La teoría del almacén



Hace unos días en el Facebook (click para entrar en él, darle “me gusta” y deleitarse a diario con las ocurrencias de los sabios parlantes que lo manejamos; sí, es una orden) colocamos un recordatorio con el título de esta columna. Es que a veces se me olvidan las cosas y cuando no hay papel a mano dónde anotarlas, es mejor anotarlas en algún lado que visites cerca. Como los gordos con un cartelito en la heladera o los drogones en el tarro de dulce de leche.
En fin, no quiero irme por las ramas porque con los temporales que se han venido por estos lares es peligroso caerse de una de ellas. De paso queremos desmentir versiones que indicaban nuestra ausencia escribiendo debido a que volamos en una de esas ramas por las que siempre nos vamos. Mentira, acá estamos, yéndonos de nuevo por las ramas.
Estamos de vuelta, con algún canal de cable menos, pero siempre haciéndole la venia a la responsabilidad del deber que nos llama: hacerlos reír, hacerlos felices a ustedes, mis queridos lectores.
Hemos estado investigando, con profundidad, un tema atrapante: la gente que comenta en Facebook. Tá, ahora todos me van a decir que ya he robado con ese tema a lo loco. Y sí, he escrito mucho sobre ese tema, pero robar jamás, acá nadie me paga.
Luego de una seria investigación, estamos en condiciones de afirmar que la mayoría de la población está sometida en un síndrome de importantes características: la gente se cree que le habla al almacenero.
Desde ya quiero aclarar que no se trata de nuestro Facebook, en donde gente capacitada y con gran alarma de ironía, hace las delicias de quienes lo manejamos (Chanchito y yo). Hablamos de Facebook’s institucionales, de empresas, canales de televisión, etcétera.
Cada día más gente cree que sus intereses necesariamente deben ser correspondidos. No falta el que le solicita a un canal de televisión –no sin antes usar la expresión o frase hecha “me tomo el atrevimiento”- que se cambie el horario de X programa porque en ese horario tiene que darle de comer al perro y/o sacarlo a pasear. No sé cómo, pero los encargados de manejar ese Facebook siempre contestan con educación y no como se debería contestar: “muy atrevido de tu parte, espero que por lo menos lleves una bolsa para limpiarle la caca a tu perro, y si no llevás bolsa, no vayas a traerlo a cagar a la puerta del canal”.
Hablar de las faltas de ortografía que se pueden ver es redundar sobre lo que venimos hablando hace mucho tiempo. En la red social que ya mencioné que tenemos, y que usted que está leyendo debe unirse para disfrutar de ella, ya tiramos una solución para este problema: explicar las reglas gramaticales, ortográficas, sintácticas y ainda mais, en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos; qué mejor momento que ese donde está todo el Mundo en frente a la pantalla para explicar algo tan útil. En lugar de representaciones abstractas y cada vez más abstractas, donde uno tiene que quemarse más de una pestaña para entender qué mierda están queriendo representar, es mejor explicarle a la gilada cómo se conjuga el verbo haber, cuándo utilizar el adverbio “ahí”, o cómo usar la palabra “ay” sin parecer un maricón.
Otra cosa es la seriedad y el sentido de ubicación a la hora de escribir. Si yo desconozco la temática “motores de autos”, jamás me metería a opinar con seguridad sobre el tema. Si utilizás la palabra “acepción” estás mostrando un conocimiento un poquitito más elevado que el resto, o por lo menos lo estás haciendo explícito, lo estás transmitiendo o lo disimulás muy bien. Pero si escribís “asepcion”, sos un hijo de puta.
Si te molesta el servicio de una empresa hay mejores maneras que la comodidad de tu asiento reclinable y acolchonado para escribirle a un pobre desgraciado que solamente maneja el Facebook. Y aquí empezamos a ahondar sobre la teoría del almacén, la gente piensa que le escribe al dueño de la empresa, al encargado de ventas, al que hace la tanda (casualmente nunca se encuentra en la empresa, si no en otra empresa que se la conoce mejor como “agencia de publicidad”), y al que barre los pisos cuando cierra el local.
Claro, que lo entienda la gente. ¡¿Con qué?! La vieja se te ensaña con la novela de las cinco y no para hasta que alguien la reporte por spam, bloquee y le manden la CIA para limpiarla. Ella va y te comenta, alguien le responde citándola y no obtiene respuesta. Ella va a otro lugar a comentar lo mismo, y el procedimiento se repite. Es más, le ofrecen la solución y ella ensañada con el problema jamás la va a leer, va a seguir expresando su descontento hasta que alguien le golpee la puerta de la casa y le diga “es por su bien”.
Si a vos te molesta el que fríe las hamburguesas en el local de McDonald’s de 18 y Ejido, porque lo encontraste con tu novia en el carrito del Estadio, a los chupones y con dos hamburguesas completas; no vas a solucionar tu problema escribiéndole al Facebook norteamericano de McDonald’s. Claro, que lo entienda la gente, él comentará, comentará, comentará, y comentará en contra de esa persona… Hasta que la naturaleza se encargue de hacerlo dormir sobre madera.
A ver si se entiende: si escribís en tu muro de Facebook, que no te gusta la opción “dar un toque”, Mark Zuckerberg no te va caer a tu casa a pedirte que seas su amigo y después solucionar el problema mientras se bajan una bolsa de bizcochos. Gil.
Pero bueno, a los niños no hay que cortarles la ilusión, dicen. Y la verdad es que veo mucha gente que jamás evolucionó del nivel “redacción de cómo pasaste el fin de semana largo” en 1° año de escuela. Está bueno eso de la evolución y que uno no nace sabiendo, primero te enseñan las letras, a escribirlas, a leerlas, a formar palabras, a conectarlas… Y por ahí se fue quedando durante 40, 50, o 60 años algunas personas. Y por eso les decía, a los niños es mejor no quitarles la ilusión. Si ven una foto de Forlán y le escriben a esa foto pensando que el propio Forlán leerá y contestará ese mensaje, dejemos que sigan viviendo con la ilusión de los Reyes Magos, porque para mucho más que cortar pastito no están.


Y bueno, si usted es una de esos que todavía no distingue que una foto no es esa persona en carne viva, y por ende esa persona que está congelada en la imagen no va a bajar los ojitos para leer la burrada que escribiste: escríbale a la empresa de comunicación de los uruguayos, aquí mismo, y quéjese todo lo que quiera.

Saber sin hablar


Ya sabrán que soy Chanchito, no es necesario aclararlo porque prácticamente soy el único que escribe en esta página que se está sumergiendo en una decadencia absoluta. Decadencia casi como la de Bella Vista, la diferencia es que nosotros lo admitimos, la similitud es que no abandonamos el barco.
Como la mayoría de las columnas en esta página, ésta también se trata de una experiencia de vida. Una de esas tantas que parecen guionadas para que se me aparezcan adelante. Como perrito que mueve la cola para salir a jugar, estas situaciones de vida me piden a gritos que las escriba.
Esta experiencia ocurrió en… Adivinen: un ómnibus. Pensándolo bien, no es que yo abuse con el tema ómnibus, es que uno vive tantas horas de su vida arriba de un transporte colectivo, que creo que estamos perdiendo horas y horas de vida en ellos, por eso comienzan a transcurrir cosas importantes.
Retomo el tema (mal hablaría de mí si no lo hiciera, cuando acabo de presentarlo como tema de la columna). Pasa que uno se cuelga en charlas de fútbol que tiene cerca, es algo natural, uno no puede evitar el bocadillo sabio que tantos años de fútbol me han dado; lo que pasa es que tenía lejos a los interlocutores.
El problema es cuando esa charla te engancha, pero te seguís resistiendo a participar, es una decisión tomada. Y la charla continúa, y vos estás a punto de reventar, ¡el tipo que está hablando no sabe una mierda de fútbol!
Es el tema que cualquier sabelopoco (¿inventé esa palabra?) toca cuando se dispone a remontar una charla que ya venía sin temas: Barcelona – Real Madrid. Palabras textuales: “y este Mourinho es lo que tiene… En las que duelen siempre le gana el Real al Barcelona”.
No miento, dijo eso. No estoy disfrazando lo que dijo. Dijo eso… Lo dijo. ¿Necesito agregar algo? Mejor no, me pondría violento.
Sigo tirando frases: “si Brasil y México juegan diez finales más, México no le vuelve a ganar”. A ver… ¿Hacia dónde va esa metáfora? Nunca entendí el propósito de ejemplificar con la exageración. Tá, se me dirá que la AUF anduvo cerca de fijar 10 o 15 finales según el derecho de ganar la tabla anual o dependiendo de la diferencia de goles en partidos de visitante los días feriados laborables. Pero en ningún otro caso de la historia de la humanidad se juegan diez partidos consecutivos que terminen comprobando esta probabilidad estadística que utilizan los pelotudos que quieren reafirmar su idea contraria a la realidad.
Sí, dije realidad, ¿y qué? La realidad es que México le ganó a Brasil, y punto. Esos otros diez partidos armalos vos y comprobá tu teoría.
Seamos francos (pero no dictadores), el tipo no sabía nada de lo que hablaba. Y no soy Psicólogo (ni soy nada) pero si yo hablo con alguien que… Eso, termina sus frases en “que…” es porque esa persona se quedó sin palabras. No hay vuelta de tuerca, no sabía qué más decir.
Y unos puntos suspensivos, que si existiera la mayúscula para las puntuaciones, serían unos puntos suspensivos así de grandes (así).
El exceso de adjetivos para remarcar la idea (también con unos puntos suspensivos así de grandes) es otro gran indicio de un pelotudo parlante. Un consejo: no agregues adjetivos, tu frase no va a ganar en valor, las personas que te rodean no se van a emocionar más con lo que decís. Es como los signos de exclamación, con uno solo alcanza, más de uno es de gil. Los adjetivos son para los relatores de fútbol o para los comentaristas que miran el fútbol de espalda (porque miran las repeticiones en el monitor, bueno, capaz que lo tienen de costado), porque tienen que rellenar eternos minutos vacíos. Tá, también los rellenan con “chistes” de pelados, de homosexuales, o de homosexuales pelados.
No solo que mi indignación comenzaba a ponerme de cachetes colorados por la presión que estaba levantando al escuchar a un idiota que levantaba su voz cuando creía tener la razón. Sí, gil, me di cuenta que cuando te tiraron el tema política hablabas bajito, y cuando la tirabas al córner para volver a hablar de fóbal volvías a levantar la voz. También levantabas la voz cuando hablabas de autos, pero sobre eso no me voy a remitir porque soy yo el que no sabe nada de autos. Hablo de un viaje interdepartamental, claro. ¿Qué te pensaste? ¿Qué soy de los que se duermen en el 143? Bastante tengo con las contracturas que me provoca la computadora, no soy suicida tampoco.
La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse.

Chanchito es alguien con potrero, con campito, con pelota de papel… Alguien con propiedad y autoridad para hablar de fútbol. Ahí se lo puede ver, reposando a la sombra después de perder un partido y tener que esperar por eso de “ganador sigue en cancha”.


Si no sos Eric Maximilian bajá ese brazo que se te va a acalambrar


Hola, como todos saben mi nombre es Chanchito y ya soy la sensación de este país, tengo que hacer espacio en mi agenda pero pronto coordinaré una entrevista en profundidad que me quiere hacer Carballo.
Mi gente lo dice, soy rock (o ruack, como le gusta decir a mi gente beia). Y no se equivoca, tengo mucho rock encima y muchos recitales arriba. Tantas noches de boliches, teatros o antros, me ha hecho sacar algunas conclusiones sobre un tema atrapante para algunas personas, e irritante para otras.
Quiero hablar sobre esos seres humanos que asisten a un espectáculo musical sin bajar nunca uno de sus brazos por sostener un celular. Ese celular prendido y en modo video. Sí, estoy hablando del gil que filma todo el recital.
En oportunidad de un festival de rock donde presenciaba a una banda que no era de mi total agrado, me encontré vecino a alguien que sí, y que además filmaba el recital. El señor ya entrado en años pero con grandes complejos de juventud, arengaba al resto de los mortales que estábamos cerca para que saltáramos y cantáramos los temas.
El típico ser humano que no puede ver a alguien quieto a su alrededor. En otras circunstancias, esta persona me merece muchísimo respeto. A ver, seamos claros, es el personaje que suele expresarse con un “¡vamo a cantar, putos!”, pero este ser siniestro no me merecía el mismo respeto. ¿Por qué? Porque filmaba todo el espectáculo, cual adolescente excitada por la presencia de Justin Bieber, no se detuvo jamás en su afán por filmar. “Detuvo” es simplemente una metáfora, ojalá –para sus intereses- hubiera logrado detenerse para obtener una imagen clara y enfocada, pero el hijo de puta no paraba de moverse por el pedo que tenía.
Se me ocurren tantas preguntas para hacerle a ese tipo de personas… ¿En realidad sienten que logran un buen video? ¿Llegan a su casa y se sientan a ver toda esa masa audiovisual con sonido saturado e imágenes movidas? ¿Luego de ver todo ese video espantoso se siguen sintiendo buenos camarógrafos? ¿No pasaron nunca por YouTube?
Además son una molestia irritante que termina desconcentrándote del espectáculo que pagaste para ver y que lo estás teniendo obstaculizado por un fenómeno que se la pasa todo el recital con un brazo arriba. Uno siempre sueña con que se desate un pogo demencial que termine volteándolos y aplastándolos. No quiero desearles que en ese mismo pogo una patota de gordos aplaste el celular, porque soy un conservador de los celulares, y no vengo a acá a promover la compra indiscriminada de celulares. Tengo un teclado adelante y por ende una responsabilidad social. Como yo tuve casi seis años el mismo aparato, defiendo mis ideas de la misma manera. ¡Liberen los auriculares!
Me fui de tema, como siempre. Es sorprendente el poder de ilusión que tienen estas personas, como la de un adolescente de 14 años que todavía espera regalo el Día del Niño.
Cuando esa persona es un “conocido” creo que uno tiene que intervenir. Hay que decirle qué es lo mejor para él, que lo sepa. “Mirá, no es por acá. Vos tenés familia, tenés a tus viejos, tenés tu esposa y tus hijos, enderezate botija”, hay que decirle. No me gustaría que a gente me vea en la calle y me señalen con dedo acusador, mirándome con ojos de “mirá, ahí va el primo del loquito que filma todo el recital”.
Prefiero ser señalado con un “ahí va el mediocre que todavía escribe en un blog y en facebook”.
Otro buen camino podría ser estar presentes en el momento en que se sienta a ver el video en su casa, o mejor aún, en ese momento donde, orgullosos de su obra maestra, te prestan el celular y te dicen, con los ojos brillosos de alegría, “mirá lo que filmé anoche”. Ese, o el otro, es un buen momento para decirle “esto es espantoso, no filmes nunca más en tu vida”.
Creo que lo más sano para estas personas con complejo de Sebastián Abreu (pero sin humo desprendido por los poros de la piel) o de Sergio Gorzy (pero sin… Bueno, todo eso que tiene Gorzy además de la cámara), podría ser algún tipo de condena.
No sé, por ejemplo en delitos similares como la violencia doméstica, se quieren implementar pulseras que detecten la presencia del agresor a cierta distancia; en estos individuos capaz que podríamos implementar algunas pulseras que apenas ingresen a un local de venta de celulares, el vendedor pueda identificarlo y tenga prohibido venderle un celular que filme.
Yo doy soluciones, porque como saben soy un servicio social. Y los voy dejando por acá, no tengo más ganas de escribir un fin de semana, tengo que salir a conquistar eso que los mortales le dicen Mundo.
La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse. 

No lo conocemos. Solamente queríamos ilustrar la columna con alguna imagen y googleamos “persona filmando con celular” y la segunda foto que salió fue ésta. Y la verdad… Tiene flor de cara del “gil que filma todo el recital”.

Mi libertad empieza cuando la del otro se baje del ómnibus


Hola, mi nombre es Chanchito y vuelvo por estos lados a escribir para esta prestigiosísima página. El tema de hoy: no hay tema, pero si una moraleja. ¿Qué querés, que te adelante la moraleja? Las moralejas van al final, botija. Y además no tengo ganas, la moraleja pensala vos.
Parecerá insistente, y lo es, pero vuelvo a escribir sobre cosas que suceden dentro de un transporte colectivo. La vigésima cuarta vez que escribimos sobre este tema, pero nunca repetimos nada (¿?).
Lo de hoy es una anécdota, algo que difícilmente se vuelva a repetir, y por eso vale la pena contárselo a ustedes. O eso espero, porque si este tipo de situaciones se vuelven a repetir, me va a entrar a dar miedito ya.
Ya en mi tercer viaje con el boleto de una hora. Sí, yo tengo una tarjeta mágica que meto hasta tres viajes dentro de una hora. Mañana tendremos que sufrir algún paro de ómnibus de último momento si alguien de algún sindicato del transporte llega a leer esto que estoy diciendo. Seguramente un paro en protesta por aumentos salariales a causa de las pérdidas que mi tarjeta electrónica les está provocando.
Les decía que subía a un ómnibus. Iba acompañado y esa persona se dirigía hacia el fondo, “acá adelante hay lugar” le dije, y nos sentamos donde sugerí. Apenas me siento ya comienzo a escuchar palabras que me llamaron la atención. “Te estás haciendo el vivo porque sos un pendejo. Sos un pendejo, ¿qué tendrás? ¿15 años?”, llegué a escuchar.
Continué escuchando eso que salía de lo normal, preparado mentalmente para que esa tensión se cortara a los pocos segundos en donde me dé cuenta que se trata de una simple broma entre amigos.
La discusión, o mejor dicho monólogo porque solo una persona se mantenía increpando a la otra, continuó. “Sos bien estúpido, si yo no tengo ganas de escuchar lo que vos estás escuchando ¿por qué no apagás eso o te ponés unos auriculares?”, continuaba diciendo el flaco mientras sonaba de fondo una cumbia villera en el celular del increpado.
Para hacer una mera descripción de los personajes: el increpante lucía barba y un cierto aspecto entre rockero y hippie, y no tenía cara de loco. El increpado era rapado, caravana, ropa deportiva y camiseta de Peñarol por debajo de la campera. No hacía frío pero ambos usaban campera, pero bueno, esto también es culpa de Vázquez Melo y sus pronósticos exagerados. Claro, él se ataja diciendo “yo les meto la alerta por las dudas, si les encajo ‘precipitaciones aisladas’ y después caen soretes de punta me cagan a pedos a mí”. Lo que no conoce este señor de los pingüinos es todo el drama, suspenso y desesperación que puede llegar a provocar en las personas carenciadas una vez que escuchan “alerta naranja”.
Me fui de tema, y me puse serio. Pero bueno, alguien lo tiene que hacer si los “meteorólogos” uruguayos no son serios.
El monólogo acusante continuaba, algún improperio también tenía lugar. El muchacho rapado jamás contestaba, el pibe continuaba con la típica mirada soberbia con la que transitan por la vida estos adolescentes de gorros fucsia.
La música, esa misma que suena cada vez que nos cruzamos un “plancha” (para mí no es sensación térmica, siempre escuchan el mismo tema o todas las cumbias “de lejos” suenan igual), no dejaba de sonar.
La discusión donde uno de los interlocutores solamente respondía con la cara, se calmó durante unos minutos. El muchacho de barba se habría cansado de hablarle a un cabecita rapada que no respondía.
Llegó el momento lógico donde uno de los dos tenía que bajarse, ese fue el “plancha”. El muchacho de barba se levantó de su asiento y continuó increpando al cabecita rapada. “Estás contaminando el ambiente, te voy a reventar. No me hagas ir hasta ahí, apagá eso o te voy a romper la cara, hijo de puta”, la tensión en este momento hacía que se empañen los vidrios del ómnibus y nuestros cuellos se contracturen por darnos vuelta a observar el espectáculo.
El de barba realizaba pequeños amagues para dirigirse hacia el rapado que solamente se limitaba a responder con la mirada. ¿Sería mudo? Es una alternativa, la otra que se maneja hoy en día es que todavía no aprendió a hablar, “recién arrancó con las vocales” dijo una fuente allegada al cabecita rapada.
El tránsito, los semáforos y la tensión reinante en el ómnibus hicieron que ese momento fuera eterno. Y en realidad un poco fue, porque demoró el ómnibus en llegar a la parada, no sé si por el tránsito, como les dije, o porque el chofer también se había dado vuelta a observar lo que pasaba. Como todos mirábamos hacia el mismo lugar, no puedo comprobarlo.
Lo cierto es que de tan eterno que se había vuelto ese episodio, apareció desde el asiento maternal una cámara de canal 4 para cubrir lo que pasaba. “¿Hincha de Peñarol de toda la vida?”, preguntó la incisiva periodista mientras el camarógrafo filmaba los afiches con reclamos sindicales dentro del coche.
El cabecita rapada jamás respondió, fuentes cercanas afirmaron el destino del mismo, aparentemente se habría ido a la casa, no sin antes pasar por el supermercado a comprarse una Coca de 600. “Estuvo media hora conectado al facebook y después se fue a dormir con su osito de peluche”, declaró una persona a Telenoche 4, que prefirió no ser identificada por miedo, a su propio hijo.
El muchacho de barba, ya triunfal en su asiento del ómnibus, comenzó una nueva discusión, esta vez con “la señora de adelante”.
Señora: No podés hablarle así, tenés que hablarle con buenos modales.
Barba: Hay que hablarle así, porque no entienden nada. Hoy escuchan música a todo volumen, y si hoy no los parás mañana salen con un chumbo y te encajan un tiro en la cabeza. Como son menores no van preso. Votá a Pedro. Ey, votálo a Ney.
Señora: (Confundida) Pero tenés que hablarle bien, no podés amenazarlo con pegarle.
Barba: No le iba a pegar, lo estaba asustando, yo no le tengo miedo. Porque si todos hacemos lo que queremos y escuchamos música a todo volumen, estamos creando una contaminación sonora gigante. Mirá cómo agarro los auriculares y yo escucho lo que quiero.
Señora: Ya sabemos, pero igual hay que hablarle con educación…
Barba: ¿Yo salgo de ocho horas de trabajar y tengo que escuchar lo que él quiere? No, y no le pegué nomás pa’ que aprenda.
Señora: Yo también vengo de trabajar…
Barba: Por eso, no puede ser que uno tenga que fumarse a cada uno que hace lo que se le antoje. Que respeten la libertad de los demás… Bla bla bla.
Señora: (Se llamó a silencio)
Barba: Porque si todos hacemos lo que queremos… Bla bla bla.
Señora: (Silencio sepulcral)
Fin de la discusión. Y aquí el fin de mi anécdota de ómnibus. Se me dirá que como anecdotario soy un vueltero bárbaro, pero uno tiene que reflejar todo lo que pasó, recuerden que soy un servicio social: yo vengo acá a hacerlos felices a ustedes. También me podrán decir que hoy estuve muy serio, lo desmiento, lo que pasa es que ustedes no tienen imaginación; si se imaginaran todo lo que les acabo de decir hubieran deseado estar en mi lugar con un pop y un refresco (como dijo una amiga de nuestra página de Facebook).
Me despido de todos ustedes, será hasta la próxima entrega de “las anécdotas de Chanchito en una ciudad con más locos que vendedores de manices”.

La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse.

Segunda aclaración: la camiseta de Peñarol era real, y no estoy queriendo sugerir nada. Si hubiera sido la camiseta de Nacional o la de Fénix habría dicho lo mismo. ¿Cómo comprobarlo? Hacete un café y sentate a leer esta página para comprobar que nos hemos burlado tanto de Peñarol como Nacional. Si no entendés esto, ¿qué hacés acá leyendo esto? Volvé a la Play o andá a ayudarle a tu vieja a limarse las uñas de las patas, así te da plata para comprarte una gorrita fucsia.

Este graffiti no lo hizo Chanchito. Tenemos sospechas de que los seguidores en Facebook ya se agruparon para salir a evangelizar el pueblo uruguayo con las sabias palabras de nuestro columnista estrella.

Volvió Fijatesipusolapuercus

Nos apoderamos de un canal de You Tube y ahora volvemos al ruedo. Sí, mucho tiempo después de la primera "amenaza" (aquí la primera "amenaza"), y como amenazador viene flojito nuestro tercer columnista, el enmascarado. Pensándolo bien, ¿quién de nosotros no está enmascarado? 
Son discusiones para otro momento, ahora los dejamos con la columna audiovisual de nuestro amenazador: Fijatesipusolapuercus.


Espero el que viene, este va lleno


Hola, mi nombre es Chanchito y vengo a hablar de uno de los temas del momento, después de los Juegos Olímpicos, los retazos que quedan del abanderado y que se dejan ver por algunos (o todos) periodistas deportivos en metáforas como “abanderado del mediocampo” o “Suárez: El abanderado uruguayo en el Mundo”, y toda esa perorata (pa’ mí era perolata, pero no me la reconoce el muy puto de Google). Les vengo a hablar de Cutcsa, y no vengo a robar como el otro que escribe, que ya mil veces habló de los transportes colectivos de nuestro país.
Como es sabido (ah, ¿no? Bueno, no soy periodista, si no sabías lo sabés acá) Cutcsa estaría interesado en “fundar” una aerolínea con las chatarras, digo aviones que quedaron ahí luego de que Pluna haya cagado fuego.
Desde mi lugar, mi rol, y mi valor como ciudadano de este país, quiero advertir algunas cosas. Sí, esta página me ha otorgado un rol social importante, soy un formador de opinión.
Como ya vinimos hablando en la semana vía Facebook (si pinchás en “Facebook” hasta podés entrar a nuestra página allí, podés unirte, comentar, provocar, insultar y hasta adueñarte de ella, como hice yo) hay problemáticas que ya la población comienza a discutir, y si no lo ha hecho, entonces nosotros fuimos los precursores.
Estoy dando vueltas, creo que me perdí. Espero que eso no le pase a las Aerolíneas Cutcsa porque marearía un poco a la gente, literalmente hablo.
Comencemos a citar las cosas que nos vamos a encontrar en los aviones. Como en cualquier aerolínea fundada por una empresa originariamente de ómnibus, vamos a tener los asientos maternales, para ancianos y para discapacitados. Básicamente los asientos que todos conocemos como “primera clase”. Ubicados entre el Guarda (si lo hubiere) y los demás asientos.
Dicho Guarda, cuando lo haya, cumplirá las funciones de azafata, indicando a los pasajeros las siguientes instrucciones: “señores pasajeros de este medio de transporte, tengan el bien de escuchar al Guarda, o sea: yo, quien les habla. A cargo de este bondi, digo avión, está el señor Washington Daniel Silva. Recordamos a todos los pasajeros a bordo de este coche, digo vuelo, que está terminantemente prohibido fumar, tomar mate y, por supuesto, hablarle o salivar al conductor. Corrijo: ni una ni otra, ni salivar ni hablarle al señor conductor. Corrijo: el señor piloto. Debajo de sus asientos podrán encontrar máscaras de oxígeno, si fuera necesario usarlas porque algún gil no respetó el semáforo o levantamos en peso a alguna vieja que se haya echado un pique hasta la cebra, donde allí comenzó a caminar cansinamente para simular estar moribunda. Perdón, me dicen que en esta ruta aérea no tocan ni semáforos ni cebra. ¡¿Qué papita la de los pilotos acá eh?! Perdón el desliz… Bueno, cómo les decía: disfruten su viaje y por favor, repito, por favor, no tomen mate a bordo, me molesta el ruidito que hacen cuando terminan”.
Largo el discurso, más de uno se bajó en el camino. Sí, es otra posibilidad que nos brinda una empresa de transporte colectivo urbano (cuánta palabra al pedo), la de bajarse en distintas paradas. Dependiendo del modelo de avión, podremos tener puertas en el medio o la clásica en la parte trasera del avión, además de adelante, por la que subimos y por la que siempre me pregunté si estaba permitido bajar, ya que siempre vi un cartel que decía “descender por la puerta trasera”. Me sentía un inmigrante ilegal de los descensos en transporte colectivo cada vez que me bajaba solito por la puerta de adelante. Sentía que todos me miraban… Sí, eso era cierto, eran las viejas sentadas adelante que me miraban intimidantemente para comprobar que no les iba a hurtar su asiento con la excusa de tener un pibe en brazos (eso fue un ejemplo, nunca llevé un bebé en brazos, pero siento que las viejas sienten profundo odio cada vez que ven subirse un padre con su niño a cuestas).
En la puerta trasera o en la del medio, podremos encontrar el siguiente cartelito:

(El paracaídas tiene otro cartelito con las correspondientes instrucciones de cómo usarlo, escritas evidentemente para ser leídas en un instante y poder aplicarlas de inmediato, o sea: en chino)
Hasta este punto, bajarse, está todo muy lindo. Ahora el problema será la implementación de las paradas en el espacio aéreo. Es bravo, no lo discuto. Pero bueno, la IM le encontrará la vuelta. Lo único que espero es que no prometan colocar un “contador” de cuánto falta para que pase el siguiente avión y terminen brindando el servicio solamente para usuarios de una compañía de celulares, para una sola empresa de ómnibus (esta misma), y encima a tres pesos el mensaje.
Ya existen reclamos de la población a cerca de una seguridad especial en las escaleras mecánicas que te llevan al avión. La gente que estará subiendo tranquilamente, dejándose llevar por la magia de la escalera mecánica, teme ser atropellado por señoras mayores que intentan colarse para conseguir asiento. En estos días se comenzó a juntar firmas para colocar dos o tres guardias de seguridad que ordenen el tránsito por esas escaleras. El temor de un caos está latente.
No voy a caer en chistes fáciles como “un pasito más al fondo que hay lugar” o “hagan doble fila, por favor, a ver ahí en el medio hay lugar libre”, “otro pasito más del lado del conductor”, o “a ver si le dan asiento a la señora con el nene”, o por qué no el clásico “¡hijo de puta! ¡¿No ves por dónde cruzás?!”.
Sonarán cumbias, Arjona y Los Pimpinela. Vilar por las mañanas y Petinatti por las tardes. Esas son las opciones que a uno le ofrecen ni bien se acomoda en el asiento no-reclinable del avión, proporcionándonos unos cómodos auriculares que con suerte funcionará uno de los dos, y para bajar el volumen habrá que darle duro porque se atraca.
Ni bien Cutcsa logre poblar el espacio aéreo con 121, 182 y 183, podremos encontrarnos con diferentes problemáticas en el tránsito. No sería raro que al señor piloto le moleste la maniobra de un Lain Chile y le termine arrimando el avión hasta quedar al lado, y entonces abrir la puerta para, mientras conduce, dirigir su mirada al piloto chileno y propinarle la correspondiente serie de improperios que culminarán con una invitación a bajarse a pelear en la que viene.
No pueden faltar los vendedores ambulantes de paracaídas truchos, medias y soquetes, chocolates Nikolo, bengalas fluo para parar el avión en la noche, o estuches para los documentos y la boletera.
A propósito de la boletera, Cutcsa nos brindará un servicio novedoso y muy práctico, el boleto de 12 horas. Con él usted podrá aprovechar para realizar más de un viaje en pocas horas, si tiene que ir a ver a su equipo de fútbol a la Argentina, podrá cómodamente realizarlo con un simple boleto de 12 horas. Podrá recorrer América en tan solo un día, o con dos boletos y un par de trasbordos estar en la otra punta del Mundo disfrutando las maravillas que no ofrece nuestro país. Todo esto con tan solo subirse al avión y decirle al Guarda “dame común” o “dame de 12 horas”.
Bueno amigos, después de todas estas novedades que les traje, es hora de despedirme y desearles lo mejor. Bon voyage.
La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse.

(Censuramos la Cédula de Identidad de Chanchito para preservar su intimidad). No pueden decir que esta imagen está trucada, la foto de Chanchito está manipulada y estirada como la de todos ustedes. 


“Seguí tus sueños” le dijo Cris Morena, y terminó dos años con prisión domiciliaria


Hola, mi nombre es Chanchito y quizás me recuerden por columnas tales como Chanchito no te censura o La columna de Chanchito (pinchando en cada columna hasta podés acceder a ellas, ¿lo que es la ciencia, no?). Hoy vengo a hablarles de los sueños. ¿De los sueños que tengo para el futuro en mi vida? No, ¿o te crees que soy Boris Cristoff? No soy el vejete sacado de una cámara de congelamiento y traído de siglos atrás que invitan a Punto Penal antes de cada clásico (es el Pulpo Paul uruguayo, pero no se muere).
Vengo a hablar de eso que te pasa cuando apoyás la cabeza en la almohada, de eso con lo que Freud se ganó unos pesos, de eso que no entendés ni recordás la mayoría de las veces, a pesar de que los expertos (en algo) te recomienden tener una libretita en la mesa de luz para anotar lo que soñaste apenas te levantás.
Yo no sigo a esos expertos. Pero sí recuerdo algunos sueños que me han marcado la vida de chancho que estoy llevando. Hace años, cuando todavía existía el fútbol los viernes de noche en este país (aprovecho el momento para solicitar a las máximas autoridades de este fútbol, que se aggiornaron un poco y ahora tienen página web que no parece un blog [con el máximo respeto que me merece blogspot, que te da más opciones para hacer algo presentable, no como lo que tenía la AUF anteriormente], para solicitar que se vuelva a jugar los viernes de noche; es cuestión de iluminar el Della Valle o el Parque Maracaná, y listo), me encontraba pegado a la radio escuchando un partido entre Racing y Rocha, si mal no recuerdo.
Sí, burguesito, antes no tenía televisión por cable. Pegado a la símil Spica, me encontraba acostado en la cama de mis padres escuchando el atrapante partido del fútbol uruguayo. Me dormí. Pegado a la almohada comencé a soñar un partido, soñé un par de goles, los visualicé, escuché su relato. Por estas cosas de la vida, el domingo a la noche me encuentro con el “show de goles del fútbol uruguayo” (momento que ansiaba y que rápidamente se me iba de las manos como agua entre los dedos, valga la redundancia pelotuda que acabo de efectuar), y cuando llegó el partido Racing-Rocha (no recuerdo bien si era Rocha, Racing era seguro), comienzo a ver los mismos goles de Pablo Islas que había soñado.
Me asusté. Tuve miedo. Me sentí solo. Lloré. Lo cierto es que ni Abel Duarte y sus “divagues” de la madrugada de domingo supieron explicar mi fenómeno metafísico. ¿Qué por qué no fui a un psiquiatra, psicólogo o psicoanalista? No tenía plata para cable y querés que tenga para un “cura-locos”…
Mi segundo sueño fue hace muy poco, días antes al Día de la Madre. Me encontraba en una situación irrepetible, yo comprándole algo a mi vieja, la chancha vieja. Sí, lo que estás pensando, soy tan rata que no suelo comprarle nada; pero tranquilos, es política familiar. En esa situación tan atípica me veía comprándole algo, la vendedora me ofrecía los métodos de pago (esto es bastante real, ¿no?), pero me preguntaba si quería pagarlo con la tarjeta “Women”, tarjeta que hasta en mis sueños desconocía. Sí, lo juro, y que estas escrituras funcionen como actas declaratorias: no conocía dicha tarjeta Women hasta el momento de mi sueño. Días después tampoco la conocía, días después me encuentro con el programa del 12 (Sonríe) y veo a Cecilia Bonino haciendo el chivo de dicha tarjeta. Lloré de nuevo.
Muchas interrogantes se abren ahora en mi cabeza: ¿publicidad en los sueños? ¿Están experimentando conmigo? ¿Las profecías de Futurama son ciertas? ¿Qué habré comido que me encajó el chip para hacerme conejillo de indias de las transnacionales?
Los voy dejando por acá, probablemente no me crean, probablemente están diciendo que enloquezco día a día (no lo descarten a eso), y probablemente me busquen para intentar localizar al que me la vendió. No, no consumo marihuana ni me la regaló un amigo, tampoco fue un presente que acepté de muy buen agrado.
Hasta la próxima, súbditos, digo amigos.
La responsabilidad de todos los conceptos vertidos es de Chanchito. “Fijate si puso la puerca” se deslinda absolutamente de toda demanda que pueda realizarse.

Captamos a Chanchito con su lujoso acolchado mientras reposaba en una siesta de tres horas y media. El cansancio de una larga jornada laboral (buscar trabajo en el Gallo o en otras páginas) lo llevó a apoyar la cabeza en su almohada turquesa. Soñando con un futuro mejor, con cambiar el mundo, con cepillarse los dientes y no sentir el cacho de asado entre las paletas; todavía no podemos entrar en los sueños de los demás, todavía…

Es su sombra la que buscan los valientes al morir


Este paisito siempre tiene un tema del momento, y si no es la marihuana del Pepe o los enfermeros de la Española, te discutimos sobre el abanderado de la Delegación Olímpica. Y no me vengan con que no, ahora nadie habla de otra cosa en la calle. Vas a cualquier lugar y una vieja te dice “¿y pa’ vos quién tiene que ser el embanderado? Pa’ mí que el Forlán este…”.
No estoy saliendo mucho a la calle pero me basta para opinar sobre el tema. La discusión se nos presentó como quién no quiere la cosa con la confirmación de que la delegación de fútbol desfilará al otro día de su partido debut. Colocando este hecho directamente en la excusa que van a presentar para jugar el segundo partido, “hay que recuperar a los jugadores del cansancio del desfile. Horas esperando para que les toque desfilar y sumale que el día anterior jugaron 90 minutos. Habrá rotación”.
Algunos quieren que el abanderado sea un deportista ajeno a la delegación futbolística, lo cual sería bastante tonto si estábamos esperando la confirmación de que esta delegación desfile o no. Se pensó en Rolín o Rolan (igual nadie se va dar cuenta), y mostrarles al Mundo que al final no somos racistas. Gelpi aparentemente queda descartado porque se requiere llevar la bandera entre las manos, y no tiene. Hay miedo de que Campaña se agarre a palazos con el mástil si alguno no le cae bien.
El Mundo obviamente no se preocupa por estas cosas y nadie colocaría a un futbolista como abanderado. Por razones obvias, en la escuela y en el liceo los encargados de dicho honor son los mejores alumnos. Notoriamente ningún futbolista llegó a abanderado.
Desde nuestro lugar queremos mencionar a nuestro candidato. Alguien que hace tiempo merece una distinción, alguien que con esfuerzo y trabajo logró grandes cosas. Alguien que pedaleando sale todos los días temprano a la mañana para repartir diarios: el Milton de los uruguayos, Milton Wynants señores.
Me dicen acá por la cucaracha que Wynants no compite en esta oportunidad. Bueno, mala decisión de los dirigentes, como siempre. Bauzá: renunciá ya.
Volviendo al tema que nos compete, creo que lo más sensato sería hacerlo como en la escuela, y es raro que alguien como el Maestro no lo haya propuesto antes. En mi escuela se nominaba a diez personas para la lista final, esa lista se sometería a votación.
La lista perfectamente puede ser hecha por el Maestro, ya que está, qué le cuesta volver un ratito. Y no sé, antes capaz convendría hacerles una prueba, de las capitales del país y alguna sobre la televisión argentina. Digo, para no exigirlos demasiado a estos cerebros maquinados para correr, pedalear, remar, o en su defecto cagarse a piñas.
Bueno, no les gustó mi idea. Y es verdad, probablemente esa votación después resulte injusta. O a último momento se baja de los Juegos Olímpicos uno de esos diez, y tiene que entrar, sin someterse a votación democrática, en el último lugar otro deportista. Sí, eso me pasó a mí en la escuela, quedé undécimo, por decirlo de alguna forma. Alguien que se sabía no continuaba al año siguiente en la escuela, fue sometido a votación. Ante su inminente salida de la escuela yo ocupé el último lugar y terminé como último escolta, el último de todo. Ante la promesa de que si salía la bandera argentina (sí, mi escuela pasaba a llamarse Repúblicaaaaargentina), yo iba a ser el abanderado. Por suerte nunca llegó, y hasta un día en que se desmanteló el plantel por faltas y enfermedades, ocupé la gloriosa bandera de los Treinta y Tres, esa que tenía el mástil más alto de todos y se complicaba para trasladar por la baja estatura del techo.
Me fui un poco de tema. Para cerrar les dejo la opinión que recogí de algunos famosos, a ver qué piensan sobre el abanderado uruguayo en estos Juegos Olímpicos que entran:
Ricardo Alarcón: Primero hay que ver si el abanderado no tiene contrato firmado con alguna bandera de otro país. Porque después te arman un circo mediático y aunque tengas gripe tenés que meterte en medio de un programa al que habías rechazado ir. Claro, también es Cultura Nacional criticar la Cultura Nacional, los agarré: son todos bolsos.
(Aparentemente la gripe al Presidente tricolor terminó de afectarlo definitivamente)
Juan Pedro Damiani: El proyecto del estadio propio es una realidad. ¿Perdón? Ah, el abanderado de los Juegos Olímpicos… Creo que debería ser el Cacha. Porque representa todo eso que tenemos los uruguayos, los peñarolenses: el esfuerzo, el sacrificio, el coraje. Además sería muy gracioso ver a un petiso con semejante bandera.
Alfredo Etchandy: En mi opinión el abanderado de la Delegación Olímpica Uruguaya para los Juegos Olímpicos de Londres 2012, que no solamente se van a jugar en Londres porque la Selección de fútbol también va jugar en Manchester por ejemplo, debería ser: Foglia.
Julio Ríos: Evidentemente se trata de una resolución que a priori no se puede tomar a mano alzada. Luego de que viniéramos repitiendo a lo largo y ancho, alto, bajo, en diagonal y en zigzag de la semana, es que se trata de un tema que no se ha manejado bien por parte de las autoridades a cargo, en este caso el Comité Olímpico Uruguayo. Habla de un mal manejo, de una desidia de quienes tienen que tomar este tipo de decisiones, que yo realmente no puedo entender cómo no se designó a la persona indicada tiempo atrás (…) El Comité Olímpico Internacional, a cargo de un pelado reconocido tardíamente como Maglione, no ha tenido la cintura que debería tener (…) Se han tirado varios nombres sobre la mesa como quién tira yerba cuando se está por cebar un mate (…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)(…)
Sergio Gorzy: ¡El abanderado tiene que ser mi amigo Luisito Suárez! ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá! ¡Uruguay nomá! ¡¡¡¡Uruguay nomá!!!!
Julio César Gard: Alejandro Silva
-Sonsol (se nos metió en la charla): ¡¿Cómo que Alejandro Silva?!
Julio César Gard: Sí, Alejandro Silva.
-Sonsol: ¡¿Pero cómo Alejandro Silva?! ¡Usté está loco!
El Gordo de la Colombe’: ¡El abanderado tiene que ser un jugador de Peñarol! ¡Peñarol Peñarol! Tiene que ser de la Colombe’, porque Peñarol va ir a la Colombe’… El abanderado tiene que ser de la Colombe’… Porque fijate que ¿quién ganó los Juego Olímpicos en Colombe’? ¡Peñarol, Peñarol! ¡Oh, dale Peñarol, Peñarol, Peñarol, dale Peñarol!
De buena fuente les traemos la imagen del pabellón que dirá presente en la ceremonia de inauguración en la que por ejemplo, tocará nuestro gran amigo de la Patria: Paul McCartney. Aparentemente las restricciones de UTE llegaron hasta este punto.