio tenía, ¿cómo hizo?
Alarcón: Otra vez tomándome el pelo este gil…
Paul: What?
Alarcón: Nada, Paul, nada. Bueno, me parece que no va salir ese toque, entonces. Vas a tener que venir en otra oportunidad.
Paul: Pero, no understand. ¿No pueden jugarlo en el Central Park?
Alarcón: Mirá, qué buen nombre, daría lindo con la Cultura Nacional. Atraería turismo de otras partes, Big Central Park, tá lindo.
Paul: What?
Alarcón: Nada, me colgué. Bueno, así que será para la próxima.
Paul: Pero Ricardo, me hace mucha ilusión tocar in Uruguay.
Alarcón: Ah, bueno, vamos a tener que arreglar de otra forma, entonces.
Paul: Money?
Alarcón: Puede ser.
Paul: No, money no. Tengo suficientes deudas con mi ex esposa, tá bravo, vos debes saber de eso.
Dos sex symbols
Alarcón: No, acá como que no, todavía no se aprobó eso…
Paul: What?
Alarcón: (Carraspea) Nada, nada.
Paul: Ya sé, arreglemos así: Los el Parque pueden ser mis teloneros.
Alarcón: No sé, los muchachos no tendrían tiempo de preparar el toque antes del 15, falta muy poco.
Paul: Bueno, i don’t know entonces…
Alarcón: Ya sé, ¿te animas a armar algunas letras para la hinchada? Se nos está yendo de la mano el tema.
Paul: Ok, ok. I like de idea.
Alarcón: Ok, Paul, quedamos así. Vos nos tirás un par de letritas ahí que no festejen muertes ni nada de eso y vos tocás tranquilo el 15.
Paul: Ok, un placer, Ricardo.
Alarcón: Muy bien, Paul. Entre caballeros nos entendemos. Ah, una cosita más. Si andás medio engripado o afiebrado no vengas, o pisá fuerte y aguantá. Antes que te atiendan los enfermeros de acá…

¡Siiiiii chicos! ¡Volvió el análisis de canciones infantiles!


¿Extrañaban nuestros análisis de canciones infantiles, chicos? ¿Se cansaron de ir a la escuela y no entender qué puta cantaba la gangosa de la maestra que te tocó este año, mis niños? ¿Movían la boca haciendo como que cantaban la canción porque, total, la mayoría de la clase ya la sabía, menos vos porque la rata de tu maestra no fue capaz de hacer fotocopias para todos y vos tuviste que compartirla con la bigotuda de tu compañerita, mis chicuelos? ¡Volvimos! Acá estamos para analizar las canciones que te hacen cantar en la escuelita, ahora sí las vas a entender pedacito de un limitado.
Dale, soltá esa tiza y no intentes hacer lo mismo que el tío, sacate eso de la nariz. Ponete los lentes cuatrojos y vichate esta cancioncita que hoy te traigo para vos, mi chiquitito.
Para ustedes y nada más que para ustedes, el análisis de La Farolera:
La Farolera tropezó, y en la calle se cayó…
Empecemos con una aclaración, estamos hablando de la época Colonial. Yo sé que todavía no avanzamos mucho de esa época a hoy, pero como que eso de faroleros ya no corre. La muchacha, llamémosle Raquel, ejerce el oficio de farolera, es decir, “enciende” los farole’ en la calle. Veremos si es cierto, veremos si no hay una metáfora escondida. Por lo pronto vemos que se pegó un tropezón.
Parece un poco obvio, si tropezó y nos basamos en la estadística, el 49% de las personas caen al suelo. Si es farolera y como se hace hincapié en ello, entonces se encontraba en su hábitat de trabajo: la calle, porque perfectamente se podría haber dicho “Raquel pelaba zanahorias y tropezó, y en la cocina se derrumbó”; y no. No me gustan las cosas obvias, acá hay gato encerrado.
Y al pasar por un cuartel, se enamoró de un Coronel…
Si nos quedamos en la chiquita “pasar por un cuartel” es normal en su trabajo, tenía que prender los faroles de la cuadra y bueno, tuvo que pasar. Ahora, el Coronel es de los rangos más altos en un ejército, ¿qué hacía en la calle para que la farolera justo al pasar lo viera? Empiezo a descreer totalmente. Acá esto tiene un cartel escrito por todos lados: la farolera no era farolera, era prostituta. No pasaba en frente al cuartel prendiendo los farole’, fue detenida como cualquier meretriz que trabaja en la calle y por mes termina dos o tres veces entre rejas. Es obvio, tantas veces terminó detenida que conoció al Coronel, y como todos sabemos, tuvo que “pagar” el precio de su oficio y de su libertad, conociendo un poco más a dicho Coronel, llamémosle Eduardo.
Eduardo era muy bueno con ella, se compadecía de tener que verla sacrificándose por su familia en la calle, vendiendo su cuerpo, y él siempre tenía que hablar con ella. Al principio sí, se aprovechó de su oficio y a cambio de la libertad la hizo pasar momentos difíciles, a los que ella ya estaba acostumbrada. Luego, con el tiempo se fue apiadando de Raquel y no la obligaba a tener sexo con él, simplemente la escuchaba. Y así ella fue enamorándose de Eduardo. Coronel pero humano.
Alcen las barreras para que pase la Farolera…
Esta parte de la canción me sugiere apuro, me sugiere a “ahí viene, ahí viene, rapidito abran las barreras y haganlá entrar”, y todos los botones en la puerta acelerados, apurando el paso porque algo pasaba, todos lo sabían menos Raquel, “la farolera”.
De la puerta al sol, pongo la escalera y enciendo el farol.
Lo que pensábamos, una terrible y trágica metáfora: la cosa se complicó con la relación que Raquel y Eduardo comenzaron a tener. Ella muy seguido acusaba de abuso a sus clientes para terminar en el cuartel todos los días y poder ver a Eduardo. Eduardo era casado y el rumor en la ciudad ya había circulado. Todos los escoberos, plumereros y demás faroleros ya se habían enterado del romance, y la vida pública –que ya había sido cuestionada en varias oportunidades por el Jorge Rial de época- de Eduardo corría peligro. Entonces… Lo que se suponía, había que terminar con la vida de Raquel, que se había vuelto una amenaza. Además… En el fondo Eduardo sabía que terminar con ella era la mayor muestra de amor que podía darle, ayudándola a terminar con la vida que estaba llevando.
(Es la foto más parecida que encontré a una prostituta de la época Colonial). Ahora cuando vayas a la escuela o cuando te agarren de gil y te toque disfrazarte de escobero en algún acto, vas a entender mejor cómo era la vida de estas personas. Soltá ese libro, dale, no te va servir cuando tengas que salir a robar billeteras o entrevistar sindicalistas.

Un poco de reflexión nunca está mal


No sé qué me está pasando, estoy escribiendo todos los días. Espero que sea bueno, por un lado me expreso aprovechando que el país de las hamburguesas todavía no sacó esa ley que –como quién dice- prohibiría todo lo que sea… Hacer algo. Por otro lado es malo, no tengo la cantidad de lectores que el New York Times, incluso menos que Ovación. Pero bueno, en esto de los apocalípticos e integrados siempre me consideré un apocalíptico. No caben dudas, soy la extinción de la raza humana en potencia.
Hace un tiempo tuve un montón de ideas: concursos de chistes que acerquen fans a la página de facebook, sortear premios como stickers o remeras. Todas cosas que ya tengo diseñadas y bien archivadas en las carpetas perfectamente ordenadas de mi computadora.
A veces siento que todo el mundo me lee o que mucha gente que quiero me lee. A veces ni mi propia pareja me lee, pero bueno, ella está para eso de Tinelli y todos los programas que giran en torno a la fuerza gravitatoria que emite el Bailando. Tá, de última perdonenlá, es buena gente después de todo. Como todo el mundo la está peleando para conseguir laburo en una competencia desleal donde saber cambiar pañales es la “experiencia” necesaria para entrar a trabajar. “Así es la vida” dijo el millonario de acá a la vuelta que cría dos caniches con rabia.
No me quería desviar de la conversación (mentira, estaba todo planeado, como ella ni me lee yo digo estas cosas). Un paréntesis: creo que no me favorece hablar de que tengo pareja, todas ustedes, mis admiradoras se sentirán muy desoladas en este momento (esto ya lo dije). Las comprendo, pero bueno, “así es la vida” dijo el almacenero de la otra cuadra.
Al final me desvié otra vez de la conversación, pero sabrán entenderme, en este país todo el tiempo tenemos que desviarnos de nuestro camino, ya sea en la relación estudios-mercado laboral o en la chiquita, desviarnos de calle porque están arreglando una. Al propósito de esto: ¿todo el tiempo van a arreglar calles? Nunca están bien, siempre las están arreglando.
Hablaba de esa sensación térmica que tengo todo el tiempo con mis lectores, ya sea en facebook o acá, en Twitter soy muy nuevo. En facebook tengo momentos que recibo gran cariño, gran aceptación, y acá estoy casi en una constante: la nada. Dos personas básicamente son asiduos lectores y me lo manifiestan comentando acá abajo. Pero siempre tendré la duda de cuál es la relación de entradas a la página con personas que definitivamente se toman un tiempito a leer. Espero que sea mayor a la cantidad de comentarios… Soy un soñador.
En temas bien polémicos tuve insultos, críticas y tremendos elogios (hoy me dijeron que tengo condiciones para letrista de murga, gracias che). Hace un tiempo que no hay temas demasiado polémicos, o hay temas que “no toco pito”, o simplemente escribo columnas que no tienen asidero ninguno.
Estoy muy reflexivo y eso no es lo que ustedes quieren, como de Juan Ramón Carrasco uno no espera que hable de fútbol sino de sí mismo.
Me encantaría saber qué recepción puedo llegar a tener si armo un concurso de humor, donde ustedes tengan la posibilidad de escribir lo que quieran, contar un chiste, mostrarnos una foto graciosa, lo que ustedes consideren que puede hacernos reír. La idea que tenía era que se vote mediante facebook para ser más justos, facebook es la red que más llegada tiene en los uruguayos. Me encantaría que participe gente de afuera del país, pero sería bastante bravo mandarles un premio.
Los premios son stickers y remeras. Tengo varios diseños de remeras pensados, aquí abajo les voy a dejar uno para ir haciendo boca. Me gustaría saber qué opinan, qué ganas tienen de que esto se lleve a cabo. Yo sé que es acariciar mi ego, y no es que quiera volver a citar a Juan Ramón Carrasco, pero JR sin los periodistas es como yo sin ustedes; que con un “me gusta”, con un comentario, con un retwitteo o lo que sea, me demuestran que están, que me quieren o que me leyeron (para el caso de los insultos que recibo).
Sí, es personal con esta gente lo mío. Ojo, por dinero uno… Bueno, ya saben. 

Carnaval para no carnavaleros, por un no carnavalero


No les voy a mentir, tengo la misma sensación que cuando estás en la parada y pasan todos los ómnibus de corrido y vos recién estás mirando los cartelitos y buscando el que te sirve. Lo mismo con el carnaval, gran costumbre uruguaya si las hay, que aún no me llegó a seducir.
Porque me preocupo por ustedes, mis queridos y carnavaleros lectores, decidí sentarme frente a la televisión anoche, en “la noche de los fallos”.
Les juro que miré los fallos hasta que terminó el de parodistas (más no me pidan, arrancó ese pedacito de la actuación de los ganadores y no soporté más). Sí, no tengo cómo comprobarlo, pero sentado en mi cama miraba la televisión y sacaba apuntes con mi celular sobre todo lo que veía. Si me habré esforzado por ustedes que la tecla del 7 estaba empecinada en hacerme la vida imposible pero yo no me rendía.
Ahora, día después, me siento en frente a la computadora para transcribir todos los apuntes y… Borré uno de esos “borradores” sin querer. No se imaginan la decepción.
Pero bueno, voy a hacer el esfuerzo, apuntalando mi memoria con una calibre 22.
No quedan dudas, el carnaval es la máxima expresión de la uruguayez. Nos engloba a todos como uruguayos, todo lo que es nuestro país es el carnaval. Empezando por las vestimentas a la moda de esos carnavaleros una vez bajados del escenario, son gente común, gente vestida a la moda… De principios de los 90’.
Claro, uno se enfrenta al televisor y ve esa cantidad de gente común pero sabe que para otra persona –carnavalera- representan glorias, sus ídolos, las personas que los hacen emocionar. Uno entiende todo esto, pero los ve mandar saludos al tío, a la tía, al primo, a la prima, al abuelo, al que no está (nunca falla), a la sobrina y a la hija de la amante del almacenero que ahora sale con la verdulera que antes estuvo casada con el que se sienta en la vereda a las siete… Y nos damos cuenta que en realidad son gente común.
Algo más uruguayo aún que el hecho de mandar saludos es la aglomeración de gente. Gente, gente por todos lados, muchísima gente.  Como en los ómnibus todos apretados pero besuqueándose y felicitándose en lugar de corriéndose de a poco hacia el fondo. Y otra cosa, ¿tanta gente integra una murga, parodistas o humoristas? Cada vez que los enfocaban en su lugar de concentración parecían un poco muchos, no sé, no me los imagino arriba del escenario a todos juntos. Parecían su mismo público, más que ellos mismos.
Los cantitos de hinchada dedicando la victoria quién sabe a quién. Porque como buenas hinchadas uruguayas no se entiende lo que cantan.
La madrugada, la trasnochada, algo bien uruguayo. Nada le gusta más al yorugua que madrugar y mamarse festejando que casi empatamos un partido si no fuera porque (y ya sirve de reserva moral) la pelota picó mal. Algo bien televisivo también, qué raro viniendo de VTV, canal que ha dado muestras de su inteligencia televisando más de una vez a Cerrito en el Estadio Centenario repleto (de butacas vaciás).
Si hay algo que es uruguayo es vincular todo con el fútbol. No digan que no, hay gente que se empecina en compararlo con la política. Nuestros campeonatos uruguayos supieron tener un Torneo Clasificatorio, un Uruguayo Especial, reglamentos comprensibles básicamente para personas superdotadas intelectualmente… Nada lejos de nuestro carnaval, donde te sacan puntos por no inscribir a tiempo un tecladista, por presentar mal calculado el centímetro cuadrado del papel glasé de los trajes o un chiste en “orsai”. Igualito a cuando el rival te pide los puntos porque el kinesiólogo se sentó en el banco de suplentes –y fue fundamental para la victoria- cuando no estaba inscripto.
Capítulo aparte para ese Excel de los puntajes, ¡me emocionó! Ah, no, es conjuntivitis. Mañana saco hora para el oculista, me rompieron los ojos con esos colores tan carnavaleros, pero poco televisivos.
También hay que decir las cosas no uruguayas que vi: la bandera preparada festejando el “1er premio en X categoría”. En la Copa América salió bien eso de la remerita con el 15. Esperemos que no se vuelva a repetir es lo que deseamos todos los que de verdad amamos al carnaval y a este país del asiento del ómnibus como máxima aspiración a la que puede llegar una persona en su vida.
Volviendo al horario: no me extrañaría que tengamos vendido los derechos televisivos a Japón o Australia. Capaz que el año que viene se los vendemos a Espn y vamos en horario central.
Una última observación: la inteligencia de nuestro pueblo –al igual que los que le escriben al facebook de Evra esperando respuesta- escriben cosas como esta: “hola coco para mi tuvo q ganar la margarita un saludo para todo”. Al propósito, eso de los mensajes de texto debajo de la pantalla me suena a condiciones impuestas por Tele Chat a la hora de ceder su horario, “¿cómo hace la gente para conocerse si no? Imaginate, tienen que salir a bailar o caminar por la rambla”.
Hace un rato me enteré que ganó La Trasnochada, no sé, no entiendo nada, pero para mí la imitación a Fabián O’Neill es de lo mejor que he visto en mi vida después de imaginarme al Chengue entrando a patotear senegaleses en su propio vestuario. 

Si te ponés a pensar es más pura que la que sale de la canilla, no te quejes tanto


Los días de lluvia son como los conocemos, agua que cae del cielo en mayor o menor medida, pero que jode como mosquito en una noche de verano.
A todos nos jode, al que vive en la calle, al que sube al ómnibus, al que tiene que bajarse de la 4x4 para abrir la cochera porque todavía no terminó de pagar el LCD de 60 pulgadas y no puede pagar un ppa, o al que tenía agendado salir a matar afganos.
Claro, ahora ustedes pensarán en la gente que tiene campo y cultiva la tierra; les contesto con un rotundo “no”, esa gente no se conformará con el agua caída o mostrará su descontento en algún canal local –de esos que son sucursales de los 4, 10 y 12 y que jamás limpian el lente de la cámara- porque cayó demasiada agua.
Con más gracia que la de Suárez y Forlán para actuar en publicidades uno tiene que revolverse para sobrellevar estos días. Con mayor dificultad aún si uno tiene que salir a la calle a hacer cosas.
Suena la alarma del celular (¿para qué un despertador a esta altura?), y luego de un par de puteadas al aire, diarias, protestando por el por qué de que los estudiantes universitarios no podemos viajar gratis en los ómnibus, uno se dispone a escuchar lo que pasa afuera, o lisa y llanamente mirar por la ventana.
No tengo ventanas que den a la calle, sí, sino se los expliqué en otra oportunidad se los cuento ahora: vivo en una especie de búnker de guerra. Por ende escuché el sonido ambiente que la naturaleza me ofrecía: una tormenta que se rajaba la tierra.
Al rato después –de haber seguido durmiendo- me desperté por diferentes circunstancias, emprendí mi camino gracias a la tregua que el tiempo me había dado, y llegué a destino; literalmente, me tomé un ómnibus y terminé en Plaza Independencia. Si se quiere, tomar un ómnibus fue una acertada decisión ya que no había un sol que rajara la tierra ni mucho menos, afuera todavía la amenaza estaba latente.
Cumplido el objetivo, dicho sea de paso la búsqueda de apartamento para salir de este búnker de mierda, decidí volver caminando. “¿Para qué?” es lo que hoy me consulto cada cinco minutos. Algo es cierto, comprobé que con esto del cambio de hora oscurece más temprano, eran las once y media de la mañana y ya se venía la noche.
El centro estaba minado de gente que caminaba más rápido que lo normal. Eso es decir mucho, muchísimo, me vi dentro de una maratón con mi paso de paseo dominguero constante (no es que yo camine lento, es que disfruto el paisaje). Como era de esperarse, llegué último en la carrera y a diez cuadras de mi casa recurrí a lo que muchos seres humanos solemos hacer cuando nos tapa el agua, ¿tomarse un taxi? No, justo hoy andaba sin el maletín con los fajos de dólares que llevo a cualquier lugar por si tengo que tomar un taxi, entonces decidí acobijarme debajo de un techo.
No me fumé un cigarro, porque no fumo, pero era una linda ocasión para hacerlo, le hubiese dado mucho glamour  a mi presencia debajo de ese techo mirando la lluvia pasar, o parar, que era lo que esperaba en realidad. Tampoco entablé diálogo con nadie, como mucha gente suele hacer, es que en una sola oportunidad alguien fue mi compañero de techo, y apenas cruzamos una mirada de “¿qué tiempo de mierda, no?”, y se ve que malinterpretó mi  mirada y entendió algo así como “no me vengas a romper las pelotas hablándome, ¿no ves que estoy escuchando a Darwin? Rajá de acá que yo llegué primero”, y se fue.
Está el que corre escapando de la lluvia (flaco, corras o no te vas a mojar igual); el que se tapa con el diario, con su propia mano o con la tapita del celular; el que lleva elegantemente su paraguas; el que va con paraguas pero lejos de la elegancia lo vemos en plena lucha buscando el ángulo perfecto para que el viento no se lo desarme; el suicida que se descalza; o mi favorito: el que camina como si nada.
Como no tenía ganas de mojar la poca ropa que tengo me detuve a observar y a disfrutar: el hijo de puta que acelera cuando hay un charco existe, y va en un Chevrolet negro, matrícula… Perdón el desliz.
Me sorprendió ver jóvenes debajo del paraguas caminando a poca distancia de una dama desprotegida, y que estos jóvenes no ofrecieran un lugar para cubrirse de la lluvia y así aprovechar una instancia para entablar diálogo, y -por qué no- pedirle la mano a la botija luego de semejante señal de romanticismo. Bueno, nunca lo hice, pero razonándolo debajo de ese techo mágico que me hacía caer pensamientos de todo lo que observaba, llegué a la conclusión de que esta gente está desaprovechando esa gran oportunidad que les da la lluvia. Después no digan que no les avisé, cuando terminen en el borde del suicidio y recorriendo a la última salida posible para encontrar pareja: escribir a Tele Chat.
Perdidas las esperanzas tuve que emprender viaje, unas cinco cuadras bajo lluvia me esperaban. Las afronté con total naturalidad, respiré hondo, la miré seria y comencé a caminar, un poco más rápido sí, pero nada de fruncir el seño en gesto amariconado de “ay cómo llueve”. Así de valiente llegué a mi casa, o búnker: mojado.
Y así transcurrió mi día, aprovechando a salir en los momentos en que cesaba la llovizna, pero jamás escapando de ella, cada vez que me bajaba de un ómnibus me encontraba con ella. Ahí estaba ella, esperándome con cara de “ah, ¿te pensaste que te escapabas de mí?”, en cada parada en la que me tocaba bajar.
Y aquí estoy, debatiendo mi angustia por no tener dónde comprar tortas fritas (andá vos a freír algo en un búnker de guerra, valga la redundancia sin ventilación), y escribiendo para ustedes mis queridos y mojados lectores.

PD: Sé que no es una carta y no corresponde el posdata, pero se me ocurrió una nueva reflexión: qué momento me estoy perdiendo para opinar de carnaval. Es verdad, no me gusta esta costumbre tan uruguaya, pero sé que un día me va llegar, aunque conociéndome puedo decir que nunca me va volver un fanático. Pero bueno, sigan nomás en lo que estaban, eso de hablar sobre quién va ganar mañana en eso de los fallos, yo acá jugando al Mario Bros.
Jamás vi a nadie en una pose como esta. Se me hace que es puro teatro.

Hay cosas que no voy a entender


La humanidad siempre nos ha sido tan poco recíproca que no entendemos muchos de los sucesos que nos rodean. No, a muchas cosas no le vas a encontrar explicación ni siquiera prendiendo la televisión dos veces o dándola vuelta para ver si aclara un poco la cosa.
Por eso hemos recogido muchos de estos misterios de la humanidad, y aquí te los traemos. No, gracias a vos.
-¿Liverpool (Liverpúl) algún día va ser campeón?
-Las cintas rojas de los paquetes de galletitas absolutamente unidas a lo demás. No la busques, no hay punta de dónde abrirla, el 98% son joda.
-¿Alguna vez un periodista deportivo “colgó” el micrófono?
-El mito de Messi. Lo vi jugar dos veces –lo juro-, en la primera perdió en velocidad con el Lolo Estoyanoff, y en la segunda se lo comió en dos panes con panceta y huevo frito el Señor Andrés Scotti, con mate y termo abajo del brazo.
-Los hinchas de El Tanque Sisley.
-¿Quién fue primero: el Tola Antúnez, Carlos Manta o Caruso Lombardi? ¿Son la misma persona?
-Los cinturones de seguridad en algunos ómnibus interdepartamentales.
-Los criterios de Tenfield para televisar partidos cuando no juega Nacional o Peñarol.
-Las ideas en catarata y ningún papel a mano para anotarlas. Un desperdicio, antes de prender la computadora ya perdí varios misterios de la humanidad.
-El mundo Vtv.
-¿Carlitos Díaz está esperando pegar el pase o que le crezca el pelo?
-Juan Ramón Carrasco.
-¿Julio César Gard es de verdad?
-¿Ciber-barras o gente con tanto tiempo para actualizar una página web constantemente para ver con qué lo putean para responder con la correspondiente puteada?
-¿La camiseta de Nacional es una remera de ciclismo de la antigüedad?
-El final del recorrido del 370.
-El color de pelo natural de Diego Forlán.
-¿Las personas que no pagan impuestos van al Infierno? El Jesú cuando anduvo en esa de decir lo que se podía y lo que no, no lo aclaró. No sé, mandanos un mensaje de texto aunque sea.*
-La inmortalidad de Mirtha Legrand.
-¿Palito Pereira es así de bueno o es un personaje? Yo lo quiero, hace rato, en mi mesa de luz.
-¿Sergio Gorzy es, o se hace?
-Never Araujo.
Agradecemos que nos acerquen más misterios que ustedes consideren. No teman, tenés una duda, decímela ahí abajo donde dice comentar, por ahora es libre y no precisás hacerte una cuenta. Hasta que llegue el día que se me llene de comentarios ciber-barras, claro.
*Ahí me sonó el celular. Dice que no, que no es un pecado. Dichas personas gozarán de buena salud, y aunque acarrearán problemas familiares lograrán molestar lo suficiente a las demás personas para vivir de ellas; nada más.     
                               
Cuando no tenga pelo, espero parecerme a este simpático señor cuando piense. Ahora que lo pienso bien, es parecido a mi padre.

Terror en una policlínica


Reiterados son los hechos de violencia que azotan a Villa de la Floreada. Días atrás una anciana perdió sus lentes en la calle y ningún ciudadano fue capaz de sumergirse en un alcantarillado para recogerlos. O también recordemos la golpiza brutal que sufrió un ciudadano por no saludar a sus vecinos cuando iba camino al almacén.
En la pasada tarde, la policlínica local, COMEN, se vio alterada en su funcionamiento normal y cotidiano, por la presencia de un individuo “impacientemente violento”, según lo calificó una señora allí presente, que por razones de seguridad no dio a conocer su nombre.
Eran las 18 hs cuando el individuo GDCP esperaba de pie, afuera de la enfermería, para ser atendido por el doctor.
Pasadas las 19:30 GDCP comenzó a verse inquieto, molesto, algo perturbado. “Yo lo vi al botija sí, estaba merodeando la enfermería. Hay que entenderlo, seguramente se había enterado que quieren retirar de la camiseta de El Tanque la imagen de San Cono; a cualquiera de nosotros en el pueblo nos molestó”, concluyó nuevamente la señora anónima, con claras señas de querer hablar sobre otro tema que la inquietaba.
“Ah si si, lo vimos con mi señora. Bastante antipático el nene, no nos saludó cuando llegó, ni un ‘buenas tardes’. Pero vio cómo son ahora los botijas, te entran a la policlínica y lo único que quieren es que los atiendan primero a ellos. Seguramente lo de él era una bobada y en dos minutos estaba afuera, pero que espere, que se acostumbre lo que es la vida, si le toca tiene que esperar horita y media a mí ahí adentro mientras me recomponen”, comentó a Fijate si puso la puerca “Carlitos”, quiso que lo llamáramos de esa forma porque “así me conocen todos”.
El reloj corría y no notaba ningún movimiento, nadie entraba y nadie salía de la enfermería. “Lo vi muy inquieto sí, demasiado para mi gusto. Manoteaba los carteles como queriendo arrancarlos o ponerlos en su lugar. Golpeaba las paredes como despacito, medio cagón ahí también, porque si vas a golpear una pared dale con tantas ganas que la vieja que espera al cirujano se haga en los pañales geriátricos”, indicó una enfermera.
“También hay que quebrar una lanza por el pibe. Tuvo que fumarse que un doctor abriera la puerta de la enfermería y comentara ‘los agarré justo’ cuando encontró al doctor y la enfermera adentro”, comentó un enfermero, que prefirió ser conocido como “el flaco cara de culo”.
“Sí, me acuerdo haberlo visto, incluso crucé palabras, me dijo que la cosa estaba demorada. Pero la verdad que un maleducado, me senté al lado de él y no me avisó que una vieja se había meado antes en la silla. Andá vos después a disimular en la calle eso de andar con el culo mojado”, indicó un señor que tampoco quiso dar su nombre pero pidió que lo llamemos “el bigote”.
Hasta aquí las declaraciones previas a la “explosión” de GDCP. Como verán el individuo sufrió una larga espera, larguísima para ser más precisos. Pasadas las 23 hs, señalaron todos los testigos, se dio el momento de mayor violencia. Un testigo presencial nos dio su testimonio al respecto:
“La verdad que desde que se sentó al lado mío lo noté violento, porque ni una palabra me dijo. Y eso que yo le sacaba tema, le hablaba de mi pierna quebrada, que me tenían que curar, que no podía andar demasiado y tenía que hacer reposo, que era la primera vez que usaba bastón (…) de lo difícil que es la vida y esas cosas. El botija lo único que hacía era asentir con la cabeza, muy maleducado, se sonreía por compromiso o no sé si no se burlaba de mí.
Pero llegó el rato en que explotó el botija. Serían las 23 hs, no sé, y llamaron a mi señora que estaba esperando hacía doce horas y que probablemente la tuvieran adentro unas dos o tres horitas; eso se lo comenté, no me puede negar porque se lo comenté, que no me escuchara porque estaba nervioso esperando no quiere decir que no se lo comenté. Yo se lo comenté y el maleducado me sonreía nada más.
Pero así fue, qué te digo que el botija se para y como quién no quiere la cosa arranca el extintor de la pared. Ya venía medio coloradito de cara, no sé si se habría bajado un tinto antes de ir o estaba hirviendo de calentura por esperar tantas horas. En una agarra y se para, todos lo quedamos mirando, la verdad que nada salía de lo común, todo era charla de ‘a mí me duele esto, a vos te duele aquello y juntos nos duele lo otro’. Entonces el botija se paró y había algo nuevo pa’ ver, ¿vio cómo es, no? En el interior no pasa nada, y si un botija se para en una policlínica, cuando no lo llamaron, ya es centro de atención. Agarró el extintor y empezó a insultar, que ‘la mierda con esto, no puede ser que te tengan una vida esperando acá’. Luego se detuvo un instante, a mí me dijeron que estaba leyendo las instrucciones de cómo se maneja el extintor, pero yo, que mucho no veo, para mí estaba mirándonos a todos para medirnos y dárnosla. Bue, qué te digo que el botija da el extintor contra la puerta de la enfermería y entra insultando al médico, amenazando que lo atiendan mientras pegaba el tanque del bomberito contra el marco de la puerta. ‘Vos, puto, atendeme de una vez, si cada vez que entro me sacás en dos minutos y me decís que venga en una semana. ¿Me estás tomando el pelo? Largá ese viejo que no le queda nada de vida y atendeme a mí que soy el futuro del país. Otro pibe que esperaba acá afuera ya se las tomó porque no aguantó más la espera. Estos viejos están acá esperándote porque no tienen que hacer una mierda, yo no tengo ganas que se me vaya la vida acá adentro, hijo de puta’.
Bastante exaltado se había puesto el gurí. Yo no entiendo por qué, si estábamos tan bien esperando afuera con los señores que habían. Él porque no quería conversar nomás…”.
Aterrador. No se nos ocurre otra palabra para calificar el siniestro. Sí, ya todos sabemos que siniestro se utiliza para accidentes de tránsito, pero se ha puesto de moda. Fuentes policiales calificaron de “inédito” el hecho y ya se hicieron cargo del asunto. El jefe de policía a cargo del suceso informó que fue “frenado entre cuatro” el individuo GDCP, luego de retirarle el arma del delito, el extintor, con el que agredió físicamente a la enfermera, derribó una camilla al grito de “esta camilla de mierda mirá dónde la metiste para que me tropiece”, y bañar en polvo a una anciana que luego de eso tuvo que ser trasladada de urgencia, dos horas y media después, al sanatorio principal, por graves obstrucciones a las vías respiratorias a causa del polvo blanco del extintor.
El individuo está en manos de la Justicia, de la que se espera una pronta resolución y por ende la pena correspondiente. Hasta el momento solamente se recurrió a decirle “vení el jueves a las 12 que te atendemos”.
Imagen del “arma del delito”. Ya confiscada y trasladada de urgencia para hacer pericias que comprueben los hechos. El resultado de dichas pericias seguramente esté pronto dentro de dos meses y medio, antes serán estudiados los lentes de la anciana que cayeron en la alcantarilla y la camilla con la que tropezó GDCP.

La llamada 5


El mundo sigue lleno de comprobaciones y a veces las cosas no son como creíamos; Luisito Suárez al final terminó siendo más twittero que Diego Forlán, y ningún medio lo dice.
Hablando de Twitter, al final se ganó respeto y su lugar en el ambiente deportivo uruguayo. Y por ende en los mamaderas (donde me incluyo) que seguimos a muchos de ellos.
Ojo, hay mamaderas con códigos –soy de éstos- y mamaderas sin códigos, esos que siguen a todo tipo de persona que haya aparecido al menos 30 segundos en televisión. No me digan que no, si “el gordo de la Colombes” se hace un Twitter, conseguirá automáticamente 10 mil seguidores.
Pero en realidad quería hablarles del tema Gregorio Pérez y su vigésima novena destitución del Club Atlético Peñarol. No, no piensen en el chiste fácil, no lo destituyeron mediante un twit.
Pero sí, aparentemente, una periodista de nuestro medio se adjudica la primicia, que dio a conocer mediante esta red social. Ya saben de quién hablo, esa de los colores fluo. Esta periodista manifestó que fue –nuevamente- echado por teléfono.
En fin, todo este preámbulo fue para traerles, en exclusiva, el nuevo diálogo telefónico por el cual cesaron al DT carbonero. Además debo decirles que nosotros fuimos los primeros en saberlo, claro, la muchacha de permanente bronceado caribeño (sigue los pasos del maestro Julio) debe tener un blackberry o algún teléfono parecido donde no tenga que darle duro a la tecla del 7 para que funcione.
Pero nosotros tenemos el diálogo, en bruto, sin censuras, sin procesar, entre Juan Pedro Damiani y Gregorio Pérez. Necesitábamos tiempo para transcribirlo, y además nadie me paga para dar una noticia (si usted quiere contratar mis servicios y pagarme para que yo ejerza mi verdadera profesión de periodista, escriba a fijatesipusolapuerca_blog@hotmail.com, no lo dude dos veces).*
Sin más explicaciones, el diálogo:
¡Riiiiin, riiiiin, riiiiin! (Suena el teléfono de Gregorio)
Gregorio: Aló.
Juan Pedro: Hola Gregorio, ¿cómo le va, don?
Gregorio: Acá andamos Juan Pedro, en una reunión familiar…
Juan Pedro: Ah, pero qué lindo Gregor, ¡la familia unida! Así me gusta, vio que uno llega a una edad donde quiere a toda la familia. ¿Vio cómo es, no? cuando uno se vaya a mejor mundo alguien tiene que hacer la colecta para los sanguchitos aunque sea.
Gregorio: Bueno, no…
Juan Pedro: Mire Gregor, ¿sabe para qué lo llamaba?
Gregorio: No me diga que…
Juan Pedro: ¿No me diga que qué, Gregorio?
Gregorio: Que me van a ¿echar?
Juan Pedro: No, ¡no! pero ¡por favor! ¡Faltaba más! Le hablaba porque, mire, estábamos reunidos acá en el Palacio con los muchachos, tomando algo ¿vio? Mirando un poco el partido de Nacional y Defensor, nunca se sabe si Defensor no te suelta un juvenil y queda libre, vio cómo es… Y ta, se me dio por llamarlo, ¿en qué anda Gregor?
Gregorio: En este momento en una reunión familiar, el cumpleaños de…
Juan Pedro: ¡Ah, pero qué lindo! La familia reunida, me acuerdo cuando el viejo nos juntaba a todos y nos mojaba el chupete en whisky. Qué tiempos aquellos, el viejo se mamaba y le daba por esas cosas…
Gregorio: Sí, qué se le va hacer…
Juan Pedro: En fin Gregorio, ¿usted mañana qué tiene que hacer?
Gregorio: Temprano a Los Aromos, al entrenamiento, como siempre.
Juan Pedro: Ah, justamente le quería hablar de eso. No…
Gregorio: ¿No…?
Juan Pedro: Que no… Ehhh… Que no camina ese plan, don Gregorio. No va más lo suyo.
Gregorio: ¿Cómo me dice?
Juan Pedro: Sordo encima el viejo (murmura y carraspea la garganta).
Gregorio: ¿Cómo…?
Juan Pedro: No, perdón, me atraganté con un chizito acá con los muchachos. Estábamos mirando a Nacional, serio este Gallardo ¿no? Me gusta como entrenador.
Gregorio: Bueno…
Juan Pedro: Le decía Gregorio: ¿qué hace usted mañana?
Gregorio: Al entrenamie…
Juan Pedro: Ah, sí, me dijo. ¿No se da una vueltita por el Palacio mañana? O ahora, no sé, ¿en qué anda usted?
Gregorio: En el cumpleaños de…
Juan Pedro: Ah, cierto, me dijo. Si se anima péguese una vueltita por el Palacio mañana y vamos firmando esos papeles, formalidades ¿vio, don?
Gregorio: ¿Qué papeles?
Juan Pedro: Nada, una pavadita. Lo mismo de siempre, como siempre ¿no? ¿Eh? ¿Me entiende bien, no?
Gregorio: No, mucho la verdad que…
Juan Pedro: Pavaditas, formalidades. Si no después me salen diciendo “que siempre por teléfono, que esto, que lo otro”. Porque el chistecito del facebook y el Twitter me lo he tenido que bancar demasiado, pero ¿le soy sincero? No entiendo todavía esas cosas.
Gregorio: Y yo no lo entiendo a usted, Juan Pé…
Juan Pedro: Usted me entiende, don. ¿En qué andaba?
Gregorio: En un…
Juan Pedro: Cierto, me dijo. ¿Le molesta si le caemos en un rato con los muchachos? Digo, si le queda un cacho de pizza y eso, alcohol no tanto, ya se nos mamó el José Carlos hace rato.
Tu, tu, tu, tu, tu, tu…
*Che, en serio pueden escribir a esa dirección. A vos, Eva Ullman, no te creo nada, no me escribas en inglés que no entiendo nada además que gané un millón de dólares.
“Venga ese abrazo, don. ¿Sin rencores, tá? El pasado es pisado, hoy abrimos una nueva etapa en Peñarol y cortamos los cables del rencor... y los teléfonos. Y le volvemos a abrir la puerta grande para que vuelva la institución, mañana mismo mando a cerrar la otra banderola. Cosas de la vida ¿no? Hoy estás, mañana no. Hoy te llamo, mañana me llamás”, eran las palabras de Juan Pedro Damiani en la presentación de Gregorio Pérez como DT aurinegro.